En construcción
Escribir todo esto era la única salida que me quedaba.
lunes, 16 de marzo de 2026
Abstracción
Ejercicio de abstracción mental. Voy a imaginarme, por un ratito, que no hay guerras en el mundo. Que los del Nobel conceden 8.000.000.000 de premios de la paz. Uno para cada uno de los mortales que aún sobrevivimos en este planeta azul que va tornando a gris.
Voy a imaginarme un mundo lleno de risas y abrazos. Un mundo plagado de gente solidaria que se implica en la solución activa de los problemas del medio ambiente y de la desigualdad social.
Por seguir imaginando, para profundizar más aún en este ejercicio de abstracción, imaginaré a varios mandatarios de grandes potencias recluidos en una amplia y cómoda celda con vistas a Longyearbyen, en el archipiélago de Svalbard.
En serio les digo que lo estoy intentando. Les aseguro que aprieto los ojos, masajeo mis sienes haciendo círculos de derecha a izquierda y de izquierda a derecha. Inspiro y expiro con calma.
He encendido una docena de barritas de incienso. He puesto música New Age que no era tan nueva. Me he sentado, con todo el dolor de mi corazón, en la postura del loto, sintiendo cómo se reventaban literalmente mis aductores.
Durante veinte minutos únicamente ha salido de mi boca el mantra OMMMMMM.
Pero ni con esas. Vamos, que no hay manera. Es que no se me van de la cabeza todos esos locos que nos quieren hacer la vida imposible, con tanta guerra, tanta mentira y tanta puñeta.
¡Que no puedo, joder, que no puedo!
lunes, 9 de marzo de 2026
A la deriva
Prefiero pensar que todo va a pasar. Que los locos que dirigen el mundo, como antaño, serán encerrados, tratados con electroshock, amarrados con camisas de fuerza o medicados con opioáceos de amplio espectro. Debemos de andar muy despistados, o estar demasiado entretenidos con nuestras mascotas y las redes sociales, para haber dejado que los locos tomen el poder a nivel global.
Los nuevos gurús del neoliberalismo salvaje, en su máximo esplendor, disfrutan destrozando normas, leyes, tratados, decretos y equilibrios para generar el caos que les permitirá alcanzar el tan ansiado control mundial. Hemos creado monstruos con capacidades descomunales, con recursos ilimitados, que controlan lo que pensamos y que nos quieren convertir en máquinas de trabajar y de consumir basura. Y ellos por un lado, y la IA por otro.
Vamos avanzando a la deriva, más a la deriva que nunca, mientras surgen nuevas guerras, nuevos miedos, nuevas drogas, nuevos dioses redentores y nuevos pobres: más pobres que nunca, con más miedo que nunca, más débiles que nunca y más indefensos que nunca.
De joven —disculpen mi actual pesimismo— soñaba con un mundo mejor. Ahora el sueño es sobrevivir a tan colosal vorágine de locura.
lunes, 16 de febrero de 2026
lunes, 9 de febrero de 2026
Cuidado con las picaduras
Mis tábanos, lo advierto, siguen picando. Pican con disimulo, unos pican en la cara y otros pican en el culo. Pican y te chupan la sangre pero te hacen reír. Algunos afectados me hablan de situaciones de amnesia, sopor y alucinaciones mientras leían la novela. Otros, incluso, me hablan de ataques incontrolados de risa. La cuestión es que mis tábanos, tal y como me temía, están haciendo de las suyas. ¡Larga vida a mis tábanos!
jueves, 29 de enero de 2026
Haciendo camino en Almaty
Camino. Hace un frío de mil demonios, pero brilla el sol. Las palomas bravías se afanan en buscar algo de alimento bajo la nieve. Un ánade real sacude las alas, como para desentumecerlas.
Camino meditando, cual monje budista, en dirección al hotel, y no paro de preguntarme: ¿dónde acabarán los caminos?, ¿para qué tanto caminar?
En tres horas sale mi vuelo de regreso y no he conseguido conciliar el sueño; si bien es cierto que, durante los tres vuelos que tengo por delante, alguna cabezadita podré echar. Pasan los minutos y las horas, dando vueltas y más vueltas en la cama, apagando y encendiendo la luz una y otra vez, bebiendo agua cada dos por tres porque esta maldita calefacción me deja la boca como un estropajo.
Leo el correo. Ojeo la prensa. Repaso el equipaje para no dejarme nada olvidado. Mi agenda está que no le cabe un alfiler. Afuera, el termómetro marca doce bajo cero. Intento, durante el duermevela, no hacerme preguntas absurdas ni abusar de la filosofía low cost.
El insomnio me está ganando la partida. Acaba otro viaje, otro día, y otro sueño que no ha llegado a serlo. Todo comienza y todo termina. Y, de nuevo, incontroladamente, me vuelvo a preguntar: ¿dónde acabarán los caminos?, ¿para qué tanto caminar?
lunes, 29 de diciembre de 2025
Sigo aquí, aún no me voy
Sigo estando aquí. Sigo pensando lo mismo. Continúo mi huida hacia adelante, apremiado por mi desconcierto. Avanzo sin saber hacia dónde voy, sintiendo mis pasos cada vez más lentos y mis letras cada vez más confusas.
Incomprensiblemente, odio palabras como inversión, rentabilidad, beneficios o corrupción, y adoro palabras como solidaridad, apoyo, amor, arte, cultura, respeto…
Soy, por tanto, un blandengüe, un abrazárboles, un infeliz, con menos ambición que una culebrilla ciega. Sigo siendo el mismo “Ave Raris” que, con quince años, soñaba con cambiar el mundo.
Lo peor es que pronto cumpliré 58 añazos, edad en la que uno, se supone, ya debería estar pensando en otras cosas y no en la mona de Pascua. Y qué le voy a hacer si yo nací en el Mediterráneo…
miércoles, 17 de diciembre de 2025
Malditos charcos
—¡Habráse visto, señora! ¿Podría haber llevado más cuidado? ¡Me ha calado hasta los huesos!
—Mil disculpas, le aseguro que no era mi intención. El ayuntamiento tiene muy descuidadas las aceras, y cada vez hay más baldosas que, al pisarlas, salpican el agua que tienen debajo.
—Sí, sí, yo lo entiendo, pero fíjese cómo me ha puesto. ¿Ahora qué hago yo, que iba tan peripuesta a la comida de empresa...?
—¿Y en qué trabaja usted, si se puede saber?
—En Conejos Bernardo, en administración comercial.
—¿O sea que usted mata conejos?
—No, nada que ver. Yo soy vegana y animalista, pero de algo hay que comer, y tengo tres hijos y un marido en el paro desde que tengo memoria… ¿sabe usted?
—Pues menudo panorama tiene usted en casa, mujer.
—Ya lo creo, y encima mire cómo me ha puesto, con lo guapa que iba yo...
—Si quiere, como yo vivo aquí cerca, y más o menos llevamos la misma talla, le puedo dejar algo de ropa y llevo la suya a la tintorería.
—¿En serio haría eso por mí?
—Claro que sí, me ha pillado usted en plena efervescencia del espíritu navideño...
—¿Y tiene usted algún trapito de Vuitton?
—Cuente con ello...
—¿Y unos tacones de Celine?
—Sí, y además con un bolso a juego, recién comprados.
—Si no es mucha indiscreción, ¿a qué se dedica usted?
—Trabajo para la empresa municipal de mantenimiento de las aceras...
—¡Coño! ¡Ya decía yo...!
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