martes, 17 de marzo de 2026
Ida de olla
He pensado en ponerme a prueba. Exigirme una publicación de nota: escribir un texto de envergadura, inspirador y motivador, que rompa la monotonía del lector medio. Exponer un planteamiento disruptivo basado en mi abigarrada experiencia profesional. Que lo entienda tanto un español medio como un mexicano o un mongol con la misma preparación.
Se trataría, por tanto, de exponer hacia dónde va el mundo. Hablar de lo incierto de nuestro futuro, si es que alguna vez fue cierto. Plantear escenarios idílicos desde un entorno apocalíptico.
Sé que es exigirme demasiado. Soy consciente de mis desmedidas autoexigencias y de sus expeditivos resultados. Pero es difícil que uno cambie, sobre todo a determinadas edades. Si en lo individual cuesta cambiar, en lo colectivo ni te cuento.
¿Cómo cambiar el relato de la historia de la humanidad, jamás contada, si aún no se ha contado? Si todo está todavía por escribir, incluida —en esa historia— esta publicación que iba para nota, pero que se ha quedado en agua de borrajas.
En mis soliloquios siempre me digo lo mismo: “Pepe, tranquilo, deja de fumar esas hierbas aromáticas, que se te va la olla”.
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