lunes, 9 de marzo de 2026

A la deriva

Prefiero pensar que todo va a pasar. Que los locos que dirigen el mundo, como antaño, serán encerrados, tratados con electroshock, amarrados con camisas de fuerza o medicados con opioáceos de amplio espectro. Debemos de andar muy despistados, o estar demasiado entretenidos con nuestras mascotas y las redes sociales, para haber dejado que los locos tomen el poder a nivel global. Los nuevos gurús del neoliberalismo salvaje, en su máximo esplendor, disfrutan destrozando normas, leyes, tratados, decretos y equilibrios para generar el caos que les permitirá alcanzar el tan ansiado control mundial. Hemos creado monstruos con capacidades descomunales, con recursos ilimitados, que controlan lo que pensamos y que nos quieren convertir en máquinas de trabajar y de consumir basura. Y ellos por un lado, y la IA por otro. Vamos avanzando a la deriva, más a la deriva que nunca, mientras surgen nuevas guerras, nuevos miedos, nuevas drogas, nuevos dioses redentores y nuevos pobres: más pobres que nunca, con más miedo que nunca, más débiles que nunca y más indefensos que nunca. De joven —disculpen mi actual pesimismo— soñaba con un mundo mejor. Ahora el sueño es sobrevivir a tan colosal vorágine de locura.