lunes, 29 de diciembre de 2025

Sigo aquí, aún no me voy

Sigo estando aquí. Sigo pensando lo mismo. Continúo mi huida hacia adelante, apremiado por mi desconcierto. Avanzo sin saber hacia dónde voy, sintiendo mis pasos cada vez más lentos y mis letras cada vez más confusas. Incomprensiblemente, odio palabras como inversión, rentabilidad, beneficios o corrupción, y adoro palabras como solidaridad, apoyo, amor, arte, cultura, respeto… Soy, por tanto, un blandengüe, un abrazárboles, un infeliz, con menos ambición que una culebrilla ciega. Sigo siendo el mismo “Ave Raris” que, con quince años, soñaba con cambiar el mundo. Lo peor es que pronto cumpliré 58 añazos, edad en la que uno, se supone, ya debería estar pensando en otras cosas y no en la mona de Pascua. Y qué le voy a hacer si yo nací en el Mediterráneo…

miércoles, 17 de diciembre de 2025

Malditos charcos

—¡Habráse visto, señora! ¿Podría haber llevado más cuidado? ¡Me ha calado hasta los huesos! —Mil disculpas, le aseguro que no era mi intención. El ayuntamiento tiene muy descuidadas las aceras, y cada vez hay más baldosas que, al pisarlas, salpican el agua que tienen debajo. —Sí, sí, yo lo entiendo, pero fíjese cómo me ha puesto. ¿Ahora qué hago yo, que iba tan peripuesta a la comida de empresa...? —¿Y en qué trabaja usted, si se puede saber? —En Conejos Bernardo, en administración comercial. —¿O sea que usted mata conejos? —No, nada que ver. Yo soy vegana y animalista, pero de algo hay que comer, y tengo tres hijos y un marido en el paro desde que tengo memoria… ¿sabe usted? —Pues menudo panorama tiene usted en casa, mujer. —Ya lo creo, y encima mire cómo me ha puesto, con lo guapa que iba yo... —Si quiere, como yo vivo aquí cerca, y más o menos llevamos la misma talla, le puedo dejar algo de ropa y llevo la suya a la tintorería. —¿En serio haría eso por mí? —Claro que sí, me ha pillado usted en plena efervescencia del espíritu navideño... —¿Y tiene usted algún trapito de Vuitton? —Cuente con ello... —¿Y unos tacones de Celine? —Sí, y además con un bolso a juego, recién comprados. —Si no es mucha indiscreción, ¿a qué se dedica usted? —Trabajo para la empresa municipal de mantenimiento de las aceras... —¡Coño! ¡Ya decía yo...!

lunes, 15 de diciembre de 2025

El nuevo palo de la baraja

En la baraja española contamos con el rey de bastos, el rey de oros, el rey de copas y el rey de espadas. A partir de ahora, y con el fin de actualizar la situación monárquica por la que atraviesa el país, propongo que la baraja incorpore un nuevo palo: el palo del rey dislocado, que se caracterizará por exhibirnos impúdicamente el dedo “palabrota”. Entiendo que, con esta propuesta, actualizaríamos la relación que esta rimbombante institución mantiene con la sociedad.

jueves, 4 de diciembre de 2025

Dudas

Duda el erudito. Duda tu cuñado y duda tu hermanito. Duda San José y duda San Benito. Duda. Duda y disimula. Duda el burro y duda la mula. Duda el cazurro y tu primo Curro. Duda y aparenta. Duda y bebe absenta. Duda. Aquí duda hasta el gato. Duda el valiente y duda el timorato. Duda con finura. Duda tu tía Pura. Duda. Duda, pero sigue. Duda de tu ligue. Duda. Duda peleando y duda avanzando. Duda. Duda de todo con mesura. No hay escenario sin duda. De hecho, dudé mucho al escribir esto. Pero, pese a la duda, lo hice. Sin duda, no debí hacerlo. ¿O sí? La verdad es que no lo sé. Tengo que confesar que lo hice, como muchas otras cosas, para no quedarme con la duda.

lunes, 1 de diciembre de 2025

Sueños navideños

Soñé que mi novela copaba las listas del libro del año. Fue un sueño extraño y sudoroso, como si hubiese corrido la maratón de Nueva York. Papá Noel era mi padrino y me aseguraba que cada familia española y latinoamericana recibiría gratis su ejemplar. Yo le decía que eso no era posible, que la tirada de Malditos Tábanos era tan corta que no daría ni para llegar a todas las familias de la isla de Tabarca. Él me dijo que eso era cosa suya y que no me preocupara. Y dicho y hecho: sus elfos tomaban al asalto la imprenta en la que toman forma los libros de la Editorial Tirano Banderas, y las máquinas expedían libros a troche y moche sin necesidad de papel ni tinta. Más tarde le comenté que sentía pánico a los críticos, a las reseñas y a ver mis vergüenzas al aire. Me aseguró que estaba convencido de que el libro iba a triunfar y que por eso se había metido en mi sueño para cambiar mi destino como literato. Yo le dije que no me sentía preparado para el éxito, que me faltaban tablas y erudición. Le confesé que no sé nada de literatura, que tan solo escribo de oído, que no tengo estudios y que lo mío, en realidad, es la venta de champú y cremas para la cara. —No te preocupes por eso —me dijo—. El año pasado me metí en los sueños de Juan del Val y mira cómo le ha ido. Así que, Pepe, tú tranquilo, sigue escribiendo, que yo me encargo.