miércoles, 29 de octubre de 2025
Sin frescura
Me estoy convirtiendo en un higo seco. Ya no tengo la frescura ni la espontaneidad de antaño. Cuando leo los relatos que era capaz de escribir, hace más de una década, me sorprendo de la originalidad y la ironía de la que hacía gala. Ahora soy otro; no llego ni a la cuarta parte de lo que fui. Estoy, si acaso, en lo mejor de lo peor. Aun conservo un ápice de ilusión para empujar de este santuario figurado de nihilismo y de contradicciones. Reconozco que este blog ha dado mucho de sí. Mucho más incluso de lo que nunca imaginé. Quizás por ese motivo siga aporreando teclas sobre esta página en blanco, soñando con un renacer, con una nueva juventud, con nuevas y fecundas fuentes de inspiración que ejerzan de revulsivo para volver a publicar relatos a la altura de mis escasos lectores. Escribo como ejercicio de resistencia. Escribo como fe de vida.
lunes, 27 de octubre de 2025
Tentetieso
Recuerdo con cariño este juguete, asociado a los primeros meses de la infancia. Los bebes, con los ojos abiertos como platos, observan su continuo vaivén; miran su eterno balanceo como una advertencia, o quizá como un mensaje subliminal, de lo que les espera en la vida. El objetivo primordial: ¡mantenerse de pie! Sea como sea hay que mantenerse de pie. Así que ellos, con ese cerebro impoluto, con toda su capacidad libre de cargas inútiles y tóxicas, aprenden de manera inconsciente que la vida consiste en eso, única y exclusivamente en eso: ¡Mantenerse de pie! Quien se cae, pierde.
jueves, 9 de octubre de 2025
Los peligros del tábaco
No, no piensen que les voy a dar la tabarra para que dejen de fumar. Fumen, fumen con total libertad. Fumen sin sentirse culpables. Fumen todo lo que quieran, pero, eso sí, con cuidado, no les vaya a pasar a ustedes lo mismo que le pasó a mi amigo Anselmo. Siempre digo que este suceso, estadísticamente digno de estudio, es la prueba fehaciente de la validez de la famosa Ley de Murphy: "sí algo puede suceder, acabará sucediendo, sobre todo si ese algo es a peor". Bueno, no es exactamente así, pero más o menos... La cuestión es que mi amigo, que lo he bautizado como Anselmo, pero que bien podría llamarse de cualquier otra forma, fumaba mucho. Fumaba tanto que con la colilla del cigarro que aún tenía entre sus labios encendía el siguiente y así sucesivamente. Anselmo arrojaba más humo por su boca que la chimenea del Titanic. Por aquel entonces Anselmo ejercía de chófer de una empresa de mensajería. Le encantaba conducir con su brazo izquierdo apoyado en la ventanilla del vehículo y, como no, fumando. El día de autos conducía su auto por la autopista A-7, en el tramo que va desde Murcia hasta Alicante. Hacía un sol de justicía. Anselmo fumaba y sudaba a partes iguales. Tras agarrar el último cigarro del paquete, enérgicamente lo estrujó, y lo lanzó con todas sus fuerzas por la ventanilla. Y aquí es donde aparece nuestro amigo Murphy: en el mismísimo instante que aquel paquete volaba por los aires, un furgón de la Guardia Civil adelantaba al vehículo de mi amigo Anselmo con las ventanas bajadas, y el desechado paquete impactó de lleno contra el rostro de un agente. La multa que le pusieron fue de aupa. Tal vez algún matemático podría usar este suceso a modo de ejercicio práctico. ¿Cuántas veces tendría que arrojar, un Anselmo cualquiera, un paquete de tabaco por la ventanilla de un vehículo que circula por una autopista a 110 km/h para que impacte fortuitamente en la napia de un Guardia Civil que viaja en otro vehículo a la misma velocidad? Me van a disculpar ya que lo mío nunca fueron las matemáticas. Fumen, fumen. Pero con cuidado.
jueves, 2 de octubre de 2025
La búsqueda de la verdad
-¿Cuándo fue la última vez que usted vio a Manolo? -le preguntó el policía.
-Anteayer. Serían sobre las diez de la mañana, más o menos.
-¿Habló usted con él? -le interrogó el agente.
-Apenas si intercambiamos un saludo y una breve conversación.
-¿Me podría decir algo sobre el contenido de ese diálogo? -le planteó el representante de la autoridad.
-Pues fue un poco extraño, pero me dijo que iba a buscar la verdad.
-¿Y no le dijo adónde se dirigía?
-No, nada. Yo creo que me quedé pasmado al escucharlo. Pensé que me estaba tomando el pelo.
-¿Sabe usted que ya son cientos de personas las que han desaparecido en las mismas circunstancias?
-No tenía ni idea...
-¿Notó usted algo distinto en Manolo? ¿Algo que llamara su atención?
-Pues ahora que lo dice...vi algo extraño en su mirada.
-¿Extraño? ¿En qué sentido?
-No sé, sentí su mirada fria, distante, diferente. Me tomará por loco, pero sentí que no me miraba él, que era la mirada de otra persona.
-¿Recuerda algún detalle más?
-Sí, yo le pregunté sobre la verdad que buscaba, y el me respondió que iba a buscar la verdad suprema. O la verdad de todas las verdades. Algo así...
-¿Solo eso? -insistió el policía.
-Después se marchó.
-Gracias por su información. Si necesitamos algo más volveremos a ponernos en contacto con usted.
-¿Y dice usted que hay mucha gente que ha desaparecido con la misma justificación?
-Más de cien, que sepamos...
-¿Y todas desaparecen con el mismo pretexto?
-Todas.
-¿Y nadie sabe a qué verdad se refieren o qué verdad buscan? -se cuestionó el interrogado.
-¿Pero acaso existe la verdad?... -dijo el policía mientras se alejaba.
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