jueves, 29 de octubre de 2026
Ana y sus empanadillas
A mi hija Ana no solo le encanta que le haga empanadillas, sino que disfruta trayendo a sus amigas para que las prueben.
En este blog, casi un diario vital, hace más de once años que comencé a narrar la lucha que mantuvimos su madre y yo para que Ana viniera a este mundo. No fue tarea fácil, porque la edad no acompañaba. Sin embargo, con ayuda, Ana llegó. Y llegó para dar sentido a muchas cosas.
Lo supe desde el mismo momento en que, en la pantalla de un ordenador, un biólogo me mostró un puntito brillante que parpadeaba.
Ahora, once años después, Ana ni parpadea cuando se zampa mis empanadillas. Tal vez no sea una receta digna de figurar en la carta de ningún restaurante de postín, pero Ana dice que son las mejores empanadillas del mundo.
¡Amor de padre!
miércoles, 28 de octubre de 2026
La canasta
Fue la canasta, como podría haber sido cualquier otra cosa.
Podría haber sido un gallo correteando junto a la puerta de un canuco. Podría haber sido una niña con una mochila caminando hacia el colegio, de la mano de su hermana pequeña. Podría haber sido un haitiano de cuerpo perfecto, intentando ganarse la vida en Samaná tras huir de la violencia de Puerto Príncipe.
Mis ojos no paraban de buscar referencias que me ayudaran a comprender su realidad, sus ansias, sus sueños, sus necesidades. Mi empatía se desborda en entornos habitados por personas desfavorecidas. Me asaltan mil preguntas. Preguntas hacia fuera y hacia dentro. Hacia el pasado y hacia el presente. Y, en esa búsqueda de respuestas imposibles, me pierdo lo mejor.
Soy un mal turista, lo reconozco.
Todo en mí son contradicciones. Es imposible vivir sin ellas, y quien no lo reconozca sencillamente es porque mira hacia otro lado.
Sin embargo, en República Dominicana he encontrado algo que me ha conectado con miradas mexicanas, uzbekas, mongolas, hondureñas, georgianas: sonrisas.
Sonrisas que me conectan con la parte más inocente de mi ser. Sus sonrisas reabren la puerta de mi infancia y, entonces, quisiera agarrar un balón y lanzarlo contra esa caja que, a modo de canasta, veo clavada en el tronco de un cocotero.
Quisiera lanzar un sedal con un anzuelo y pescar junto a un hombre que intenta llevar la cena a casa; una casa de tablones y chapas, pero que es su casa. Una casa que tal vez se levante sobre un suelo que no es suyo, como tampoco es suyo el futuro.
Por eso digo que no soy un buen turista, porque miro siempre demasiado. Mis ojos escrutan miles de cosas que quizá sería más fácil no ver.
Millones y millones de personas aspiran a una vida con lo mínimo, mientras otros, unos cuantos, las ignoran como si no existieran y aspiran a quedarse con todo.
Libre mercado le llaman.
miércoles, 14 de octubre de 2026
Nadie ve lo mismo
Así se denomina mi nuevo libro. Un libro que no es mío, sino una obra coral escrita por 33 personas y dibujada por mí.
En él, a través de los dibujos y de sus interpretaciones, abordo temas actuales y candentes que están dando mucho que hablar. La mayoría de estos dibujos fueron publicados en el diario La Opinión de Murcia; otros son antiguos y llevaban años durmiendo el sueño de los justos, encerrados en un cajón, y otros fueron creados expresamente para la ocasión.
Noventa y una obras esperando miradas, interpretaciones, valoraciones y críticas.
En Nadie ve lo mismo han colaborado destacadas firmas literarias como Manuel Moyano, Paco López Mengual, Montserrat Abumalham, Jesús Núñez Perea, Isabel María Abellán, Aurora Carrillo, Patricio Peñalver, Mariano Sanz, Isabel Soler, Paz Hinojosa, Antonio Marcelo, Felipe J. Hernández Lorca o Dani Torregrosa.
También he contado con la inestimable colaboración de importantes representantes del mundo del arte y la docencia, como Mara Mira, Juan Belando, Marcos Botella o Francisco José Guillén Martínez. Miradas teatrales y escénicas, como la de Paz Martínez. Miradas ucranianas desde el exilio, como las de Kseniia Berezenko o Mascha Hörlein. Interpretaciones lejanas, como la del profesor de idiomas mongol Manduul Oyunbileg, o las llegadas desde Cuba y México, de la mano de Carlos Santos y Soledad Díaz.
También han participado peluqueras ilustres, como la gran estilista internacional Rut Navarro y su amiga, la arquitecta Ana Remiro, así como la extraordinaria poeta y peluquera griega Cordelia Shibari.
Desde Polonia han participado mi aguerrido compañero de fatigas Artur Szustka y otra gran profesional de la belleza, Aneta Rutkowska. Desde la ciudad del mítico vellocino de oro, Kutaisi, aportó su mirada la artista Mariami Gventsadze. Desde Bielorrusia nos hizo llegar su contribución la gran pintora y estilista Anna Zaharchuk.
Desde la incomparable Córdoba se sumó al proyecto el profesor y escritor Miguel Cobo Rosa. Y, por si faltaba financiación, también contamos con la inestimable colaboración de una bancaria, Inmaculada Hellín Sánchez, que nos advirtió de que no hay que dejarse llevar por las apariencias.
Y, cómo no, mi pequeña Ana María, con sus once añitos de experiencia vital a sus espaldas, no quiso perderse la oportunidad de comentar el collage La vacuna contra el odio, que, según ella, buena falta nos hace.
Mil gracias a la Editorial Tirano Banderas y a todas las personas que habéis hecho posible este bonito proyecto.
Es tan mío como vuestro.
miércoles, 30 de septiembre de 2026
Remordimientos
Pantalla en blanco.
Puedo escribirlo todo. Explayarme. Lucirme. Perderme.
Mis dedos cabalgan desbocados sobre el blanco níveo de la pantalla. Me quito las gafas. Veo mejor sin ellas. Escucho música. El guatemalteco Ricardo Arjona me inunda de recuerdos y de sentimientos encontrados.
Puedo escribir del pasado, del presente y del futuro. Inventarme personajes extravagantes. Matar. Odiar. Amar. Besar. Reñir. Declarar guerras y firmar la paz.
Pero hoy no sé de qué escribir. No encuentro el camino. Solo inundo la pantalla de palabras encadenadas que intentan enviar un mensaje a alguien desconocido. Alguien que tan solo me lee por puro aburrimiento, mientras escucha a Supertramp, a Pink Floyd o a otros de esa época.
Me pongo un café. Tal vez ese desconocido que supuestamente me lee también se lo esté tomando.
Quito la música, porque más que ayudarme a concentrarme me está sacando del carril. Ahora disfruto del silencio, un silencio únicamente violado por el acompasado ruido del teclado.
Soy bueno con los dedos porque hice mecanografía. De hecho, estuve a punto de ir a un campeonato representando a mi academia.
«Academia Climent, campeones del mundo», alardeaban en su publicidad.
Al final, me arrebató la plaza una compañera que hizo dos pulsaciones por minuto más que yo. Aún me cuesta entender cómo podía escribir tan rápido con esas uñas tan largas.
Pero en la vida siempre suceden cosas que no entendemos. Tal vez ahí está el problema: en pretender entenderlo todo.
Esta mañana no consigo entender el motivo que me ha llevado a escribir esto, como tampoco he conseguido comprender otras veces qué me ha llevado a hacer una cosa y no su contraria.
Puede que por pura intuición. Puede que por descerebrado. Puede que por impulsivo. Puede que por comodón.
Aquí estoy, yo, escribiendo sobre nada cuando podría estar haciendo un arco de iglesia.
Les juro que siento remordimientos.
martes, 29 de septiembre de 2026
Feria "Bonica" 2026
Una feria más. Soy un feriante. Un mercader de cultura. Un adalid del respeto y la empatía llevados al papel. Y del papel al lector, al público y a la gente.
Presentaré un libro balsámico, titulado Nadie ve lo mismo, necesitado de miradas reflexivas, de mentes abiertas y de 16 eurazos, que todo hay que decirlo.
Lo mejor es que, con cada libro, aportaremos una «Plumpy Nut», con su superpoder de cacahuete, para apoyar campañas de ayuda a los más necesitados.
Por tanto, este será un libro solidario, escrito por personas de un montón de lugares, países y religiones, al que yo únicamente he puesto mis dibujos y mis collages.
Contará con un prólogo magistral de Mara Mira, crítica de arte, profesora y persona a la que admiro profundamente, y con otras 32 soberbias colaboraciones, por las que me siento profundamente agradecido.
Os espero, con todo mi cariño, en la Feria del Libro de Murcia, en la caseta de la Editorial Tirano Banderas:
📚 Viernes 9 de octubre, de 17:00 a 18:30 h
📚 Domingo 11 de octubre, de 18:30 a 20:00 h
¡Nos vemos!
miércoles, 23 de septiembre de 2026
Otoños
Aunque hace tiempo que no lo escucho ni lo leo, antes se contaba la vida por primaveras: «¡Tiene 15 primaveras!». ¿Y por qué no en otoños, o en inviernos, o ni tan siquiera en veranos? Pero a lo que iba, que me tuerzo: el otoño ha llegado y el calor sigue aquí. Es como si el verano jugara a resistirse, a fastidiar, como el abusica del colegio. No se conforma con habernos achicharrado noche y día; aún quiere más, sin lástima, sin remordimiento alguno. El otoño debería sacarle los dientes y no dejarse amedrentar. Lo suyo sería que, de un día para otro, se dieran la mano, hicieran las paces, firmaran la capitulación y cada uno a lo suyo. A ver si pudiera ser...
lunes, 21 de septiembre de 2026
Podría ser un tractor
El primer libro que escribí fue para mis compañeros. Siempre, en mis charlas de motivación, les hablaba de la importancia de la lectura. Un vendedor-asesor debe dominar el lenguaje y la comunicación, y para ello no hay nada mejor que leer. De ahí nació Vidas ordinarias, un libro de diez relatos escritos en México, un país que me cautivó y al que dediqué más de 20 años de mi vida.
Siempre he intentado integrar y alinear mi vida profesional con mi vida creativa. He aprovechado viajes de trabajo para visitar museos, descubrir parajes increíbles o pasearme por poblados autóctonos, con el propósito de impregnarme de toda esa riqueza que llamamos diversidad.
Mis dibujos, collages y esculturas también los he llevado a mi terreno profesional, con el afán de transmitir cultura en cualquier formato. Incluso he utilizado la performance como recurso para intentar que mis mensajes calaran más profundamente en las emociones de mis compañeros y de mis clientes.
Todo esto que les cuento viene a colación de una preciosa anécdota que me ha sucedido esta semana.
En 2012, a dos compañeros que destacaron por sus resultados les regalé dos de mis esculturas. La más grande siempre la he recordado, pero no así la más pequeña, que es como si hubiera desaparecido de mi memoria.
Esta semana, trabajando con Juan Rodrigo Ruiz por tierras andaluzas, recordamos aquel momento. Él me habló de su escultura y yo me quedé en blanco. Me la describía, pero yo no la reconocía. Así que, cuando regresó a su Burgos natal, me envió estas fotografías.
Ese reencuentro fue emocionante. Fue como si, de repente, en plena calle, me hubiera encontrado con un compañero del colegio al que no hubiera visto desde hacía más de 50 años.
Lo bonito, además, fue el comentario de Juan: él siempre ha relacionado la escultura con su abuelo, un hombre de campo que trabajaba manejando un tractor.
Y eso me encantó.
Un objeto artístico convertido en un recuerdo. Y un recuerdo convertido, con el paso del tiempo, en una bonita historia.
jueves, 17 de septiembre de 2026
Chorizo
¡Eres un chorizo! Esta expresión se suele utilizar contra alguien amante de lo ajeno. Chorizo como algo despectivo, como algo malo.
Hoy pretendo reivindicar desde aquí al chorizo. Al chorizo de pueblo, a la brasa. Al chorizo pinchado con un palo sobre un fuego. También al chorizo de Cantimpalo, al chorizo ibérico, a los jabuguitos, al pamplonés, incluso al Revilla.
Quizás al Revilla le tenga un cariño especial, ya que mi abuela Mercedes me arrojaba por la ventana, al patio del colegio, todos los días, a eso de las once de la mañana, un bocata con pan del día, bien preñado de chorizo Revilla.
Es lo que tenía vivir en un edificio que colindaba con el patio del colegio. Ni que decir tiene que mis compañeros se morían de envidia ante mi ventaja logística y culinaria.
Ayer, en Venta Quemada, disfruté como un enano comiéndome medio bocadillo de chorizo a la plancha. ¡Menudo lujo!
Donde esté un buen chorizo de pueblo a la brasa, que se quiten todos los burriquin y todos los mardonal.
¡Viva el chorizo, copón!
miércoles, 2 de septiembre de 2026
El bar de la vida
Escribir le resultaba cada día más tedioso. Su cerebro, seco como un espartal de Mazarrón en pleno agosto, no daba más de sí. El que había sido considerado, en los círculos culturales de la región, una joven promesa de la literatura, se encontraba perdido entre un mar embravecido de letras. Nada de lo que escribía le convencía. Las palabras en su mente no encontraban acomodo, ni orden, ni camino. Su cerebro amontonaba ideas que no encontraban recorrido alguno.
Su elevada autoestima, su imagen de triunfador, el apoyo de los medios de comunicación y de la crítica comenzaron a desvanecerse. Y él sintió vértigo. El suelo de la intrascendencia se abría bajo sus pies. Su futuro exitoso se desvanecía. Se sentía solo, como un niño perdido en un bosque al anochecer.
Solo. Vacío. Fracasado.
Apremiado por la escasez de recursos, decidió aparcar las letras por una temporada. Muy a su pesar, aceptó un trabajo de camarero en un bar. El local le quedaba cerca, tan solo a dos manzanas de la casa que compartía con Nuria, una joven promesa de la pintura —que ya ni era tan joven ni tan promesa—, y con Juan Carlos, un eterno aspirante a funcionario de prisiones que, para mantenerse, trabajaba en Burger King y, por las noches, de segurata en un antro de mala muerte.
Él no había trabajado nunca de cara al público y aquella experiencia, desde el primer momento, le sorprendió. Se dio cuenta de que cada cliente le regalaba un personaje, una historia, un contenido, una posibilidad.
Día tras día, su cerebro, machacado por la teoría y por la ortodoxia, se fue oxigenando de realidad. La señora que se escondía para vaciar su monedero en las tragaperras. El maestro jubilado que le contaba historias de su juventud en el Sidi Ifni. El albañil que fardaba de las putas que visitaba cada semana. Las acaloradas conversaciones sobre política, fútbol, la Agenda 2030, los putos incendios, los unos contra los otros.
A veces llegaba al piso oliendo todavía a fritanga y, sin ducharse, se lanzaba a escribir todas aquellas historias. Historias reales que superaban cualquier ficción.
Aquel bar de barrio, en tan solo unos meses, le había enseñado más que cinco años de universidad.
Y Alfredo Cifuentes volvió a brillar. Su libro "El bar de la vida" fue reconocido por la crítica como más maduro, más auténtico y, sobre todo, más humano.
martes, 1 de septiembre de 2026
La Pintada será un libro
Hace un momento, en la tienda de mi pueblo, acabo de comprar el diario La Opinión de Murcia. Raudo y veloz, cual liebre en campo abierto, miro detrás de la portada y, ¡zas!, aparece otro de mis dibujos: el número 73.
Sonrío, casi ruborizado, mientras, aún en mi coche y rumbo al trabajo, pienso en lo mucho que me ilusiona este proyecto.
Todas esas «Pintadas», y algún otro trabajo que no se ha publicado en el periódico, formarán parte de un libro que llevará por título Nadie ve lo mismo. En el libro, que pronto enviaré a la editorial Tirano Banderas, los dibujos aparecerán comentados por personas de lo más variopintas y de diferentes nacionalidades: escritores, pintores, escultores, arquitectos, periodistas, peluqueras...
Diferentes miradas y diferentes formas de interpretar un dibujo. Miradas tan dispares como los miles de lectores que cada día se asoman a las páginas del diario La Opinión de Murcia y que, por un instante, reparan en ese dibujo tan extraño que aparece entre columnas de opinión, sin tener nada que ver con ellas, pero que pretende transmitir una idea, una reflexión, una crítica o, simplemente, provocar una sonrisa.
Y es que me meto en cada lío que no veas...
jueves, 27 de agosto de 2026
A veces me da por pensar
Soy un hombre plagado de contradicciones. En ocasiones me fustigo cuando debato conmigo mismo sobre lo que soñaba ser y en lo que, en realidad, me he ido convirtiendo. En una escala de 0 a 100, yo diría que soy el cero por ciento de lo que anhelaba ser en mi juventud. La vida me ha ido arrastrando y yo me he dejado llevar. Tal vez por comodidad, por egoísmo, por inconsciencia y por quién sabe qué.
Sin embargo, en muchas de esas conversaciones en las que me siento al fresco —lo de «al fresco» en Murcia es un decir— a hablar conmigo mismo, le doy valor a lo que soy, aunque sienta cierta nostalgia por lo que dejé de ser. A eso me refería con lo de mis contradicciones.
Me consuelo al pensar que, en el fondo, pese a esas colosales diferencias, encuentro un poso común, unos rescoldos de inocencia e inconformismo que todavía me caracterizan. Soy, por tanto, un hombre tan contradictorio como el tiempo en el que nos ha tocado vivir, con los pies en el pasado, henchido de nostalgia y la cabeza pelada de tanto pensar.
Puede que ya quede menos para encontrarme y para aceptarme.
martes, 25 de agosto de 2026
Turismofobia
Dice el refrán que todos los excesos son malos. Abusar tiene sus consecuencias. Las ciudades, convertidas en factorías para satisfacer al turista, están tensando demasiado las costuras de la convivencia. Vecinos desplazados frente al turista. Vale más un turista que cien vecinos. Y, claro, esto no puede ser. Las hordas de turistas arrasan con todo. Un poquito de orden, por favor. No vaya a ser que nos pase lo mismo que a la gallina de los huevos de oro.
lunes, 24 de agosto de 2026
Segán de Arriba
El lujo tiene muchas versiones. El mío, por poner un ejemplo, es pasar unos días en la pequeña aldea de mi tía Estrella, Segán de Arriba, en la provincia de Lugo.
Mi tío Pedro, hermano de mi padre, conoció a Estrella cuando ambos emigraron a Barcelona para trabajar. Ella, desde Galicia; él, desde Murcia. Después de conocerse, decidieron migrar aún más lejos, en busca de mejores condiciones y un mejor salario, y se marcharon a Suiza. Allí dejaron sus mejores años hasta que, con unos buenos ahorros, decidieron regresar para afincarse en Murcia.
Pero a mi tía, cómo no, le tiraba su tierra. Así que, tras fallecer sus padres, fue consiguiendo las partes de la herencia de sus hermanos hasta quedarse con la casa que la vio nacer.
Tras una importante remodelación, ahora mis tíos pasan la mitad del año en Murcia y la otra mitad en Galicia.
Estrella, nada más llegar, antes de que acabe la primavera, planta su huerto.
Un huerto que representa, más allá de su modesta pero deliciosa producción, una vuelta a sus orígenes, a la tierra, a la tradición, a su infancia. Ya le quedan pocos familiares en la aldea, pero ella está allí, con su presencia, rindiendo homenaje y tributo a todos los que se fueron.
¡Menudo lujo!
martes, 4 de agosto de 2026
José Fernández Belmonte
Si buscan a un tal José Fernández Belmonte, supuestamente artista gráfico y colaborador del diario La Opinión de Murcia, están en lo cierto. Aunque también debo aclararles, a vuestras mercedes, que si lo que andan buscando al asomarse por estos lares es a un tal José Fernández Belmonte, murciano y autor, entre otros libros, de Réquiem por un guerrillero olvidado, De Samarcanda a La Raya, Del Bar Josepe al Cielo, Malditos tábanos, Haciendo cola para soñar, Momentos de ida y vuelta o Vidas ordinarias, también van bien encaminados.
Si buscan a un exlíder ecologista, de cuando los ecologistas aún no eran perseguidos y acosados por medio mundo… Si buscan a un exfutbolista picapedrero y tuercebotas. Si andan buscando a un tipo que se gana la vida vendiendo champú por medio mundo… Sí, creo que han llegado al sitio correcto.
Espero haber cubierto plenamente todas sus necesidades informativas respecto a mi persona.
Atentamente, el afectado.
viernes, 31 de julio de 2026
jueves, 30 de julio de 2026
Desesperación
Anochecía. Las sombras invadieron el valle al mismo tiempo que una cálida brisa dotaba de sinuosos movimientos a una arboleda de olmos centenarios. El imponente ulular de un búho y el aullido desesperado de un grupo de cimarrones tensaban el ambiente. Mis pisadas resonaban como si mis ochenta kilos se hubieran multiplicado por cien. En la última revisión médica me habían acusado de padecer obesidad en grado uno, cuando el año anterior pesaba un kilo menos y no me dijeron nada. La temperatura y la humedad me provocaban un sudor descontrolado. Cada paso me costaba más. Estaba perdido, sin batería en el móvil y sin pilas en la linterna. Caminar a oscuras por ese bosque, a no sé cuántos kilómetros del núcleo habitado más cercano, no me hacía ni pizca de gracia. Por mi cabeza, como un torbellino, empezaron a acudir ideas de lo más descabelladas. Los aullidos de los cimarrones comenzaron a tornarse en ladridos; unos ladridos que sentía cada vez más cerca. He de reconocer que nunca me gustaron los perros, de hecho los odio desde que Tobi, un viejo pastor alemán que se pasaba la vida amarrado en el lavadero de coches que había debajo de mi casa, me ladrara como un condenado cada vez que iba o regresaba del colegio. Volver al coche, averiado desde el inicio de aquella absurda marcha nocturna que había emprendido por puro aburrimiento, empezaba a parecerme la mejor opción. La noche se estaba echando encima. Sin cesar en la marcha, agarré una barrita de cereales que llevaba en la mochila, y la devoré en un plisplas. Y fue en ese fatídico instante en el que pisé la maldita piedra. Ipso facto sentí como mi tobillo se quebraba. Me acordé de mi sobrepeso. Me acordé de la cara del médico que me hizo la revisión. Me acordé de mi exesposa y del cabrón de su novio. Me acordé de la maldita hora en la que me dio por subirme al coche y lanzarme sin rumbo a conducir por aquel camino de montaña por el que en mi vida había transitado. Ni yo ni creo que nadie desde hacía años. Muerto de dolor, sudando a mares, sin poder caminar, y rodeado de una pasmosa oscuridad, me senté en una piedra. Los perros asilvestrados ladraban cada vez más cerca. El pánico de mi infancia, como en una especie de regresión, comenzó a invadirme. No sé de dónde saqué fuerzas para incorporarme. Con la única ayuda de mis brazos trepé a una encina justo segundos antes de que llegaran los perros. Aquellos perros asilvestrados, que intentaban recuperar al lobo ancestral que llevaban dentro, iban liderados por un perro idéntico a Tobi. El resto, pude contar hasta siete diferentes, eran perros sieteleches excepto uno que parecía un gran caniche de color marrón, y que aún conservaba un collar. La jauría ladraba mostrando sus dientes, y saltando hacia el tronco de aquella encina que, de momento, me había salvado. Del miedo que tenía, dejé de preocuparme por el calor, y por el futuro de la humanidad. El líder de la manada tenía fijación por mí y saltaba más que un canguro. De repente, me pareció ver una luz, pero pronto desapareció. Los perros seguían acosándome y yo me abrazaba a la encina como haría un naúfrago a una tabla en alta mar. De nuevo me pareció ver la luz y a mis oídos llegó nítido el sonido de un motor. Los perros ladraban y saltaban como si les fuera la vida en ello. Hacía tiempo que no me sentía tan importante para nadie. El ruido resultó ser el de una moto; un ruido que siempre había detestado y que ahora me parecía un sonido angelical. Los cimarrones, al ver aparecer por el camino la luz y ese sonido tan ensordecedor, salieron disparados hacia él. Apenas distinguía su silueta entre la oscuridad. Entonces sonó un disparo. Despúes, un aullido lastimero. Los perros salieron en estampida, a excepción de aquel pastor alemán que ya no lideraría nunca más aquella partida de canes forajidos. -¡Socorro! -grité desesperadamente. -¿Quién anda ahí? -exclamó el motorista. -Pues eso es, amigo, que no puedo andar. Tengo una pierna rota y estoy subido en una encina. Esos malditos perros me querían comer -le dije. Rápidamente, aquel joven, que resultó ser el guarda de aquella enorme finca forestal me enfocó con la linterna. -¿Es usted el dueño del coche que hay abandonado en la vaguada del abrevadero? -me preguntó. -Sí, se me rompió junto a un viejo abrevadero de ganado. -¿Y se puede saber qué diablos hace usted por aquí a estas horas? ¿No sabe que está usted dentro de una propiedad privada? ¡Anda, déjeme ayudarle a bajar de ahí!
Y así acabó la historia. Como decía mi exmujer, no sin parte de razón, voy de mal en peor.
jueves, 16 de julio de 2026
Todo y nada
Siento que he perdido fuelle. Ya no soy el mismo. Me falta frescura, creatividad. Mis textos han perdido el punch de antaño, esa capacidad de sorprender al lector. Lo único que conservo es la constancia de escribir y el deseo de reencontrar el camino de la virtud.
Hay etapas vitales y sociales que condicionan nuestra escritura y nuestra manera de pensar. Etapas en las que creemos que todo es posible y otras en las que sentimos que ya nada tiene arreglo. La montaña rusa de la vida. Hoy, todo; mañana, nada. Sístole y diástole. Noche y día. Los antagonismos de nuestra insignificante existencia. Todo es efímero.
miércoles, 8 de julio de 2026
Preguntas y más preguntas
¿Verdad o mentira? ¿Quién tiene razón? ¿Quén marca los límites? ¿Qué futuro nos espera? ¿Mejor o peor? ¿Qué planeta les legaremos a nuestros hijos? ¿Por qué hemos dejado que el dinero lo consiga todo? ¿Qué tiene el poder que nos vuelve locos? ¿Tan insignificantes somos las personas? ¿Tan importante es el color, la religión, el sexo, o su origen? ¿Quén reparte los títulos de personas aptas para aspirar a un futuro mínimamente digno? ¿Qué haremos con los desheredados de este monstruoso sistema que lo canibaliza todo? ¿Cámaras de gas? ¿Más hambrunas? ¿Los enviamos a Marte? -Dime papá, es que no entiendo nada... -Yo tampoco, mi niña, yo tampoco...
lunes, 6 de julio de 2026
Mercero y escritor
Admiro a Paco López Mengual. Lo admiro tanto en lo personal como en lo literario. De él, como persona, destacaría su sencillez, su cercanía y su generosidad. De sus libros destacaría lo mismo. Leer sus novelas o sus cuentos es como escucharle en sus variados recorridos literarios por las calles de Murcia, de Cartagena, del cementerio de Molina —con nocturnidad y alevosía— o por las estribaciones de la Sierra de la Pila, rememorando las viejas hazañas de los bandoleros.
Paco es de hablar y de escuchar. Es de echar una mano. Es de impulsar la cultura y de aportar dinamismo. Confieso, con orgullo y sin ruborizarme, que lo considero uno de mis grandes referentes, no solo como escritor, sino también como persona. Como decía mi madre: «Quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija».
miércoles, 1 de julio de 2026
¡Mamá teta!
Sigo avanzando con mis publicaciones gráficas en el Diario La Opinión de Murcia. La Pintada se ha convertido en una ventana abierta a los lectores de este diario desde la que se divisa mi mundo interior. Imagino sus caras de sorpresa, sus reflexiones personales al contemplar mis dibujos o mis collages. Al escribir estas líneas, ya se han publicado 43. Nunca imaginé que algo así pudiera ocurrir.
Siempre he realizado collages y dibujos sin tener formación artística. Lo hago como una forma de terapia. A veces necesito escribir para desahogarme y, en otras ocasiones, cuando las palabras se me atascan o no adquieren la forma que necesito, me refugio en la tinta china o en las tijeras y el pegamento de barra.
Al final, sin que haya una razón aparente, siento la necesidad de expresarme, de confrontarme, de exponerme, de decirle al mundo que vivo, que sufro, que respiro y que, pese a todo, no pierdo la esperanza de que, entre todos, podamos hacer de este mundo un hogar en el que nadie se sienta excluido.
lunes, 29 de junio de 2026
La vida que no es tan vida
La vida a la carrera. Sin tiempo para lo importante y de sobra para lo superfluo. Creando enemigos de ficción para ocultar la raíz de los problemas. Aparentado vidas de ensueño que nos quitan el sueño. Sin tiempo para una lectura, una partida de cartas, un abrazo chillao, un momento de calma, mientras nos dejamos la vida en pantallas infinitas cargadas de mentiras y de sesgos malintencionados. Existe un mundo al margen de las tendencias, de lo que se supone que hay que hacer. Un mundo propio, único, sin alaracas, sin exhibicionismo, sin likes, sin inversiones, sin famosos de mediopelo. Un mundo real, de carne y hueso, con risas y llantos, con esfuerzos y con siestas de baba. Con colas en la carnicería, con charlas en la peluquería, con vecinas que comparten recetas y que llaman al mediodía pidiendo un poco de perejil. Un mundo sin raiders, sin Amazon, sin comida prefabricada, sin Bitcoin, sin salvapatrias, sin tipos duros, sin todólogos que no saben de nada. Existe una vida distinta al alcance de todos. Tan solo hay que atreverse a buscarla entre la abundante maleza de lo irreal.
jueves, 18 de junio de 2026
De nuevo en Varsovia
Heráclito, que era un tío listo, dijo:"Ningún hombre pisa dos veces el mismo río, porque no es el mismo río y él no es el mismo hombre". Esta mañana me he asomado por enésima vez a esta ventana del hotel Campanile, en Varsovia, y he visto otra ciudad, otras personas corriendo al trabajo, y lo hacía con una mirada distinta. Nada vuelve a ser igual. Todo fluye, como el agua de un río infinito. Evoluciona y se transforma ante nosotros. La Varsovia de hoy no es la Varsovia que conocí hace casi 17 años, ni yo tampoco.
viernes, 29 de mayo de 2026
lunes, 18 de mayo de 2026
La olivera gorda de Ricote
El encanto de Ricote es cautivador. Su historia, su paisaje, sus montañas y su gastronomía seducen al viajero, sea cual sea su origen o condición.
Ricote no sería Ricote sin su “Olivera Gorda” y sus leyendas. Resulta emocionante situarse frente a un árbol que tiene 1.400 años de antigüedad. Si esta olivera tuviera ojos, ¿cuánto habría visto? ¿Quién plantó este árbol?
Nuestras raíces musulmanas son también sus raíces. El Valle de Ricote fue uno de los últimos reductos moriscos de España, ya que en sus fértiles tierras habitaron hasta su definitiva expulsión por el rey Felipe III en el siglo XVII.
El esplendor de Ricote y de su más ilustre hijo, el sabio Al-Ricotí, bebe de las místicas fuentes del sufismo. El propio rey Alfonso X el Sabio lo tuvo como referente y asesor, y fruto de esa estrecha relación le encomendó la misión de crear el Estudio General trilingüe de Murcia, considerado la primera universidad de la región.
El rey castellano sufrió presiones por su relación con el sabio de Ricote, por lo que le solicitó con vehemencia que se convirtiera al cristianismo, algo que Al-Ricotí rechazó, exiliándose en el Reino nazarí de Granada.
Otro sabio entre los sabios que nació en Ricote fue Ibn Sabin. Me apasiona pensar, cuando miro sus huertos, sus acequias y sus palmeras; cuando subo hasta lo alto del cerro en el que se convierten en polvo los restos de su castillo, que Ricote fue una fascinante cuna del saber.
¿Cuánto sabrá de nuestra historia su Olivera Gorda?
lunes, 27 de abril de 2026
Involución
No sé si me estoy perdiendo algo. Tal vez no veo, escucho o leo a determinados medios y personajes. Tal vez esté despistado y no sea capaz de interpretar lo que sucede a mi alrededor. Puede que me falte raciocinio o sentido común. La cuestión es que pienso que los problemas que nos acechan no vienen por ahí.
Los problemas reales que nos amenazan se distorsionan, se difuminan, se pervierten y se minimizan, y se inventan otros basados en el miedo y el odio. Destruir es mucho más fácil y barato que construir. Odiar es más fácil que amar. Discriminar y segregar es mucho más fácil y rápido que cohesionar e integrar. El miedo es un emulsionante social de acción rápida: crea un enemigo y ya. Divide y vencerás.
Mientras esto sucede, no queda un río sin contaminar, ni un ecosistema que no esté en peligro. Respiramos aire con niveles de toxicidad insoportables, esquilmamos los recursos naturales, hablamos de desregular, de cuestionar los derechos humanos, de liberalizar aún más los mercados.
Yo debo de ser un perro verde, un bicho raro, un infeliz que mira con asombro nuestra incapacidad para distinguir el bien del mal. Prefiero la diversión a la inversión; el amor al dolor; la paz a la guerra; la sonrisa de un niño a la mueca impostada de un banquero; un poema a un fusil; un beso a un insulto; los intereses de un jubilado a los de un político.
Soy incapaz de aceptar que la sociedad ha comenzado a involucionar. Me niego a pensar que no seamos capaces de escuchar el tic-tac del reloj que amenaza con acabar con el Estado de derecho. Detrás de la era de la posverdad se escondía un inesperado regreso a la Edad Media. ¿No habrá nadie capaz de parar esta locura?
lunes, 13 de abril de 2026
La pintada
Aún no quepo en mis gozos. Tras más de 30 años haciendo collages y dibujos como terapia, estos trabajos han encontrado un medio por el que llegar a la mirada del gran público. Gracias al diario "La Opinión de Murcia", daré vida a una pequeña sección titulada "La pintada", en la que irá apareciendo una selección de entre los cientos y cientos de dibujos y collages que atesoro en los cajones de mi estudio. Sé que seré juzgado, alabado y criticado. Sé que me adentro en un espacio nuevo y me enfrento a un gran reto. Lo sé y lo asumo con la humildad y la honestidad que me caracterizan. No soy un artista, ni un dibujante, ni un diseñador gráfico: simplemente me expreso; a veces escribiendo y, en otras ocasiones, dibujando y recortando. Para mi no hay diferencia: me expreso con libertad y sencillez, como respuesta al mundo tan hermoso, tan complejo y en ocasiones tan desgarrador, que nos rodea. Mil gracias a Paco Lopéz Mengual y a Ángel Montiel por haber hecho posible esta nueva aventura, en la que me embarco sin chaleco salvavidas, haya sido posible.
jueves, 26 de marzo de 2026
Medio millón de momentos
Imagino, por un momento, a un montón de gente, durante un montón de tiempo, leyendo este blog. Algunos desde el jardín, tomando un té. Otros sentados en el frío y níveo inodoro, leyendo el móvil. Otros tumbados en la cama, con la manta hasta el cuello. Imagino —lo sé de buena tinta— lo difícil y complicado que debe de ser conseguir un lector. No alcanzo a imaginar la billonada de cosas más interesantes que la gente tiene para ver y leer que este humilde blog. Sin embargo, ellos y ellas van y me regalan su lectura. Lo hacen sin sueldo, sin amenazas y sin compromiso alguno. Lo hacen de motu proprio, y me parece increíble.
Soy, por tanto, afortunado por haber resistido el embate de la apatía —que me llevaba de cabeza al abandono— y por aguantar estoicamente el paso del tiempo, aporreando teclas con mayor o menor fortuna. Estoy feliz de no conseguir nada y de conseguirlo todo. De avanzar sin saber hacia dónde. De tener las manos diestras y la mente lúcida para seguir escribiendo.
Medio millón de visitas son una mierda maravillosa. Migajas de cultura arrojadas al infinito foso del mundo digital. ¡Larga vida a este blog y a todos sus lectores!
martes, 17 de marzo de 2026
Ida de olla
He pensado en ponerme a prueba. Exigirme una publicación de nota: escribir un texto de envergadura, inspirador y motivador, que rompa la monotonía del lector medio. Exponer un planteamiento disruptivo basado en mi abigarrada experiencia profesional. Que lo entienda tanto un español medio como un mexicano o un mongol con la misma preparación.
Se trataría, por tanto, de exponer hacia dónde va el mundo. Hablar de lo incierto de nuestro futuro, si es que alguna vez fue cierto. Plantear escenarios idílicos desde un entorno apocalíptico.
Sé que es exigirme demasiado. Soy consciente de mis desmedidas autoexigencias y de sus expeditivos resultados. Pero es difícil que uno cambie, sobre todo a determinadas edades. Si en lo individual cuesta cambiar, en lo colectivo ni te cuento.
¿Cómo cambiar el relato de la historia de la humanidad, jamás contada, si aún no se ha contado? Si todo está todavía por escribir, incluida —en esa historia— esta publicación que iba para nota, pero que se ha quedado en agua de borrajas.
En mis soliloquios siempre me digo lo mismo: “Pepe, tranquilo, deja de fumar esas hierbas aromáticas, que se te va la olla”.
lunes, 16 de marzo de 2026
Abstracción
Ejercicio de abstracción mental. Voy a imaginarme, por un ratito, que no hay guerras en el mundo. Que los del Nobel conceden 8.000.000.000 de premios de la paz. Uno para cada uno de los mortales que aún sobrevivimos en este planeta azul que va tornando a gris.
Voy a imaginarme un mundo lleno de risas y abrazos. Un mundo plagado de gente solidaria que se implica en la solución activa de los problemas del medio ambiente y de la desigualdad social.
Por seguir imaginando, para profundizar más aún en este ejercicio de abstracción, imaginaré a varios mandatarios de grandes potencias recluidos en una amplia y cómoda celda con vistas a Longyearbyen, en el archipiélago de Svalbard.
En serio les digo que lo estoy intentando. Les aseguro que aprieto los ojos, masajeo mis sienes haciendo círculos de derecha a izquierda y de izquierda a derecha. Inspiro y expiro con calma.
He encendido una docena de barritas de incienso. He puesto música New Age que no era tan nueva. Me he sentado, con todo el dolor de mi corazón, en la postura del loto, sintiendo cómo se reventaban literalmente mis aductores.
Durante veinte minutos únicamente ha salido de mi boca el mantra OMMMMMM.
Pero ni con esas. Vamos, que no hay manera. Es que no se me van de la cabeza todos esos locos que nos quieren hacer la vida imposible, con tanta guerra, tanta mentira y tanta puñeta.
¡Que no puedo, joder, que no puedo!
lunes, 9 de marzo de 2026
A la deriva
Prefiero pensar que todo va a pasar. Que los locos que dirigen el mundo, como antaño, serán encerrados, tratados con electroshock, amarrados con camisas de fuerza o medicados con opioáceos de amplio espectro. Debemos de andar muy despistados, o estar demasiado entretenidos con nuestras mascotas y las redes sociales, para haber dejado que los locos tomen el poder a nivel global.
Los nuevos gurús del neoliberalismo salvaje, en su máximo esplendor, disfrutan destrozando normas, leyes, tratados, decretos y equilibrios para generar el caos que les permitirá alcanzar el tan ansiado control mundial. Hemos creado monstruos con capacidades descomunales, con recursos ilimitados, que controlan lo que pensamos y que nos quieren convertir en máquinas de trabajar y de consumir basura. Y ellos por un lado, y la IA por otro.
Vamos avanzando a la deriva, más a la deriva que nunca, mientras surgen nuevas guerras, nuevos miedos, nuevas drogas, nuevos dioses redentores y nuevos pobres: más pobres que nunca, con más miedo que nunca, más débiles que nunca y más indefensos que nunca.
De joven —disculpen mi actual pesimismo— soñaba con un mundo mejor. Ahora el sueño es sobrevivir a tan colosal vorágine de locura.
lunes, 16 de febrero de 2026
lunes, 9 de febrero de 2026
Cuidado con las picaduras
Mis tábanos, lo advierto, siguen picando. Pican con disimulo, unos pican en la cara y otros pican en el culo. Pican y te chupan la sangre pero te hacen reír. Algunos afectados me hablan de situaciones de amnesia, sopor y alucinaciones mientras leían la novela. Otros, incluso, me hablan de ataques incontrolados de risa. La cuestión es que mis tábanos, tal y como me temía, están haciendo de las suyas. ¡Larga vida a mis tábanos!
jueves, 29 de enero de 2026
Haciendo camino en Almaty
Camino. Hace un frío de mil demonios, pero brilla el sol. Las palomas bravías se afanan en buscar algo de alimento bajo la nieve. Un ánade real sacude las alas, como para desentumecerlas.
Camino meditando, cual monje budista, en dirección al hotel, y no paro de preguntarme: ¿dónde acabarán los caminos?, ¿para qué tanto caminar?
En tres horas sale mi vuelo de regreso y no he conseguido conciliar el sueño; si bien es cierto que, durante los tres vuelos que tengo por delante, alguna cabezadita podré echar. Pasan los minutos y las horas, dando vueltas y más vueltas en la cama, apagando y encendiendo la luz una y otra vez, bebiendo agua cada dos por tres porque esta maldita calefacción me deja la boca como un estropajo.
Leo el correo. Ojeo la prensa. Repaso el equipaje para no dejarme nada olvidado. Mi agenda está que no le cabe un alfiler. Afuera, el termómetro marca doce bajo cero. Intento, durante el duermevela, no hacerme preguntas absurdas ni abusar de la filosofía low cost.
El insomnio me está ganando la partida. Acaba otro viaje, otro día, y otro sueño que no ha llegado a serlo. Todo comienza y todo termina. Y, de nuevo, incontroladamente, me vuelvo a preguntar: ¿dónde acabarán los caminos?, ¿para qué tanto caminar?
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