lunes, 18 de mayo de 2026
La olivera gorda de Ricote
El encanto de Ricote es cautivador. Su historia, su paisaje, sus montañas y su gastronomía seducen al viajero, sea cual sea su origen o condición.
Ricote no sería Ricote sin su “Olivera Gorda” y sus leyendas. Resulta emocionante situarse frente a un árbol que tiene 1.400 años de antigüedad. Si esta olivera tuviera ojos, ¿cuánto habría visto? ¿Quién plantó este árbol?
Nuestras raíces musulmanas son también sus raíces. El Valle de Ricote fue uno de los últimos reductos moriscos de España, ya que en sus fértiles tierras habitaron hasta su definitiva expulsión por el rey Felipe III en el siglo XVII.
El esplendor de Ricote y de su más ilustre hijo, el sabio Al-Ricotí, bebe de las místicas fuentes del sufismo. El propio rey Alfonso X el Sabio lo tuvo como referente y asesor, y fruto de esa estrecha relación le encomendó la misión de crear el Estudio General trilingüe de Murcia, considerado la primera universidad de la región.
El rey castellano sufrió presiones por su relación con el sabio de Ricote, por lo que le solicitó con vehemencia que se convirtiera al cristianismo, algo que Al-Ricotí rechazó, exiliándose en el Reino nazarí de Granada.
Otro sabio entre los sabios que nació en Ricote fue Ibn Sabin. Me apasiona pensar, cuando miro sus huertos, sus acequias y sus palmeras; cuando subo hasta lo alto del cerro en el que se convierten en polvo los restos de su castillo, que Ricote fue una fascinante cuna del saber.
¿Cuánto sabrá de nuestra historia su Olivera Gorda?
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