domingo, 26 de septiembre de 2010

Añoranzas en Pamplona


Cuando veo esta foto que tomé a traición en Pamplona, no puedo evitar empatizar con el señor de la boina. ¿Qué recuerdos tendrá de esa calle sesenta o setenta años antes? ¿Qué pensará de los que le miramos?

¿Cuántas veces habrá corrido ese señor los San Fermines? ¿Estará recordando a su primera novia? ¿Quizás esté pensando en el próximo partido del Osasuna contra el Real Madrid?

Cuando veo esa foto, siempre me pregunto la cantidad de recuerdos que se pueden guardar debajo de una boina y lo calentitos que se han de conservar...

sábado, 25 de septiembre de 2010

Cuando expuse en Bullas




Recuerdo esta exposición como algo muy bonito e inolvidable en mi incipiente trayectoria artística. Preparé este cartel, que no se llegó a necesitar. Hoy, mira tú por dónde, rebuscando en el baúl de los recuerdos, lo encontré.
He pensado en darle a posteriori el protagonismo que no llegó a disfrutar, por hache o por be, por aquella fechas.
No todos tenemos la suerte, de este cartel, en contar con una segunda oportunidad.
En la Casa de Cultura de Bullas, según me contaron ellas después, mis obras se entendieron muy bien con los espectadores. 
¡Qué bonito es exponer! Ojalá que pronto tenga otra ocasión para sacar mis cacharros del trastero. Parece que ya les veo con ganas de que les dé el aire.
A la entrada de la exposición coloqué esta bonita y sugerente frase del  fabuloso escritor portugués Fernando Pessoa: El único sentido oculto de las cosas es no tener sentido oculto.

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Rostros de Ronda (Málaga) España

miércoles, 22 de septiembre de 2010

¿Qué es eso?


Esa pregunta me la han formulado cientos de veces. No sé por qué la gente se empeña siempre en querer entenderlo todo. Nos viene como defecto de fabricación. En los entierros también es una de las frases más escuchadas... ¿Por qué él? ¡Con lo buena persona que era!...

Nos empeñamos en encontrarle el sentido a la vida , a la muerte y a todo lo que nos sucede, cuando todo es un sin sentido.

¿Quién carajo nos dio vela en este entierro?

Queremos conocer la vida, a las personas, a los animales y a las cosas. ¿Acaso el ser humano está predestinado a buscar el significado de todos los porqués?

Pues yo no lo sé, lo reconozco, pero lo que si puedo asegurar es que somos unos jodidos preguntones desde bien chiquitos. Eso los que tenemos hijos lo sabemos.

Pero es que los mayores siguen preguntando y preguntando hasta que expiran.

Siempre que alguién ve mis collages o mis esculturas me preguntan: ¿Qué es eso? Yo les respondo que simplemente es una forma que se me atravesó por el cerebro en un momento, mientras me afeitaba o me comía un plátano. La gente no me cree. Prefieren que les diga que es una forma de dulces volúmenes, muy conceptual, cercana al minimalismo, inspiradaba en la naturaleza de un objeto cotidiano. Lo peor de todo es que hay gente a la que le gusta más la segunda respuesta... Queda como más intelectual, más cool.

En el fondo, lo que me gusta hacer es lo que me da la real gana. Lo que sea -o lo que otros crean que sea- me da exactamente igual. Lo mío es hacer. Los demás que pregunten.

domingo, 19 de septiembre de 2010

El demagogo


Esta mañana leyendo el diario El País, me he vuelto a sorprender por el acierto de un columnista llamado Juan Cruz quien, junto a Juan José Millás, Antonio Gala y el fallecido Francisco Umbral, nutre la nómina de mis más admirados referentes ideológicos.

En esta ocasión Juan Cruz reflexiona sobre la demagogia de una manera impecable, lo que me ha llevado a pensar en el habitual uso y abuso que la sociedad le está dando al asunto. Le estamos cogiendo gusto a la cosa. La demagogia está de moda. Habita con naturalidad entre nosotros, como un parásito que no nos molestara mientras nos chupa la sangre detrás de la oreja.

He teorizado, modestamente, sobre cómo explicar a la galería qué es un demagogo, y he llegado a la conclusión de que demagogo es aquel que tiene la habilidad de decir lo que la gente quiere escuchar en cada momento y, a la postre, él nunca hace lo que se se supone que debe de hacer.

sábado, 18 de septiembre de 2010

El grifo de las ideas


Este collage del 2008 me estaba llamando desde hacía días, aunque aún no sé muy bien por qué. Bajé las escaleras, abrí la puerta, encendí la luz, me dirigí al cajón, rebusqué entre cientos de collages de diferentes tamaños y, cuando ya me creía incapaz de encontrarlo, apareció.

Me pareció ver cómo la calavera, al agarrarla para sacarla a la luz, me guiñaba un ojo. Recuerdo ahora, como si fuera ayer, aquel momento incontrolable de inspiración que me llevó a pegarle a traición, un grifo en todo lo alto, por motivos que no puedo explicarme. Desde entonces lo sufre en silencio, como suelen hacer los que padecen de hemorroides.

Yo le he dicho una y mil veces que no se ve mal. Ella me reclama no estar conforme con su estilismo y, de vez en cuando, mientras duermo, se me aparece maldiciéndome para vengarse.

Quiere -la muy presumida- que le cambie el grifo por una corona de oro y brillantes, alegando que en vida fue una personalidad de la nobleza y que no merece ese trato. A veces discutimos. Yo le digo que estoy harto de sus fanfarronerías y que no se queje tanto, que podría haber sido mucho peor. Podría haberle pegado un hacha o una ensaimada mallorquina, que le hubiera dado un toque aún más surrealista. Le alego que se ve muy interesante representando el valor incalculable que tienen las ideas, pero ella se empeña en que no quiere intangibles. Quiere realidades. Entre imaginar un Ferrari y tener que hacerlo, prefiere que se lo den llave en mano.

Me ha salido muy materialista esta calavera. Si lo llego a saber le doy el gusto. A mí me hubiera dado lo mismo pegarle una corona que un grifo (la diferencia en el costo del pegamento no me hubiese llevado a la ruina), pero ahora, por no ceder, la dejaré sufriendo hasta la eternidad.

Quizás esta relación me haga sentir como William Shakespeare. Ser o no ser. No todo el mundo tiene la suerte de contar con una calavera con la que discutir.

Caravaca de la Cruz











Caravaca de la Vera Cruz, rezuma historia y leyenda por los cuatro costados, a escasamente cuarenta minutos de distancia de Murcia capital. Llegamos a ella atravesando paisajes desérticos y sierras repobladas. Baños árabes o quién sabe si romanos. Muchos almendros, que cuando florecen lo inundan todo de un color blanco y rosa, único de contemplar. Pasamos Mula y dejamos a un lado Bullas y Cehegín, ciudades todas ellas ligadas a la historia de nuestras raíces más profundas, en las que íberos, romanos, árabes, judíos y cristianos fueron cimentando el carácter y el sentir de los que hoy nos definimos como murcianos.

Es Caravaca ciudad santa que goza de privilegios papales desde tiempo inmemorial, que fue ciudad templaria y mística donde las haya.
La Cruz de Caravaca se guarda a un lado del altar, en una pequeña capilla que encontramos en su santuario fortaleza, donde un flujo incesante de peregrinos- creyentes y curiosos- no cesa de visitarla, acrecentando de ese modo, su popularidad y su veneración.




Quizás en Caravaca, queda reflejada esa histórica simbiosis, entre el poder y la religión. La espada y la cruz. El santuario y el castillo.
Caravaca acoge al visitante con el frescor de sus callejuelas milenarias, con sus típicas yemas -dulces a base de huevo y azucar- y una rica y variada gastronomía, a caballo entre lo murciano, lo andaluz y lo manchego.
Su fiesta más popular, los Caballos del Vino , son una preciosa tradición, donde los animales y los caballistas, compiten en la subida al santuario. Los caballos van ataviados con unos preciosos mantos bordados con seda y oro, cuyo valor supera con creces al del propio animal.
Si deciden venir a Caravaca -a recibir el jubileo- o a ejercer de turista con bermudas, mejor háganlo en mayo, así el disfrute será completo. Antes de marcharse, no dejen de visitar uno de sus parajes más románticos: Las Fuentes del Marqués.








martes, 14 de septiembre de 2010

Lodos, baños y sol







La salud es lo importante. Normalmente lo recordamos cuando nos afecta cualquier dolencia. Sin embargo, cuando abusamos del sedentarismo, de la comida, del alcohol, del tabaco, o del sexo*, no nos paramos a evaluar las consecuencias, y le damos a todo sin contemplaciones.



Cuando nos vamos haciendo mayores, vamos buscando todo tipo de remedios para sentirnos mejor. Pócimas maravillosas, ungüentos magistrales, dietas milagro, baños curativos, barros revitalizantes,etc,etc.



En ocasiones, estos placebos, vienen acompañados de rimbombantes protocolos y rituales, de horarios, fechas señaladas, que dotan al intento, de mayor credibilidad y protagonismo.



En San Pedro del Pinatar, una bonita población murciana a orillas del Mar Menor, cientos de personas cada día intentan mejorar la salud a base de aplicarse el cieno que sacan del fondo de las charcas de las salinas. Se lo aplican en las zonas afectadas. Algunas personas consultadas, declarán sin ningún margen de duda, que estos lodos, mejoran ostensiblemente las dolencias reumáticas y artríticas, aunque según parece, algunas personas se lo aplican desde la cabeza a los pies. Estos últimos deben estar hechos mierda, ya que no parecen tener ningún órgano del que se sientan orgullosos.



Yo no se si el lodo les aliviará sus dolencias, pero lo que si puedo certificar, es que una vez que se quitan el lodo -bañandose en las tranquilas aguas del Mar Menor- se dirigen a los típicos restaurantes de la zona, donde entre dorada a la espalda y lúbina a la sal, se meten una botella de tinto de Jumilla, que si no cura, al menos hace que nos olvidemos del reuma y del nombre de nuestra suegra.



Precisamente ayer, me tropecé con dos matrimonios de jubilados de Madrid que salían de un restaurante. Me llamó la atención lo colorados que iban, pero sobre todo la canción que cantaban, ya que hace muchos años que no la escuchaba... decía así:



-El vino que tiene Asunción, no es blanco ni es tinto ni tiene color....



-Asunción, Asunción, echalé vino tinto al porrón¡¡¡¡ Hip, hip, ...






No les dolía nada a ninguno de los cuatro.



Yo cuando me jubile -si algún dia lo consigo- iré a embarrarme de la cabeza a los pies.






*Según un estudio de la OMS (Organización Mundial de la Salud) el sexo comienza a provocar problemas físicos, cuando lo prácticamos más de tres veces diarias durante veinte años seguidos. Ese mismo informe recomienda, que los siguientes veinte años se rebajen las prácticas a dos diarias.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Como la curva de una ola
















Hoy he vuelto a las imágenes como el que vuelve a casa por navidad. He querido retomar otro de mis eternos lenguajes, el collage. Me apasiona la capacidad que tienen unas simples tijeras y un poco de pegamento para acercarme al fascinante mundo de la creación. En el collage, encontré la razón y el camino perfecto para no frenarme en la expresión plástica por falta de técnica. Después, desde ese humilde y personal descubrimiento, comencé a pegar y pegar, dándome cuenta de que soy: De pedigrí gamberro.
Tengo miles de ellos, en hojas sueltas, en cuadernos y en cajones. Éste que asomo hoy a esta pequeña ventanita hacia el mundo, es el último. Estos trabajos están incluidos en él. Espero vuestra opinión.
Si no os gustan, como diría un argentino, siempre estoy a tiempo de meterme las tijeras y el pegamento por el "orto".
Yo era así: como la curva de una ola. Ese es su sugerente título.

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¡Que siempre se imponga la paz!

jueves, 9 de septiembre de 2010

Coger por coger


Todavía sigo enganchado a mi última visita a México. Pensando y repasando todo lo acontecido, a nivel laboral y personal. Me dejó meditabundo una minúscula pintada que leí cuando fuí a evacuar al water en el aeropuerto de Benito Juárez.

La leyenda decía así " me ando cogiendo a Judith de Dufry". Me descolocó.

Había leído anteriormente, algunas como "me ando cogiendo a tu mamá" o "a tu novia", pero a Judith de Dufry, nunca.

Estos días he buscado por tierra, mar y aire, información relativa a esta mujer, pero no he encontrado nada ni en Facebook ni en la Wikipedia. También busqué en las revistas "Hello" y "Cosmopolitan", por lo que, descartado que fuera una celebrity, he llegado a la conclusión de que esta chica, a pesar del aristocrático nombre, es una simple mortal, que posiblemente trabaje de teibolera en cualquier antro, y el hecho de cogerla tan solo haya sido un intercambio estipulado de fluídos, ayes y otros gémidos de ficción.

Tan solo usando mi sentido común,deduzco, que el escribiente, debe de tener una autoestima muy reducida, cuando se ve en la necesidad de interrumpir la tranquila defecación de los estresados viajeros, exhibiendo sus dotes de cogelón de retrete.

Y es qué, ni cagando, le deján a uno tranquilo.


"Judith te mereces algo mejor

que un grafitero de tocador"

martes, 7 de septiembre de 2010

La muerte festiva


La muerte es vista por muchas personas como algo tétrico, le tienen un miedo atroz. Por el contrario, algunas personas lo ven como algo inevitable e impredecible, como el mismo hecho de venir al mundo. Venimos sin saber ni cómo ni por qué, y nos despedimos de la misma forma.

En México por el contrario, la muerte tiene un lado lúdico y festivo. Los cementerios, allí llamados "panteones", se llenan de color, de música y de comida. Se celebran incontables festejos a lo largo y ancho de toda la basta geografía de aquel maravilloso país, siendo las más afamadas La noche de muertos de Pátzcuaro y la de Oaxaca que verdaderamente son impresionantes.

Por estas fechas, ya comienzan a montarse por todos los lugares, altares donde se ofrendan a los difuntos, todo tipo de alimentos y bebidas, junto a imagenes de santos, virgenes y crucifijos.

No hay restaurante, oficina, jardin o casa que se precie que no cuente con su altar.

Aquí, al otro lado del charco, la cosa es bastante distinta. Recuerdo los días de muertos, como algo muy misterioso. De niño pasaba mucho miedo, cuando mi abuela encendía lámparas de aceite. Toda la noche se quedaban encendidas y al día siguiente ibamos al cementerio a depositar unas flores a mi abuelo y especialmente a mi primo Salvica, que tristemente murió ahogado en una acequía, como muchos niños en la huerta de Murcia por aquella época.

Luego mi padre, regaba de vino toda la lápida de mi abuelo. El resto de la garrafa, lo depositaba en los floreros. Al parecer, era una promesa que le hizó a mi abuelo Antonio, al que siempre recuerdo con traje oscuro y un sombrero.

La cruda realidad de la muerte llegó a mi vida por primera vez de la mano de una vecinita, que vivía enfrente de mi casa. Yo estaba platónicamente enamorado de su hermana menor, a la que enviaba cartas de amor por debajo de su puerta, yo tendría como seis o siete años. Pero aquel día que se fue de excursión a las bodegas de vino de Jumilla, no regresó. Cayó dentro de una gran cuba de vino en fermentación y la pobre niña se ahogó, en la que siempre he pensado como una muerte horrible. La niña se llamaba Chari, yo era muy amigo de su hermano Paco. Mí enamorada recuerdo que se llamaba Maria del Mar. La imagen de la niña amortajada, siempre ha formado parte de mis peores pesadillas.

Pronto, aquí en Murcia, en la plaza de San Pedro, se instalarán los puestos de dulces típicos del día de difuntos, como los huesos de santo, y el arrope y calabazate, se llenará el cementerio, que durante todo el año siempre se encuentra desierto, y los floristas harán su agosto.

Después, hasta el año siguiente no nos volveremos a acordar de ellos.

A las chicas de mi oficina les traje estas "calacas" mexicanas, espero que les gusten.

Así es la vida, y así es la muerte.

lunes, 6 de septiembre de 2010

El Panteón Taurino







En la ciudad méxicana de León, en el estado de Guanajuato, existe un restaurante con ese nombre, que rinde homenaje, a los toreros fallecidos en acto de servicio en las plazas mexicanas y españolas. Las mesas son las lápidas de sus tumbas, donde viene reflejada la fecha de nacimiento, la fecha del deceso, el nombre del morlaco que lo empitonó, y la plaza de toros donde pegó su último y definitivo capotazo.



En una pared, el listado de los toreros mexicanos, en el otro , el listado de los españoles. En la zona alta una colección de cabezotas disecadas, con unos cuernos tan grandes, que como en un temblor, alguna se venga abajo, algún camarero o cliente terminará empitonado sin haber siquiera tomado la alternativa.



También hay carteles de feria, fotos de grandes faenas, toreros haciendo el paseíllo y una interesante colección de trajes de luces -algunas de ellas fundidas- en varios de los colores más característicos.



Pero este no es un lugar para el recogimiento, sino más bien todo lo contrario. Los meseros se convierten en improvisados animadores, que intentarán siempre sorprender al visitante. En cualquier momento puede aparecer un toro acompañado de su vaca, a los que hay que torear.



Los mariachis animan con su canciones, y en las pantallas, de forma continuada, ofrecen videos de humor para completar una velada divertida, acompañado de platillos típicos mexicanos, y todo el tequila que te puedas tomar.



En la fotografía una turista tomando su alternativa, y otro sufriendo un intento de violación por parte del toro. Este local bien merece una visita, por la atención de su personal y por su originalidad.



A mi los toros no me gustan, pero lo pase genial.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Las momias de Guanajuato











Ahora sí. Por fin. Tantos años queriendo ir a conocer a las momias de Guanajuato y ya llegó el momento. Hacía fresquito en la mañana. Entre túnel y túnel, llegamos a la ciudad mexicana de Guanajuato, ciudad bonita donde las haya, por algo ostenta el título de Ciudad Patrimonio de la Humanidad, y no es para menos. Bulliciosa y juvenil, tiene una famosa y bien conservada universidad. Sus calles se inundan por el color de las mercancias que salen a rebosar de las incontambles tiendas y puestos callejeros, esperando las compras impulsivas de miles de turistas que forman parte del impresionante decorado urbano. Casi todos ellos a buen seguro, no dejarán de llevarse algunos de los cientos de souvenirs relacionados con las momias, que junto con la impresionante belleza de la ciudad, conforman su principal reclamo turístico.




Poco más de tres euros pagué por la entrada. Nos enganchamos rapídamente a un guía, que iba explicando con todo lujo de detalles, más o menos fidedignos la historia de los finados y el porqué de su misteriosa conservación. Todos los asistentes escuchabamos con mayor atención conforme la información se tornaba más macabra. Los humanos somos así, nos gusta mucho el morbo. Así que la mujer que fue enterrada viva, la madre que murio de parto y esta juntito a su hijito que nunca alcanzó a vivir, pero que sin proponérselo disfruta del título mundial de ser la momia más pequeña del mundo y ser fotografíado cientos del veces al día, sin recibir un euro de derechos de autor, hacían las delicias de los visitantes. Así es la vida, unos nacen con estrella, otros nacen estrellados y otros... ¡ní nacen buey!




Ya a la salida, nos despiden unas cuantas momías de pie, como haciéndonos el paseíllo. Lo que más me molestó fué el señor de la foto, que no cesaba de mirar, con mala educación, la abertura del pantalón del "Momio", a quién alguíen descaradamente, debió quitarle el cinturon, y ahora lleva toda la eternidad, soportando como se le van cayendo los pantalones, ante la mirada de todos los mirones del mundo.




Eso me recordó algo que siempre me decían a mí de pequeñito cuando me veían con la bragueta abierta:




-¿Comó te llamas?




-Pancho Pilila.




-Pues abrochate la bragueta que se te ve el apellido.








En Guanajuato no dejen de perderse por sus callejones, especialmente por el Callejón del Beso, donde por unas monedas, le repetirán como autómatas, la leyenda de Doña Ana y Don Carlos. Si van con pareja ya saben, en el tercer escalón, que está pintado de rojo, bésense apasionadamente y por arte de birlibirloque, tendrán asegurados quince años de puro amor.




Así es Guanajuato, historias, leyendas, magía y fantasía.