lunes, 27 de abril de 2026

Involución

No sé si me estoy perdiendo algo. Tal vez no veo, escucho o leo a determinados medios y personajes. Tal vez esté despistado y no sea capaz de interpretar lo que sucede a mi alrededor. Puede que me falte raciocinio o sentido común. La cuestión es que pienso que los problemas que nos acechan no vienen por ahí. Los problemas reales que nos amenazan se distorsionan, se difuminan, se pervierten y se minimizan, y se inventan otros basados en el miedo y el odio. Destruir es mucho más fácil y barato que construir. Odiar es más fácil que amar. Discriminar y segregar es mucho más fácil y rápido que cohesionar e integrar. El miedo es un emulsionante social de acción rápida: crea un enemigo y ya. Divide y vencerás. Mientras esto sucede, no queda un río sin contaminar, ni un ecosistema que no esté en peligro. Respiramos aire con niveles de toxicidad insoportables, esquilmamos los recursos naturales, hablamos de desregular, de cuestionar los derechos humanos, de liberalizar aún más los mercados. Yo debo de ser un perro verde, un bicho raro, un infeliz que mira con asombro nuestra incapacidad para distinguir el bien del mal. Prefiero la diversión a la inversión; el amor al dolor; la paz a la guerra; la sonrisa de un niño a la mueca impostada de un banquero; un poema a un fusil; un beso a un insulto; los intereses de un jubilado a los de un político. Soy incapaz de aceptar que la sociedad ha comenzado a involucionar. Me niego a pensar que no seamos capaces de escuchar el tic-tac del reloj que amenaza con acabar con el Estado de derecho. Detrás de la era de la posverdad se escondía un inesperado regreso a la Edad Media. ¿No habrá nadie capaz de parar esta locura?

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