miércoles, 16 de marzo de 2016

Crónica de un reventón


Estoy a escasos metros de la línea divisoria entre España y Portugal y, sin saberlo, entre la vida y la muerte. Bacalao dorao y manteca colorá. El Guadiana se expande victorioso ante la atónita mirada de los que somos de secano. Murakami me acompaña por estos pagos fronterizos para mantenerme aferrado a su ansiedad. En Elvas, el Cristo nos ofrece mariscos en lugar de credos. Los políticos representan una tragicomedia puertas afuera del Teatro Romano de Mérida. Y el Atleti es mucho Atleti.
A Joaquín Sabina, a mi amigo Lorenzo, y mí, siempre nos queda el Atleti.
El hueco de la vida lo tenemos que llenar con lo que sea. Con Murakami, o con goles, o con bacalao. O escuchando a Sabina, ese que canta. 
Era una noche cualquiera. Pudiera ser que fuera martes -dice la canción- y efectivamente, era martes, aunque, por fortuna para mí, no era trece, que de haberlo sido otro gallo hubiera cantado. 
El reventón de la rueda delantera de mi coche me ha recordado que la línea divisoria entre este mundo y el otro se rebasa en un abrir y cerrar de ojos. Todo esfuerzo acaba enterrado. Principio y fin como extremos de una cuerda invisible que nos aferra a la vida sin que nunca lleguemos a saber el motivo que lo justifica.
El verde insultante de las dehesas extremeñas se da la mano con las manchegas, atravesadas de manera inmisericorde por el gris plomizo de una vieja y tortuosa carretera nacional por la que transito con la prisa de vivir. Encinas majestuosas engrandecen un paisaje sereno y eterno salpicado de afloramientos de granito y vacas pardorojizas que mugen en estéreo al paso de los camiones. Y sobre nuestras cabezas sobrevuelan cigüeñas portando en sus picos ramas con las que construir sus nidos y nuestros sueños de fecundidad parisina. Nubes dispersas amenazan lluvias para humedecer, aún más si cabe, tan envidiable ecosistema. Los arrendajos, con sus inconfundibles destellos de añil, rebuscan en las cunetas los bichos que atropellan los vehículos a su paso. Cunetas mudas. Cunetas tristes cargadas de historias, de muertes, de viudas, de huérfanos, y de odios.
He aparcado, con las manos sudorosas y el alma en vilo, en el arcén de la autopista. He puesto las luces de emergencia. Me he enfundado un chaleco reflectante. He colocado de manera reglamentaria los triángulos de peligro para advertir de mi afortunado infortunio y he avisado a la grúa.
El reventón ha retrasado tres horas el reloj de mi alocada existencia, pero, a cambio, me ha regalado milagrosamente el resto de mi vida. El boquete de la rueda, mientras se desinflaba, me hablaba de filosofía, de rutinas, de sueños, de proyectos, de Murakami, y de cigüeñas como si me conociera de toda la vida.
Nunca pensé que un neumático tuviera tantas cosas que contarme. Derrotado y abierto en canal, en lo alto de la grúa, me confesó que todo lo que sabe lo aprendió de los caminos y de la Luna. Que la vida transcurre debajo de nuestros pies, bajo nuestras pisadas. Que lo que creemos tan importante se puede desvanecer en menos de lo que nos caga una moscarda, o un clavo atraviesa la goma negra de nuestras recauchutadas conciencias.
Menos mal que no era trece. ¡Aupa Atleti!

12 comentarios:

  1. Y pensar que todavía queda gente que dice que la filosofía no sirve de nada...

    Nos leemos.

    J.

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    1. Hay gente que piensa que la filosofía es coleccionar sellos. Saludos.

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  2. Una gran y reflexiva crónica.

    Tu manera de escribir me gusta mucho.

    Un abrazo

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    1. Gracias Amalia, me esfuerzo mucho para que quede algo coherente y no siempre lo consigo. Saludos

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  3. La historia de una vida no siempre se acaba con un reventón....Por dicha todavía hay mucho por descubrir, por conocer y sobre todo por aprender que cada día es una nueva oportunidad para contar una crónica más de vida!!

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    1. Sí, Cecilia, vamos sumando días, historias, vivencias y paciencias. Un abrazo.

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  4. Que gran relato Pepe, y cierto que da en que pensar....

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    1. Sí, Pedro, por fortuna la crónica de este suceso quedó en el ámbito de lo anecdótico. Un saludo.

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  5. Increíble lo que da de sí un reventón... Sabia la rueda, sabio Sabina y sabio tú, bonito relato... Gracias.

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    1. Sabina es muy sabio y muy resalao y yo, por fortuna, estoy aquí para contarlo. Un saludo, Don Carlos.

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  6. oooohh!!! que mala pata. Ojalá que a final de cuentas como sucede, todo haya tendo arreglo. Es cierto, la vida es tan fragil que puede cambiar en un santiamen.

    Saludos.

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    1. La vida nos trae sin querer y nos reclama de la misma forma. Un abrazo Beatriz.

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