jueves, 11 de julio de 2024
El mejor esposo del mundo
Cuando a Herminio Toribio Del Toro le salieron cuernos a nadie le sorprendió. Y no fue porque le salieran cuernos en la frente, cosa poco dada en nuestra biología, sino porque su mujer se fue con un abogado picapleitos metido en política para medrar. La esposa, tras aburrirse de ser influencer pero sin monetizar, también estaba loca por medrar pero, al parecer, con Herminio no veía la cosa clara. El esposo mancillado, dejándose llevar por su innata bravura, se plantó en el chiringuito, que el abogado tenía por despacho, para decirle al susodicho que no tenía derecho a arrebatarle a su legítima. El usurpador marital, que de derecho iba sobrado, le arreó un soplamocos con un tomo de derecho procesal que le reventó la nariz. La cosa no fue a más porque un joven pasante becario, que llevaba varios meses sin cobrar, y que trabajaba en el despacho a media jornada, y la otra media en un gimnasio en el que le pagaban en negro, sujetó a Herminio como si fuera en pelele, y lo sacó a la calle sin comtemplaciones. No contento con el desenlace de su arrebato, Herminio Toribio, fue a un chino que había en la esquina, compró un bote de pintura en spray, y escribió en la fachada del despacho: ¡Abogado corrupto y ladrón!. Orgulloso de su pintada, y para verla más en perspectiva, dio unos pasos hacia atrás sin percatarse de que venía a todo trapo un autobús de la línea que une Pinto con Valdemoro. Tras el fatídico desenlace, el abogado consiguió que a su adorable amante le concedieran la pensión de viudedad en tiempo record. En la tumba reza el siguiente epitafio. Aquí yace Herminio Toribio Del Toro "el mejor esposo del mundo". Y qué verdad era...
martes, 9 de julio de 2024
El reino de las pequeñas cosas.
Existe un lejano lugar, oculto entre la inmensidad de nuestra memoria, en el que las pequeñas cosas tienen un enorme valor. De hecho, todo en él tiene valor: una sonrisa, un buenos días, un abrazo, el vuelo de una golondrina, una pequeña higuera que brota espontáneamente, un grillo que canta en la noche, un niño jugando en un parque, una abuela cocinando un plato que ya apenas si nadie cocina, un mundo en el que lo real y lo auténtico gana la partida a lo ficticio y lo aparente. Existe un mundo así dentro de todos nosotros, solo tenemos que dejarlo salir, animarlo a regresar y a crecer, y olvidarnos de tantas mierdas algorítmicas.
jueves, 4 de julio de 2024
miércoles, 3 de julio de 2024
lunes, 1 de julio de 2024
Superé las 400.000
Uno se va poniendo sus pequeñas metas. Las metas de uno pueden ser insignificantes o ridículas para otros. Yo soy de pequeñas metas y de pequeños logros. Dejar la Cocacola fue uno de ellos. Dejar la leche, cosa que festejó con creces mi colon y afectó a los balances de las celulosas, fue otro. Salir a caminar a diario, cosa en la que fallo más que una escopeta de feria, pero ahí voy. Leer cuatro libros al mes. Escribir fuera y dentro de este blog. Y mantenerme vivo, y alerta, ante todo lo que acontece que no es moco de pavo. Entre esas pequeñeces que configuran nuestro hecho diferencial, y van construyendo nuestra personalidad, yo vengo a festejar aquí el hito de haber superado la barrera psicológica de las 400.000 visitas. No me darán ni un diploma. No saldré en los medios de comunicación como un referente de la comunición de masas. Si compartiera bulos seguro que otro gallo me cantaría. Pero no, tan solo escribo para decirle al mundo que sigo vivo; vivo pero con dolor ante la deriva extremista que esta inundándolo todo como una sigilosa y sibilina mancha de aceite. Seguiré alerta.
viernes, 28 de junio de 2024
Veranear
Para celebrar el primer día de vacaciones de Anita, nos hemos ido a la playa. Un ligero lebeche mueve las olas. El sol se asoma sigilosamente entre unas nubes despistadas mientras Ana juega con la arena. Yo contemplo la escena con devoción mariana. Soy padre con la edad de un abuelo. Pienso en mi primera paternidad; una paternidad arrebatada por el ansia de conquistarlo todo. Una paternidad perdida con una hija que no pudo disfrutar de su padre como hubiera debido. Viendo a mi hija pequeña pienso en el dolor de mi hija mayor. Anita escarba en la arena en busca de un tesoro y yo urgo en la herida de mi memoria y encuentro fracasos. Ahora pienso en mi padre; en lo que pudo haber sido y no fue. En su inmovilidad y en su fracaso. En sus errores y en sus demonios internos. Yo rumio los mios propios bajo un sol que quema con disimulo. Ana quiere que nos bañemos. Está rebozada de arena como una croqueta. Mi madre hacia unas croquetas de merluza que hacían las delicias de los clientes del Bar Josepe. Pienso que mi libro del Bar Josepe al Cielo no fue suficiente homenaje a lo que aprendí allí. Casi trece años sirviendo cafés, y cervezas, y marineras, y trozos de pulpo, y pinchos de tortilla que hacían las delicias de nuestros clientes.
-¿En qué piensas papá? -me dice Anita.
-En nada cariño, en nada. -le respondo.
-Pues vamos a jugar y deja de pensar tanto...
jueves, 27 de junio de 2024
Dique seco
He pasado todo el mes en el dique seco. Literariamente hablando, claro. Al menos en lo concerniente a este humilde blog. Un barco en el dique seco es un barco parado. Un barco improductivo que no ejerce su única y gran función que no es otra que la de navegar. Yo he dejado de escribir en este blog por estar últimando los detalles de mi próximo libro. Un libro que, por cierto, se va a nutrir de muchos de los relatos que se almacenaban criando polvo en este rinconcito insignificante de la blogosfera. En este trabajo de revisión, y de recopilación, he revivido momentos inolvidables cargados de emociones. He sentido, por tanto, el sabor de la nostalgia, el peso mental del paso del tiempo, el asombro por lo escrito y por todo lo que en cada momento renuncié a escribir. Mirar para atrás es lo que tiene, pero en el fondo lo hice para intentar seguir hacia adelante. La vida es una continua huida hacia adelante.
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