viernes, 31 de agosto de 2012

Autorretrato con lluvia


Hace unos cuantos días me tiré esta foto en Guimaraes. Llovía, tal como hoy, un chaparrón gracioso que limpió las calles y aportó frescura a la visita por aquellas viejas callejuelas empedradas. Sin saber ni cómo ni por qué me tomé esta fotografía a modo de autorretrato que hoy tengo el atrevimiento de mostrar al mundo. 
El autorretrato es un género artístico muy exigente y profundo, que no he prodigado demasiado porque siempre he sido un hombre de gran belleza interior y muy simpático, lo que equivale a decir, poco más o menos, que soy más feo que pegarle a un padre. Uno puede pretender mostrarse tal como se ve o tal como le gustaría que le vieran. En mi caso, no hay trampa ni cartón. Así soy yo cuando estoy de vacaciones, otra persona totalmente distinta de quien ahora les escribe, victima de la depresión postvacacional y aturdido por una avalancha de quehaceres cuando mi body se había adecuado, perfectamente y sin ningún esfuerzo, a la más exquisita y continuada vagancia.
La lluvia es algo así como una ducha suave de nostalgía. Como un orín del cielo por aspersión. Como un maná para los campos o como una limpiadora cachonda a tiempo parcial, que viene a trabajar cuando le da la gana, pero que, por lo buena que está, no la despedimos nunca.
Que venga el agua como quiera y cuando quiera, pero que venga. Que nos moje, que nos inunde, que nos deje cara de tontos contemplativos en las fotos, pero que no nos abandone por mucho tiempo, ya que, en su ausencia, nos quedamos secos como un esparto y nos huelen los sobacos y los pinreles. 
En el autorretrato, si te ves feo, te jodes. Total: ¿A quién te vas a quejar, si lo has hecho tú mismo?
La próxima vez que me dé por hacerme un autorretrato me voy a preparar a conciencia y con  mucha antelación, como si me fuera a presentar a un examen. También pienso tomar clases de pose, modelaje y hasta un curso express de fotografía.
Mi hija Yolanda que tiene 17 años y mi sobrina Paula que tiene 11 son unas  auténticas expertas en el difícil género del autorretrato. Se fotografían, ellas solas, en multitud de poses acrobáticos algunos de los cuales serían dignos de representarse en el prestigioso Circo del Sol. Lo hacen con la máxima naturalidad y las cuelgan ifso facto en su página de facebook o tuenti. Yo me rasgo las vestiduras por colgar esta fotico en mi blog. Me rebano los sesos con argumentos inverosímiles para justificarlo, desde un punto de vista intelectual, cuando en el fondo, lo hago porque me sale de las narices.
Quisiera sentir la libertad para jugar, para gritar, para pelearme, o para hacerme autorretratos cada vez que me diera la gana sin sentir ningún pudor como cuando era niño.
Quizás por ello, anoche en pleno aguacero, sin poder contenerme, me lancé desnudo al patio y me acosté boca arriba en el suelo bajo la incesante lluvia. El agua comenzó a calarme poco a poco. Luego apretó y sentí incluso dolor en mis ojos al recibir el impacto de unas gotas cada vez más grandes y violentas. Los relámpagos y los truenos ponían luz y sonido a la improvisada performance. El agua del cielo corría sin control sobre mi cuerpo serrano hasta que comencé a sentir frío. Anoche, durante esa primera cabañuela estival, me volví a trasformar, por un rato, en el niño que fui; un niño de casi 45 años que, como tal, sube fotos alegremente a su blog.
No sé qué pasa que, de un tiempo a esta parte, los niños nunca nos hacemos viejos.

sábado, 25 de agosto de 2012

Otro veranito que se acaba


De pequeño me encantaba comer monas con chocolate. El capricho me costaba una moneda gorda de dos pesetas y media con el careto de Franco, que yo financiaba, ilegalmente, gracias al monedero de mi madre.
Lo peor de aquel capricho infantil no era la apropiación indebida de los caudales familiares, que yo me agenciaba en los descuidos de mi progenitora; no, amigos, lo peor era el trauma que sufría cuando, en lo mejor de la ingesta, incomprensiblemente, aquellos manjares desaparecían  de entre mis manos y yo quedaba sumido en una extraña depresión. ¿Por qué desaparecía la mona? ¿Adónde coño se iban las monas? ¿Tal vez a Gibraltar?
Hoy, cuando a penas si faltan unas pocas horas para volver al trabajo, me vuelvo a sentir igual. Siento que el verano me ha desaparecido de entre las manos y que su financiación, sino ilegal, puede haber sido una inversión de dudosa rentabilidad a corto plazo y hasta éticamente cuestionable.
Me siento igual porque, en lo mejor del disfrute, en pleno éxtasis vacacional, tengo que comenzar a ordenar mi mente, aclarar mis ideas y alinearlas en la dirección laboral, dejando atrás, un año más, al paraíso terrenal y, esto, para mí, no sé si también para ustedes, es una jodida disyuntiva.¡Vamos, una putada hablando en plata!
¿Por qué se habrán consumido tan rápido mis vacaciones? ¿Qué he hecho yo para merecer esto? ¿Quedaran monas tan monas en Gibraltar?
En las guerras, las vacaciones llevan el nombre de tregua. Nunca he disfrutado de una tregua real, por el simple y maravilloso hecho de que nunca he ido a la guerra. Bueno, lo que entendemos como guerra en plan militar con bombazos, gente con las tripas fuera en plena calle, y eso. La guerra financiera sí. Esa sí  que la estamos sufriendo, aunque hay mucha gente que parece ignorarla. Nadie tiene muy claro quien es enemigo y quien no.
La gente, este verano en los chiringuitos, tampoco parecía tenerlo demasiado claro:
-Oiga, caballero, me permite que le robe un minuto de su asueto estival: ¿Sabe usted que estamos viviendo una guerra no declarada? -le pregunté a un tipo estándar con un micrófono de mentirijilla.
-Sí,claro que lo sé. Yo estoy en guerra con mi mujer. Ayer no me dejó entrar a casa porque llegué un poco tarde y no es para tanto. Hacía mucho que no veía a esos amiguetes y nos fuimos a recordar viejos tiempos. Luego te lías, que si  una copita, que si dos, que si tres, y tal y tal -¿Tú me entiendes, verdad? -dijo el veraneante.
Después, para conocer más opiniones, y cumpliendo a raja tabla la ley de paridad, entrevisté a una señora en otro chiringuito de la misma playa. La dama en cuestión estaba sentada en la barra ataviada con un pareo blanco muy sexy, que destacaba más, si cabe, sobre una piel morena achicharrada por el sol. De esa guisa, se estaba tomando un Martini con unas gambitas a la plancha.
-¿Me permite unas preguntas para la prensa cibernética? -le requerí con mi falso micrófono en la mano.
-Claro, guapo, lo que tú quieras. A ver si tú eres más decidido que esos babosos que nada más que saben mirar...-me respondió la mujer con una sonrisa turbadora.
-¿Sabe usted que estamos en guerra? -le pregunté muy serio.
-¡Claro que sí! Yo desde anoche que mandé a mi marido a la mierda estoy en guerra. Así que tú y yo podríamos tomarnos unos martinis y darnos un bañito que el agua está riquísima. ¿Qué te parece, reportero? -me propuso la veraneante.
-Lo siento en el alma, pero no puedo beber alcohol en acto de servicio -le dije para intentar disuadirla de sus calenturientas intenciones.
-Pues yo te espero a que termines. No tengo prisa ninguna, guapo. Además lo bueno siempre se hace esperar, jajaja -me respondió la rubia a carcajadas.
Esta guerra financiera, como se puede apreciar en este reportaje que he desarrollado en exclusiva para este blog, es una guerra de difícil comprensión.
La gente o no se entera o no quiere enterarse. Todo el mundo sigue a lo suyo, en una especie de huida hacia adelante y con tapones en las orejas.
Estas vacaciones me han sabido mejor, quizás por el hecho de sentirlas como una tregua. Así qué, una vez repuestas las fuerzas, haberme curado las heridas y replanteado mis nuevas estrategias, con permiso de ustedes que tan amablemente me leen, -si es que alguien me lee, por cierto- voy a limpiar mis armas, que ya me van haciendo falta para la reentré. De nuevo nos llaman a filas.
¿Hay alguien ahí?

lunes, 20 de agosto de 2012

El mar de oro


Hace algún tiempo, cuando aún las personas cubrían su cuerpo con pieles de animales y bastos tejidos de origen vegetal y las aguas de los ríos y los mares eran tan limpias como el aire que se respiraba; una joven, hija del brujo más influyente de aquellos bastos territorios, tan avara y ambiciosa como bella, no conforme con conquistar a un sinfín de hombres de alta alcurnia, a los que entregaba sus favores a cambio de joyas de oro y deuda soberana a noventa días, fue al encuentro de un viejo brujo que su propio padre, desde hacía muchos años, mantenía encerrado en una lúgubre y húmeda mazmorra.
La joven había escuchado comentarios que hacían referencia a que el prisionero conocía el paradero de un Mar de Oro. Un mítico mar que su pueblo había rechazado por considerarlo maldito y perverso. Se decía de él que tenía la capacidad de atraer a hombres y mujeres y hacerles perder la razón. Pero eso, a ella, no le parecía suficiente argumento como para no ir en su busca.
Engañando a los centinelas que lo custodiaban, consiguió llegar a la gruta donde tenían al brujo maldito encerrado. Este había perdido la vista después de permanecer tanto tiempo en unas condiciones horribles de salubridad, pésima alimentación y permanente oscuridad. La prisión no cumplía las mínimas normas de seguridad e higiene y tenía abierto un expediente administrativo que dormía en algún cajón de palacio lleno de termitas.
Desde el otro lado de unos gruesos barrotes de hierro, ella lo llamó.
-¡Rajoy, Rajoy! ¿Estas ahí? -le preguntó ella.
-Sí amiga, has tenido suerte, acabo de llegar de Mercadona de hacer la compra de la semana. Como sabrás, por los recortes, nos han retirado el catering y ahora tenemos que costearnos nuestra alimentación -respondió él, un tanto alicaído.
-Te noto muy triste y desaliñado -exclamó ella.
-Claro amiga, es de usar tanto tiempo esas dichosas marcas blancas, ya no encuentro el atún Calvo por ningún lado -le explicó el brujo desmotivado.
-Le diré a mi padre que te levante el castigo de comprar en Mercadona y te enviaremos, a diario, las sobras de la comida de palacio -le dijo ella para consolarlo.
-No amiga, mil gracias, mejor sigo con las marcas blancas. Lo de comer basura lo llevo muy mal, me da mucha acidez y me hace perder el equilibrio cuando estoy levitando. Así que, niña hermosa, déjalo estar. Se agradece la intención ¡Eh!. Pero dime joven princesa: ¿Siempre llevas esos escotes que quitan el sentido? -Le preguntó el brujo.
-¿Pero usted no estaba ciego? -exclamó la joven.
-¡Hostias, si esas tetazas no hacen ver a un ciego y hablar a un mudo que venga Zeus y lo vea! ¿Nunca has escuchado que dos buenas tetas tiran más que cien carretas? -le comentó el viejo.
-Sí, eso sí lo tengo claro, con ellas consigo todo lo que quiero. Desde jovencita he ido llenando cofres y cofres con todo tipo de joyas de oro. Pero, no se por qué, siempre me parece que no tengo suficiente, y: ¿Sabe usted? esto ya me genera una insatisfacción tremenda. De hecho, llevó meses sin llegar al orgasmo, de ahí, también, el motivo de mi visita -le explicó ella, concretando el tema.
-¿Entonces, qué es lo que quiere usted de mí, jovencita? -le inquirió el anciano con libidinosas expectativas.
-¿Qué me diga como puedo llegar al Mar del Oro? -le soltó de sopetón la  bella muchacha.
-¡Recorcholis, por todos los dioses del Olimpo! Estás como una puta cabra. ¿Tú tomas mucho sirope de arce, verdad? -dijo el brujo Rajoy.
-Sólo después de las comidas. Es que voy poco al baño. Ando un poco estreñida y como tengo alergia a los lácteos no puedo tomar Activia -reconoció la princesa.
-Como mi esposa Merkelel, antes de que nos separara tú padre, el muy cabronazo -respondió el anciano atusándose la barba y sacando la lengua.
-Ese es otro asunto. Si me ayudas te prometo la libertad -dijo ella con seguridad.
-Amiga mía. Ni tus tetas de Playboy te salvarían ante ese mar maldito.Todo aquel que  osa acercase a su orilla ya nunca regresa -explicó el barbas.
-Sigue por favor. Háblame de ese mar, cuéntamelo todo... -le pidió ella con ansiedad.
-Te lo contaré todo si te desnudas -le pidió Rajoy sacando con insistencia su lengua viperina.
-Nunca te han dicho que eres un viejo verde -le dijo ella mientras se quitaba su vestido rojo de Valentino.
-Me han dicho tantas cosas... pero mejor te cuento lo tuyo, bombón: 
Cuando acaba el reino Eurochupilandia giras a la derecha. Tendrás que atravesar un sendero de largo recorrido cubierto de hielo, hasta que te encuentres a un gigante con un solo ojo. No le hagas caso, esta disecado. Verás que se le trae un aire a Lenin, pero en tuerto. Después llegarás a un gran desierto donde te esperará una caravana con cien dromedarios desparasitados y un brujo beduino vestido de lagarterana; te recordará un poco a Gadafi en sus mejores tiempos, pero nada que ver, este es más normalito. Él te conducirá a la zona de intermediación que controlan unos cascos azules. Una vez allí tendrás que seducir al comandante del puesto para que te permita continuar. Es un señor obeso, con aliento fétido, que recuerda a un cerdo con uniforme, al que le gustan más las princesas que a un tonto un lápiz. A partir de ahí es cuando comienzan los problemas. Se dice que el mar es de oro líquido, denso como el mercurio. Siempre con un moderado oleaje cuya cadencia hipnotiza desde el mismo momento en el que se mira. En ese estado catatónico, el mar te irá atrayendo y atrayendo y atrayendo.. Hasta que se apoderará de ti y te tragará para siempre -lé contó el brujo.
-¿Ese es el mar que se ha tragado a tantos y tantos banqueros, especuladores y fondos de inversión?  -preguntó ella con cierta inocencia.
-Hija mía... ojalá y se hubiera tragado a todo ese ejercito de gentuza. La que ha de llevar cuidado has de ser tú -le aconsejó Rajoy en plan paternal mientras le miraba, con deleite, sus erectos pezones.
-¿Sabes qué te digo, viejo brujo? -le dijo la princesa mientras se ponía el vestido.
-Dimeló, aunque quizás ya lo sepa, recuerda que soy brujo. ¡El famoso brujo Rajoy!
-Pues qué... lo he pensado mejor, me voy a quedar aquí. Quieras o no, cofre a cofre, tampoco me va tan mal el negocio y si, por un caso, se pusiera la cosa peor, lo vendo todo a un compro oro y chimpún -explicó la chica.
-Ves, cómo sabía que no irías a ninguna parte. Por eso al menos me dije para mis adentros: ya que esta no me va a conceder la libertad, al menos la veo en pelotas -exclamó el viejo Rajoy.
-Eres muy inteligente, viejo verde. Por cierto, una última cosa: ¿Por qué te llaman Rajoy? -le preguntó la princesa con curiosidad.
-En realidad me llamo Rajoy Suleiman, pero, por razones obvias, suena mejor mi primer nombre, ¿Entiendes o no? - dijo el brujo.
-Adiós Rajoy ¡Suleiman! -dijo la princesa despidiéndose con su vestido rojo de Valentino que quitaba el sentido y potenciando el tono en el nombre maldito del brujo.
-Adiós princesa. A ti te lo consiento todo. Faltaría más. Pero habla con tu padre para que me saque de aquí, si ves que tal -le suplicó el cautivo.
-Sabes barbudo asqueroso, lo hubiera hecho, pero por haberme obligado a desnudarme, te vas a joder otros cincuenta años en esa asquerosa mazmorra -sentenció la princesa.
-¡Hijaputaaaaaaa! ¡Qué se te caigan las tetas a jirones! -gritó Rajoy Suleiman como un loco, mientras -como todos hacemos cuando se dan la vuelta las mujeres- le miraba el culo como un poseso.

De esa forma tan desagradable, y un tanto obscena, acaba la Leyenda del Mar de Oro. Para más información o localizar el mapa de situación: razón aquí.

domingo, 19 de agosto de 2012

Cómo descubrí a Mrozek


Si no lo digo reviento. El otro día en el FNAC de Guimaraes, en Portugal, en la zona de libros en castellano -con el portugués todavía me lío bastante- buscaba un libro liviano. Sí, sé que en verano tenemos que comprar un ladrillo de quinientas páginas para hacer alarde de nuestra erudición y de nuestro alto nivel intelectual, lo sé muy bien, pero a mí me van las lecturas más escuetas. En una ocasión, influenciado por el modismo que acabo de describir, sin ánimo de ofender por cierto, compré un libro de seiscientas veinte páginas que se podría resumir perfectamente en: hombre deprimido, inadaptado y con amores tortuosos se suicida. O sea que, si hiciéramos un ejercicio de estiramiento literario, para cada una de las palabras, de mi resumen, habría que añadir sobre unas cien páginas. Tiene su mérito la cosa, sí señor.
Desde ese desagradable suceso, no falto de creatividad y destreza por parte del autor -hay que llamar a cada cosa por su nombre- no he vuelto a invertir mis cuartos en un mamotreto de semejantes características. Así que buscando y buscando algún librito que llamara mi atención, me encontré con uno de un polaco de Polonia, tan amargado e inconformista como otro escritor polaco de Estados Unidos que me encanta. Así es como he descubierto este verano a Slawomir Mrozek, el qué, como decía, me ha recordado, en cierta medida, a Charles Bukowski el maestro del conocido realismo "sucio" ya que, al parecer, se limpiaba el culo con los manuscritos antes de presentarlos al editor.
Bromas a parte, Mrozek me ha conquistado por su realismo, por su forma sarcástica y ácida de relatarnos la cotidianidad de unos países que padecieron, y padecen aún en la actualidad, la transición desde la oscura época comunista hacia el gran sueño del capitalismo.
En Guimaraes me compré La Mosca y, ya en Murcia, me he comprado El Elefante. No el que cazó el Rey de España, antes de pegarse el morrón y romperse la cadera por tierras africanas, ni el Elefante del viaje de José Saramago -maestro de maestros-, ni el elefante que, en mi novela inconclusa, deleita a los gitanos de los carromatos en la nieve. El Elefante de Mrozek es un libro de relatos de fácil lectura que provoca profundas reflexiones sobre nuestra sociedad y nuestra actitud ante la vida y lo hace desde el humor y la sátira. Su mirada escéptica y burlona hace que el libro se lea en media hora y tengas que ir a buscar más. Yo fue llegar de Portugal y tener que ir a por el segundo. Entre leer a Mrozek y escribir este blog, no hay forma de avanzar en mi novela. Esto va más lento que la obra del Escorial.

jueves, 16 de agosto de 2012

Aviso: Se han encontrado unas llaves


En este momento crucial, donde los políticos y los banqueros han perdido la honra -suponiendo que alguna vez la tuvieran- la Comunidad Europea ha perdido el rumbo -suponiendo que alguna vez lo tuvo- los desempleados están perdiendo las ayudas -y la paciencia- los funcionarios están perdiendo parte de su salario -sin comentarios- y mi prima ha perdido su virginidad detrás de la iglesia -sin condón-. Como decía, mientras todo esto sucede en el mundo,  que no es poco, algún  portugués aficionado a la marihuana ha perdido sus llaves. Parece ser, según acreditan diferentes estudios, que en los países europeos que están siendo rescatados, está aumentando, de forma considerable, el consumo interno de  marihuana.
No, no se lo tomen a broma, amigos y amigas, que uno se fuma tres porros y pierde hasta las llaves y eso no es ninguna tontería, y más si tu vecina o tu mamá, no te guardan una copia, entonces sí que tenemos un lío. ¿Por qué saben ustedes la lana que cuesta llamar a un cerrajero? Esa gente cobra más por abrir una puerta que un cura por un bautizo. Aunque las comparaciones son odiosas.
En una ocasión que perdí las llaves tuve que llamar a uno. Cuando a la media hora llegó el buen señor, me dijo:
-Buenas noches, caballero -era muy correcto el tipo- me tiene usted que pagar por adelantado, son normas de la empresa -me dijo sin acritud.
-¿Y quién es la empresa? -le pregunté interesado.
-La empresa soy yo -me respondió el hombre tan circunspecto.
-Así me gusta, la gente con principios, como debe ser -le respondí bromeando.
-A mí también, por eso cobro al principio. Son ciento ochenta euros. La propina aparte -me exigió el experto.
-¿La propina también es por adelantado? -le pregunté.
-No, eso es al criterio del cliente. Por cierto, la factura la quiere con gas o sin gas -me volvió a preguntar.
-Caballero, por favor, todavía andamos en esas. La factura con su IVA, como  Dios manda.
-¡Yo pregunto! Ya sabe usted que hay mucha gente que la quiere sin gas -me explicó el manitas. 
El tipo tardó menos en abrir la puerta que en hacer la factura. Lo que vino a demostrar que era mucho más diestro con la ganzúa que con el bolígrafo.
-Listo. Afortunadamente, ha sido fácil. Su puerta la abriría cualquier principiante -me dijo.
-Oiga, por favor, sin ofender -le respondí cabreado.
-No se ofenda, buen hombre, es un decir -dijo el cerrajero.
-¿Y, por ser tan fácil mi puerta, no hay algún descuento? -le insinué.
-No amigo, esto es tarifa única. Las fáciles por las difíciles. A ver si me entiende: Esto es como cuando usted se queda de rodríguez, y sale alguna noche a ligar a una discoteca, mientras su esposa esta con su suegra en la playa. Algunas son más costosas de llevar a la cama que otras. ¿No es así? Las que entran por las que salen. ¿Entiende usted? -me  argumentó el de la ganzúa.
-Pues tiene usted mucha razón, ya me quedo más tranquilo -le respondí ojiplático.
Perder las llaves siempre es un problema. Espero que a ustedes, este verano,   no les suceda. Eso sí, les recomendaría que si se plantean fumarse un porrito, antes de encenderlo, se las aten bien al cuello. Bueno, si no ahora, cuando nos rescate el Banco Central Europeo. Nunca se sabe.

martes, 14 de agosto de 2012

Fúlvio Mendes, a lo grande


Así me gusta. Más vale que sobre que no que falte. Eso parece saberlo bien  el artista Fúlvio Mendes que ha tomado estos días las calles y las plazas de la ciudad portuguesa de Guimaraes con una serie de intervenciones artísticas cuyo hilo conductor consiste en sobredimensionar los objetos, en este caso la ropa. 
Aunque el primero en descubrirlo fue mi cuñado Josiño, un gallego de pro que fue cazado literalmente por una murciana. El pobrecito, cuando llegó a Murcia para quedarse y vio las bragas de una vecina tendidas en las que podrían caber, perfectamente, tres o cuatro culos como el de su novia, este exclamó: Hostias Ana, si te pones tú así ¡Escapo carallo!
Sabias palabras que han pasado a la historia, pero no se han olvidado.
Al portugués Fúlvio Mendes parece gustarle la gran escala. Y es que lo grande tiene su público. Pensar en grande no es habitual. La gente nos conformamos con lo poco, con lo mínimo y, por consiguiente, conseguimos pequeñas cosas.
En estos tiempos que corren deberíamos y actuar pensar como Fúlvio: utilizando la imaginación y la creatividad para magnificar lo cotidiano. 
En muchas ocasiones buscamos soluciones complicadas, fuera de nuestro margen de seguridad, sin darnos cuenta en la riqueza tan grande que tenemos en nuestro entorno y en nuestro día a día. Buscamos soluciones fuera y no somos capaces de ver el gran margen de mejora que tenemos dentro. Quizás lo de fuera y lo nuevo nos resulte más estimulante y, como tal, nos genere más expectativas. Por el contrario, la mejora de los recursos propios es algo más tedioso, menos atractivo y con unos resultados seguros pero más a largo plazo.
El señor Mendes -Fúlvio para los amigos- parece entender muy bien ese discurso. Su propuesta es simple, su puesta en escena sencilla y su carrera sigue un camino de progreso adecuado y sin estridencias. La constancia, el rigor y, sobre todo, saber mantener el equilibro en su evolución, le llevarán a conseguir el éxito en el difícil y complejo mundo del arte contemporáneo.
Cuando vi esos pantalones, no se por qué, me vino a la cabeza Pau Gasol. No, -me dije ¡ni Pau Gasol! esos pantalones deben ser del yeti. No hombre, no puede ser, el yeti no lleva pantalones.
Algún día averiguaremos de quién eran esos pantalones.
Guimaraes Ciudad Europea de la Cultura 2012. No se lo pierdan.

lunes, 13 de agosto de 2012

La novela de los cojones


No, amigos y amigas, lectores y lectoras de este mundo y del otro, no les aconsejo que se pongan a escribir una novela. Ni se les ocurra. ¡Danger! Es una movida que te cagas. Lo mío con ella es un sin vivir. Llevo poco más de cien páginas escritas y, tengo que reconocerlo, he sentido varias veces las ganas de tirar la toalla o de tirar la novela y el ordenador, todo, a tomar por culo. Bueno, lo que sería algo así como media novela, que es lo que llevo más o menos. Vamos, lo que yo les diga, esto es una mierda. ¿Qué mal aire me daría a mí para meterme a novelista? Con lo bien que estaba yo escribiendo relatos, de este tema y del otro, pasándolo bien, a mi aire, ahora me meto con Rajoy -el adalid de la lengua díscola- ahora con la prima de riesgo -que estira y encoge como la tripa de Jorge- más tarde con los chavales olímpicos, o mejor dicho, con las chavalas olímpicas que sino llega a ser por ellas nos venimos de Londres con menos medallas que Andorra. ¿Por cierto, se habrá llevado alguna medalla Andorra?
Pero como les decía, no vayan ustedes de escritores, mejor vayan de lectores, y, si puede ser, en verano lean poco, que entre el calor y la lectura sube la calentura y con el hastío se convierte en puterío. Por qué no me vayan a decir que no han leído la trilogía de Cincuenta Sombras de Grey. Vaya tela, si el Generalísimo levantara la cabeza y viera a nuestras mujeres leyendo esas porquerías le daría por reconquistar la Isla de Perejil ¿O era del Cilantro?
Háganme caso, por favor, aunque sea por una vez. Escribir una novela es un royo, tienes que estar todo el rato, erre que erre, con el temita dichoso, hasta la extenuación. Buscar contenidos que convenzan, que transmitan sentimientos, que sorprendan, que provoquen, que hagan reflexionar, que exciten, que asusten, que se lean fácil, lo que les decía, que es un trabajazo tremendo. ¿Y pa qué?
Si lo llego a saber, no continúo esta historia que me está jodiendo el verano. Pero ¡Qué recórcholis!  Esta me la acabo yo, aunque me lleve una ventolera en la terraza del hotel en Mondim de Basto en Portugal. ¡Qué paisajes, madre mía! ¡Qué vistas! ¡Qué bacalao!
A pesar de la novela de los cojones menudo veranito que me estoy pegando.

sábado, 11 de agosto de 2012

Sufrimiento vacacional en Ermelo


Las vacaciones son algo horrible. O te pasas todo el tiempo comiendo o pensando en comer. ¿Dónde comemos hoy, cariño? ¿Qué te apetece comer? 
Otro de los tremendos problemas que padecemos a diario es tener que decidir el lugar en el que nos vamos a remojar: ¿Nos bañamos en la playa, en la piscina o mejor en el jacuzzi? 
Esta cuestión me desazona siempre en esta época: ¿Por qué todos los tíos vamos en bermudas en vacaciones y luego no las volvemos a usar durante el resto del año? Con lo bonicos que vamos...
Por no hablar de las fotos. Tomamos más fotos en quince días que un reportero del New York Times en Afganistán. Le disparamos, sin piedad, a todo lo que se menea. En realidad, soñamos con que nos van a conceder el premio Pulitzer y vamos tan contentos disparando a diestro y siniestro. Luego las subimos al facebook y flipamos en colores.
Para siniestro el que sufrió el otro día mi primo en una playa de Mazarrón. El pobre estaba encendido tomando fotos a una chati en topless y le apareció por detrás un geyperman de un metro noventa y le tiró la cámara al agua.
Mi primo mirando al colega, tan sólo acertó a decir:
-Joder tío que brazo tienes, yo no hubiera llegado ni a la orilla -le dijo con la voz temblorosa.
-Cómete una mierda, mamón, que eres un mamón, y no te doy dos hostias porque no quiero líos ¡Hijueputa! -dijo el menda. 
La cámara en cuestión le había costado solamente trescientos euros y se quedó sin ella antes de pagar, ni tan siquiera, el primer recibo del Corte Inglés. Son las cosas que tiene el verano. 
A mí, para el verano, me gusta la montaña portuguesa. La gente no entiende por qué, pero yo les preguntaría: ¿Y, por qué no? Hay lugares para bañarse, lugares donde perderse, restaurantes con y sin bacalao, vino verde a punta pala y gente tocando el bombo y tirando cohetes a manta. Yo lo estoy pasando cañón, como diría mi padre, si mi padre supiera cómo lo estoy pasando, claro. 
Pero ustedes se estarán preguntando: ¿Qué pinta esa foto en este relato? Sí, no me digan que no: ¿A qué la foto se las trae? Pues tengan paciencia, que el calor nos vuelve muy impacientes e irritables y luego vienen las madres mías. ¿Y de las moscas, qué me dicen de las moscas en verano? ¡Qué mosquerío, por favor!
Esa foto es la caña. Sí, sí, es la caña. Déjenme explicar por qué, a ver si me entienden.
El contexto artístico de la instantánea, por si sola, ya sería digna de toda una ponencia en un simposio de fotografía. Lo retro en combinación con lo moderno. El rigor clásico frente al mal gusto contemporáneo. A nivel plástico habría mucho que discutir. ¿Y a nivel paisajístico? Ese sujetador con relleno y esas bragas rojas podrían catalogarse como una intervención o como una performance. Con mejor o peor gusto ¿Quién sabe? Para gustos colores. En Arco he visto fotos más absurdas a tres mil euros el ejemplar. 
Las cuestiones que un experto, en esta materia, debería ayudarnos a entender serían las siguientes: ¿Esa señora o señorita contamina el equilibro del paisaje rural colgando sus prendas íntimas en esa ventana? O por el contrario: ¿Enriquece al paisaje y motiva al paisanaje? Ya llegamos a lo que iba. ¿Qué opinará el paisanaje que no entiende de arte contemporáneo, cuando pase por esa calle  de Ermelo y mire hacia esa ventana? Pues aún a riesgo de equivocarme diré, si el espectador fuera un hombre: ¡Vaya par de tetas que debe tener esa tía! Debe ser una cachonda, si supiera como me pone el rojo... Cosa muy distinta si la que viera esa performance fuera una mujer: No tendrá esa cochina otro lugar donde colgar sus bragas y su sujetador que, por cierto, que mal gusto tiene la pobre.
El verano es así. Como la vida misma. Un absurdo constante con la diferencia de que tenemos más tiempo para tocarnos los huevos, a dos manos, o escribir relatos de poca monta que no valen ni como papel higiénico.
A veces pienso que lo mejor hubiera sido poner la foto sin texto y que cada cual hubiera opinado libremente. Pero: ¡Qué coño! En verano hago lo que me da la real gana. Y ustedes que leen tanto, hagan lo mismo. ¡Hala, a disfrutar, que los días pasan que vuelan!
Púm, catapúm, púm, púm, cómo me gusta el verano...

jueves, 9 de agosto de 2012

Puebla de Sanabria


Hoy he visto a los gigantes y cabezudos de Puebla de Sanabria y a su torito de fuego, sin fuego. He disfrutado mucho contemplado sus viejas calles empedradas, su castillo engalanado, mas sin embargo, cuando me he tropezado con su iglesia de Nuestra Señora del Azogue he comprendido por qué, en este viaje hacia Portugal, mis huesos han venido a parar a esta ciudad zamorana. 
Mi abuela siempre me decía: ¡Pepico, estate quieto que parece que tienes azogue! Yo siempre he sido de azogue, de mucho azogue. Lo que se dice un tipo inquieto, vamos que me muevo más que la prima de riesgo o que la compresa de una coja. 
Quizás por eso, cuando he contemplado la imagen de la virgen, mi corazón se me ha puesto del revés como un calcetín.
Postrado de rodillas ante la imagen, le he pedido perdón por mis pecadillos y le he dicho que estaba encantado de conocerla y esas cosas que se dicen en un primer encuentro cargado de diplomacia y buenas intenciones. Ella me ha recomendado que sea menos soberbio, que me lo tome todo con más moderación y que deje al mundo correr. 
La verdad, en esa revelación mariana, no he llegado a comprender demasiado bien el mensaje por lo que he salido del templo del siglo XII con una terrible confusión mental. En una cafetería, que se llamaba El Gordito, -cosa que he visto como otro claro signo premonitorio- me he puesto a reconsiderar el mensaje divino mientras me zampaba un dulce típico y un cortado con hielo, más que nada, por si todas estas extrañas sensaciones eran producto de una bajada de glucosa, pero no.
He pensado que el mensaje podría hacer referencia a que lo deje todo e  ingrese en una comuna hippy, pero tras mirarme al espejo de la habitación en la Posada de la Cartería, me he dado cuenta de que no me vería muy bien de hippy. Me quedan cuatro pelos y estoy demasiado gordo. No doy el perfil. Por lo que sí molaría sería por lo del sexo libre, pero yo ni fumo porros ni na de na.
No pensaba que en mi primera experiencia mística me surgirían tantas dudas. Ahora que, por fin, estoy de vacaciones, me deshago en un ser o no ser, en un hacerme o no hacerme incontrolable. Desde que La Virgen del Azogue se ha dirigido a mí, el azogue me ha vuelto con fuerza para joderme las vacaciones. ¡Menuda putada, macho! Eso me pasa por ser tan ateo. 
Como decía mi abuela Mercedes, que en paz descanse: Pórtate bien, Pepico, que el Señor te va a castigar.
Espero que tanto azogue no degenere en Alzheimer, yo, con mi colon irritable, ya tengo bastante.  

domingo, 5 de agosto de 2012

Por fin tengo un ídolo: Polychronopulos


Como es obvio, lo peor de mi idolatrado es su apellido. Su nombre es algo más llevadero Constantinos. Yo tenía ganas, de un tiempo a esta parte, de hacerme seguidor de alguien o de algo. Había pensado, en estos últimos días de asueto, en afiliarme a la Iglesia de la Cienciología, pero luego, al leer en un artículo que están perdiendo adeptos, me lo he pensado mejor. A nadie le gusta apostar por un caballo perdedor. Luego pensé en optar por algo más zen, en estar meditando todo el día e, inclusive, poder llegar algún día a levitar, pero después de visitar varias páginas web sobre estos temas tan trascendentales, me he dado cuenta de que mi cuerpo no tiene la flexibilidad que se requiere para tales menesteres, así que, para no quedar como el yogui más torpe de la historia, lo descarté. Otra opción que he barajado, muy seriamente, ha sido la de hacerme deportista paralímpico, pero he abandonado la idea ya que mi minusvalía no esta acreditada con ningún documento oficial y gestionar todo ese papeleo sería demasiado burocrático y, por lo tanto, lento.
No ha sido hasta hoy, que les escribo, que he tenido claro a quién seguir. Dude entre hacerme seguidor del blog de Yoani Sánchez, que narra desde La Habana (Cuba) el devenir diario de la vida en ese país, desde el filtro de una moderada y valiente oposición sobre el terreno y, la otra opción, que a la postre ha sido la ganadora, la de hacerme seguidor del blog griego: O allos anthropos (que significa "El otro hombre" en castellano) y convertirme en ferviente seguidor de un señor desempleado de 47 años  que lleva por nombre Constantinos Polychonopulos.
Me voy ha hacer seguidor de Constantino -espero que no se moleste por quitarle la ese final- porque a mí también me gusta mucho cocinar para los demás. Yo voy de salvapatrias, de moderno, de progre, de artista plástico, de escritor, de erudito de supermercado, de director comercial, pero en el fondo, lo que soy es un cocinero frustrado. Me gusta cocinar y no cobrar. Me sentiría encantado de viajar hasta allí y hacer una olla enorme de cocido con pelotas, pero me falta pelotas. Cosa que a mi ídolo le sobra. Dar de comer al hambriento es una muestra básica de generosidad y entrega a los demás. 
Si nuestro álter ego desapareciera y nos quedáramos en pelotas, desplumados y con nuestras miserias al aire, lo único que nos salvaría, sería que, en la esquina de nuestra calle, un señor como Constantito nos ofreciera una ración de arroz y habichuelas con un chusco de pan.
En ocasiones, buscamos ídolos complejos, prefabricados y diseñados en un estudio de marketing, como en el que trabajaba mi idolatrado Constantino, cuando en el fondo, muy en el fondo, todos llevamos un Constantino dentro. 
Cuando suene la sirena,  nos veremos obligados a quitarnos las capas que nos sobran, agarrar una olla de 20 litros y ayudar a los demás. Ayudando a los demás nos ayudaremos a nosotros mismos. 
El amigo Constantino sabe mucho de eso, por eso es mi ídolo.
Muchos ánimos Constantino. 

http://oallosanthropos.blogspot.com.es/ (Si le dais a traducir más o menos se entiende)

sábado, 4 de agosto de 2012

Estoy de vacaciones:¡Yupi!


Eso que recorten, que recorten, que yo ya estoy de vacaciones y no me pienso recortar ni las uñas de los pies. Así se junte el cielo con la tierra o el mar con la tierra y el cielo. Me da exactamente igual. ¡Yo qué sé! ¡Estoyyyy de vacacionessss!!
Sin pensármelo dos veces me he tirado fuerte al tinto de verano, a ver titis en tetas por la playa, a paella cuartelera de chiringuito, a bronceador en oferta de Mercadona, a chocolate con churros haciendo colas kilométricas y los pido en dos cucuruchos para que me pongan más:
-Me pone cinco euros de churros en dos paquetes. El otro es para mi vecina:¿Sabe?. ¡Si supiera usted como esta de buenorra!. Si la viera cuando sale en bikini a regar el patio me pondría usted diez euros para ella en lugar de dos y medio: ¿A que sí, buen hombre?
-El siguiente, por favor -dice el carca sin inmutarse.
Qué poca gracia tenía el churrero. Le traía un aire a Rajoy. 
Pero no me voy a calentar con la política. ¡Estoyyyy de vacacionessss!¡Yupi!
Me mola el chiringuito con salmonela, los hoteles con legionela y las tetas de mi prima Carmela. 
Ahora en la playita, luego a la piscinita, luego a ver a mi vecinita, la semana que viene a la montaña a Portugal, a relajarme en el spa y comer bacalao al horno y una buena botella de vino Verde. ¡Madre mía! Para vivir así más vale no morirse nunca.
¡Estoyyyyy de vacacionessss! Qué se mueran los feos. Estoy flipando en colores. Mientras el mundo se resquebraja en mis pies, yo me quemo a lo bonzo en Torrevieja después de hincharme a sardinas a la plancha.
Me he descojonado de la risa leyendo el periódico. Sólo llevamos tres medallas en las olimpiadas y Rajoy no sabe si pedir un rescate o pedir dos. Total, si son pequeños mejor que pida dos, no vaya a ser que luego falte.
Estas vacaciones no me pienso cortar ni un pelo. Voy a por todas y a por todo. Al mal tiempo buena cara. No hay mal que cien años dure.
¿Qué estoy cojo? ¡Me da igual. ¿Qué no tengo un duro? ¡Me da igual! ¿Qué tengo el colon irritable y me cago por los Beatles? ¡Me da igual! ¡Don guorri be  happy!
¡Estoyyyy de vacaciones! Por fin estoy de vacaciones.
Gracias España. Gracias Rajoy.


miércoles, 1 de agosto de 2012

Vacaciones por los pelos


Por los pelos es una expresión que nos advierte de que algo se ha conseguido in extremis, de manera agónica o de forma casi inesperada. La vida, antaño coser y cantar, se ha transformado en algo parecido al equilibrio circense de la cuerda floja. 
Las vacaciones han llegado este año así: por los pelos. Del mismo modo: mi madre sigue en este mundo por los pelos, mi esposa tiene empresa por los pelos, yo tengo trabajo por los pelos, mi hija pasa de curso por los pelos y España sigue funcionando por los pelos. No me quejaré, aún puedo llorar por un ojo.
El mundo capitalista, también conocido como el mundo de Yupi, en tan sólo cuatro años, se ha convertido en un mapamundi sujeto con alfileres, que, en cualquier momento, se puede venir abajo.
Con este panorama tan apocalíptico, me voy de vacaciones sin saber si, cuando regrese, el mundo seguirá siendo mundo o será un planeta incandescente y con explosiones atómicas en su superficie y ya ni hará falta que vuelva.
Nunca pensé que el futuro -mi futuro- dependiera de una cuestión capilar. 
Subsistir por los pelos debería ser considerado como deporte olímpico y, de ese modo, hubiera sido una de las incorporaciones más innovadoras de Londres 2012. Quizás, el Comité Olímpico Internacional haya descartado incluirlo ya que, de haberlo hecho, tendrían que haber repartido tantos millones de medallas de oro que la economía mundial hubiera sucumbido irremediablemente. Por eso, los que sufren nunca ganan medallas. ¿Los pobres hacen deporte?
Bueno sí, los curas reparten medallitas de San Antonio o San Judas Tadeo a los que sufren, pero luego, cuando los pobres van a venderlas, no les dan por ellas ni para un bocadillo de chorizo de Cantimpalo.
Aunque parezca mentira a los chorizos les va mejor. No a los de Cantimpalo,  que ahora se venden más los de marca blanca, sino a los de traje y corbata. A esos les va fenomenal, aunque, últimamente, se quejan bastante ya que no entienden que hace tanta gente por las calles alborotando y quejándose por vicio. Total por unos recortes de nada. ¡Pancarteros, que sois todos unos perroflauticos! -se les ha oído decir.
Las que están de vicio son las jugadoras de voley playa: ¡madre mía!. A ellas no se les nota nada la crisis. Mientras medio mundo esta al borde del precipicio el otro medio disfruta del voley playa, del judo y del tiro con arco a lo Robin Hood. Vivir para ver.
Con este panorama, tan alentador, me voy de vacaciones sin tener claro, si, eticamente, tengo derecho a descansar mientras otros no tienen ni derecho a una triste pensión de subsistencia.
Conforme me voy haciendo mayor -por no decir viejo- entiendo menos esta vida. Me estoy planteando meterme en alguna religión, aunque no se muy bien cual elegir de entre la amplia oferta que tenemos en la actualidad. Lo mismo me hago de varias para llevarme bien con todo el mundo.
Hoy que, por los pelos, salgo de vacaciones, me siento como se sentiría un preso de Auswitch viendo como se llevan a sus compañeros y pensando que, mañana, el siguiente puedo ser yo.
Como decía Santa Teresa: Vivo sin vivir en mí. Así, queridos lectores, de esta forma tan meditabunda y reflexiva, me voy de vacaciones. A pesar de todo soy un hombre afortunado. La vida es bella, quizás una belleza abstracta, un tanto picassiana, pero al fin y al cabo, belleza. 
Ya entiendo por qué, estos últimos días, todo el mundo prefiere mirar a las jugadoras de voley playa. Para qué mirar para otro lado: total, para lo que hay que ver...