martes, 5 de octubre de 2021

Un tonto muy tonto

Habíamos quedado a la oscurecer menos cuarto. Llegué con varios minutos de antelación porque soy de quedar bien. Hace tiempo que descubrí que quedar bien no cuesta nada y es mucho mejor que quedar mal. Ella, por el contrario, se retrasaba. Los minutos discurrían pesados, plomizos, lentos como esta pandemia que nunca termina. Sé que no está bien, pero para hacer tiempo me mordía las uñas. Comencé con las de las manos y continué con las de los pies. Las clases de yoga me han servido tanto para ejercitar mi paciencia como mi flexibilidad. Cuando se habían sobrepasado los quince minutos de la hora prevista, le mandé un wasap. Lo vió pero no contestó. Las flores que le había llevado se estaban poniendo tan mustias como yo. Pasaron cinco minutos más y comencé a sudar pese a que no hacía nada de calor. Le mandé otro mensaje. Idem de idem. Media hora de retraso me pareció demasiado retraso. A los dos minutos después de tan peliaguda reflexión comprendí que el retraso no era tal retraso sino que era un plantón en toda regla. Y allí me vi yo, emperifollado, con un ramo de rosas rojas, sudando si podía sudar, y con cara de tonto muy tonto. Eso me pasa por quedar a la ligera -pensé. De repente escuché como me entraba un mensaje. El corazón me dio un vuelco. El pulso se me alteró de tal manera que casi no atinaba ni darle a los botones. Lo peor vino cuando leí el mensaje: -Imbécil yo no soy Marisa, me llamo Manolo y soy butanero. No tengo ni idea de quién te ha dado este número de telefono pero muy listo no debes de ser....¡Y no des más por culo con los mensajitos! Evidentemente la rubia que conocí ayer en la barra del bar se dio cuenta enseguida de lo tonto que soy. Creo que se me nota hasta en los andares...

jueves, 30 de septiembre de 2021

La chica del callejón

Te digo que apareció de repente, como cuando llueve con el sol fuera. Era bastante tarde y el callejón estaba desierto como un cementerio al oscurecer en un día laboral. Su cara ofrecía un semblante de pronóstico reservado. Su tez banquecina como una pared recién encalada. Sus ojos acuosos y rojizos podrían llevar siglos sin parar de llorar. Su pelo encrespado y canoso denotaba un abandono inusual para una mujer de su edad. Iba descalca y sus pies se veían ennegrecidos, como si hubiese venido andando desde el más allá, o desde las inhóspitas entrañas de una mina de carbón. Y me miró. Me miró fijamente intentando dañarme las córneas. Al cruzarme con ella, un viento frío y estremecedor recorrió mi cuerpo. No te lo creerás, pero en sus labios creí leer mi nombre. Sobresaltado, aceleré el paso. Sin embargo, cuando aún no había avanzado ni tres pasos sentí como algo frío y áspero me sujetaba del brazo. Al darme la vuelta, María, te aseguro que me dijo: vente conmigo, por favor, vente conmigo, estoy muy sola. Por eso, María, no me pidas que pase nunca más por esa calle. -Lo tuyo sí que es de pronóstico reservado, Manolo. Como sigas así no sé qué va a ser de tí. -Tengo miedo de que cualquier día de estos se me aparezca de nuevo. -Te he pedido cita en el psicólogo, Manolo. Creo que es lo mejor que podemos hacer. -No servirá de nada, María. Con psicólogo o sin psicólogo creo que vendrá a por mí.

lunes, 13 de septiembre de 2021

Entrevista teléfonica

Suena mi teléfono... -Digamé. -¿El señor Fernández? -El mismo que viste y calza. -Mire, a ver, le llamamos para hacerle una entrevista por lo de su blog. -¿Por lo de mi blog o por lo de mi novela? Es que ahora estoy más con lo de la novela... -No, no, por lo de su blog. -¿Por mi blog?...¿Pero alguién sabe que mi blog existe? -Claro que sí. Su blog es una referencia a nivel mundial y se estudia como ejemplo en varias univeridades norteamericanas. -Pues sí que están aburridos por norteamérica... -No sea modesto señor Fernández, tiene usted más seguidores e imitadores que Michael Jackson. -Yo creo que están ustedes en un error, pero bueno, en fin...¿qué quieren saber? -La primera pregunta sería: ¿Usted toma drogas para inspirarse o le sale solo? -¿Drogas? Pero si yo no he fumado, ni bebido, ni tan siquiera he hablado mal en mi vida... -¿Entonces se inspira usted del natural? -Así es...de la vida misma. -¿En qué país tiene usted más seguidores? -No estoy muy seguro pero creo que en Andorra. -¿En Andorra? -Sí, y también en las Islas Malvinas. Creo que allí no hay mucho que hacer, a parte de hacer calceta, y les ha dado por leerme. -¿Algún otro lugar pintoresco? -También me leen mucho en la Estación Espacial Internacional, en las Islas Feroe, sobre todo después de la campaña del bacalao, y también me sigue el farero de Capdepera. -Impresionante...Con ese tan dispar elenco de seguidores es normal que le estudien a usted en norteamérica. -También me estudian en Rusia. Piensan que en mis alocados relatos se esconden mensajes encripatrados de la CIA. -¿Cómo decían del Asereje de las Ketchup? -¡Equilicua! Pero si no estoy equivocado lo del Asereje eran mensajes satánicos... -Oye...pues qué interesante. De eso no teníamos ni idea. -Claro, es que como trabajo de extranjis para el servicio de inteligencia británico tampoco puedo ir por ahí aireando todo esto... -¡Ahhh! O sea, que el gran volumen de visitas que registra su blog no es por la calidad de sus textos... -Elemental, querido Watson. -Bueno, entonces la cosa es bien distinta, y da para otra entrevista... -Pues aquí quedo yo a la espera... -Permítame, señor Fernández, una última pregunta... -Adelante con los faroles... -¿Cuál es la publicación de su blog que más visitas tiene? -Una que lleva por título "Tengo un pene enorme" -¿En serio? -Como que me llamo Pepe. -¿Pero es cierto que usted tiene un pene enorme, o es otro mensaje encriptado? Y ahí fue cuando me cansé y le colgué. Creo que era un imbécil de esos que llaman para quedarse con la gente o qué se yo...

miércoles, 8 de septiembre de 2021

Paréntesis

Me he comido agosto como el que se come una mona. Incluso ya he deglutido la primera semana de septiembre. ¿Devoro el tiempo o el tiempo me devora a mí? Menudo dilema. La cuestión es que, sin pretenderlo, he hecho un paréntesis en este blog. He dejado de lanzar mensajes al aire para decir que estoy vivo precisamente para vivir. Cinco semanas de contención y de contrición. Cinco semanas aireando mi masa encefálica. Cinco semanas ordenando el caos que supone mi día a día. Un merecido paréntesis de cinco semanas para volver a retomar la senda de la incertidumbre. Durante este corto exilio literario he pensado en que hasta la más absoluta certidumbre podría ser incierta. Por fortuna, lo que, a día de hoy, sí les puedo asegurar es que de nuevo estoy aquí para reinciar lo que tal vez nunca debería de haber iniciado. Este blog avanza, renqueante, como mi propio caminar. Envejecido. Enrarecido. Desdibujado. Pero vivo. Les dejo, que voy a comprarme unos zapatos...

viernes, 30 de julio de 2021

Pura repetición

Hace apenas dos días que presenté mi novela “Réquiem por un guerrillero olvidado” y ya estoy volando. Vuelo con Lufthansa rumbo a Múnich. Después, si todo va bien, tomaré otro avión rumbo a Kiev, donde dormiré. Al día siguiente, otro vuelo me llevará hasta Tiblisi, la capital de Georgia. De este modo, mientras mi novela coge vuelo, yo deambulo, cual sonámbulo entre las nubes, atravesando Europa. Me resulta extraño volver a retomar mis vuelos de trabajo internacionales tras el increíble parón al que nos ha sometido la pandemia. Sin embargo, si no lleváramos puesta la mascarilla, juraría que no ha pasado nada, que todo y que todos están en su sitio, pero, por desgracia, sabemos que no es así. Yo soy el mismo, año y medio más viejo, pero ostentando un certificado de vacunación que me brinda el privilegio de retomar una parte de mi vida a la que había tenido que renunciar. Los niños, que vuelan en vacaciones, gritan como siempre. Los vuelos en verano los hago rodeados de niños con una prodigiosa capacidad pulmonar lo que les lleva a llorar y a gritar con una potencia digna de concienzudos estudios de audiometría. Una azafata preciosa, de apellido Villegas, me regala una botella de agua y una sonrisa de ojos —la dichosa mascarilla no me permiten ver su boca—, que haría perder la cabeza a alguien que la tuviera. Antes de embarcar, mi compañera Paqui me ha mandado un mensaje para felicitarme por la novela. Dice que le ha encantado y que le enganchó de principio a fin. ¡Bien! ¡Qué gusto leer eso! —me digo. Le agradezco infinito su mensaje y le informo de que me las piro, vampiro. Que me voy para Georgia en dos tiempos, como hiciera en otros tiempos. Dos jóvenes, muy jóvenes, que vuelan a mi lado, viajan a Ucrania. Al parecer, han ligado por Internet. Parecen dos críos sanos porque se han zampado una bolsa de peras. Busco en Internet información relativa a la relación de las peras con la capacidad sexual, pero no la encuentro. La señora que viaja a mi izquierda, que lleva las uñas muy bien arregladitas, lee sobre un kindle. Su marido ronca a su lado con menos pretensiones literarias. No se han dirigido la palabra en todo el trayecto, como si todo se lo tuvieran dicho. Y yo escribo. Retomo mi hábito de escribir sobre las nubes, encerrado en un cacharro de hojalata con ambiente presurizado y virus de la variante delta que, pacientemente, espera a que me quite la mascarilla. La vida se reanuda. Mi novela arranca. Los dos jóvenes comían peras a sabiendas de lo que les espera. Ahora la señora del kindle ronca en perfecta sincronía con su esposo. Yo vuelvo a ser el mismo que observa y escribe, que observa y escribe, que observa y escribe. La vida es pura repetición.

jueves, 29 de julio de 2021

Gritos

Dormitaba en aquel Airbus 320 de la compañía alemana Lufthansa, rumbo a Múnich, cuando de repente, sin saber el motivo, un niño comenzó a gritar:¡Ay papá! ¡Ay papá! ¡Ay papá! Y creo que fue ahí cuando vi el tren. Un tren con una esvástica nazi llegando a una estación con una espesa neblina, que bien podría ser la vía muerta que moría en Birkenau. La vía que llevaba al infierno. El niño sigue gritando: ¡Ay papá! ¡Ay papá! ¡Ay papá! ¿Adónde nos llevan, papá? ¡Tengo mucho frío, papá! ¿Cuándo comeremos algo, papá? -pronto cariño, parece decirle el padre para consolarlo. La madre está inmóvil, pálida como un cadáver; parece una estatua de sal. El tren para. ¡Todos abajo, cerdos! ¡Mujeres y niños a la derecha y hombres a la izquierda! -gritan los soldados de aquella terrorífica comitiva de recibimiento. Ahora la madre parece reaccionar y agarra a su hijo fuertemente de la mano. A empujones y culatazos reciben a los hombres. El padre cae tras recibir un tremendo golpe en la cara. ¡Papaaaaaaá!-grita el niño, mientras es arrastrado por la madre para que no lo vea. Después, al padre le llueven patadas por todos lados hasta que queda inmóvil en el suelo. -¡Papaaaaaá! -grita el niño aterrado mientras su madre intenta cubrirle la cara para que el niño no vea más de lo que ya ha visto. De nuevo oigo los gritos de un niño en el avión. ¡Ay papá! ¡Ay papá!. Sé que estoy en un avión. Sé que vuelo a Alemania, pero no consiguo despertarme del todo. La fila es enorme. Según han oído los van a duchar. Madres e hijos se han de desnudar para entrar en unas enormes salas en las que, tras la puerta, tan sólo se vislumbra una tenue luz ambarina. ¡Tengo miedo, mamá! ¡Tengo mucho miedo, mamá! ¿Por qué nos hacen esto, mamá? ¿Por qué han pegado a papá si es el hombre más bueno del mundo, mamá? La madre se abraza al niño. La puerta se cierra. La luz se atenua. La lluvia comienza y todo termina. El niño del avión vuelve a gritar al tiempo que, por megafonía, anuncian que nos preparemos para el aterrizaje. Al parecer, todo el problema era que, a ese niño rubio platino, la tablet se le había quedado sin batería.

martes, 13 de julio de 2021

El niño que se me aparece

Hay un niño en mi mente. Se me aparece cada dos por tres. Un niño que observa, que escucha y que siente. Un niño que piensa, que escruta, que cuestiona. Un niño que se rebela, que no transige ante la mayoría, aunque esa mayoría sean la fuerza dominante y la jauria que ruge y amedranta. Un niño que se enfrenta, que aparenta no tener miedo, que plantea alternativas, posibilidades, respuestas. A ese niño, envejecido y decrepito, parece que lo quiero conocer. Aún subsiste, aún observa, aún se lo cuestiona todo. Ese niño se me trae un aire. A cada paso que da hacia lo inevitable le tengo más cariño.