martes, 10 de julio de 2018

El río de los sueños


A veces me siento viejo y en otras, las menos, me veo joven y predispuesto a hazañas gloriosas. El espejo es un brillante embaucador que nos regala mentiras piadosas para que no caigamos a destiempo en el abismo del abandono. Cada vez me cuesta más aceptar ese reflejo. Mis ausencias son la otra cara de la moneda de mis presencias. Para que me entiendan: soy tanto de estar como de desaparecer. Uno está para lo que está, con menos fuerzas e ímpetus de los que hace gala. De ese modo, van pasando los días y aumentando las cuentas. Cada amanecer es uno más pero no deja de ser uno menos. Creo que las matemáticas dependen plenamente de los enunciados, por lo tanto, si esto fuera así, cosa que de ninguna manera puedo asegurarles, la literatura, en un alarde de superioridad, condiciona los números y los manipula a su antojo. ¿Qué importan los kilómetros cuando uno sabe el camino que ha de recorrer? Ni los más complejos algoritmos alcanzarían para cuantificar el sordo grito de las ausencias. Ahora, en plena Era de la Comunicación, y en el apogeo del apocalíptico Neoliberalismo, todo ha de ser medible y rentable. Todo ha de estar sujeto a términos productivos y sometido a la impronta de la utilidad y de la normalización. 
Estar, sin embargo, no es otra casa que el presagio de una ausencia más o menos previsible. ¿Y si la vida y la muerte tan sólo fueran metáforas de una realidad que nos arrastra, sin enunciados, en la que tan sólo sumamos y sumamos amaneceres hasta que caprichosamente, sin saber el motivo, dejamos de hacerlo? ¿Es acaso el río el agua que se arrastra hasta el mar, o el río es, en sí mismo, otra cosa distinta? ¿Y de no ser así, qué es un río? ¿No es acaso nuestra vida un río que nos precipita hacia el mar de los sueños eternos? ¿Y quién controla esos sueños? ¿Quién los censura? ¿Entienden de leyes los sueños? ¿Y de normas? ¿Y de ofensas? ¿Qué embalse o prisión sería capaz de retenerlos?
Vida, ríos, sueños, ausencias. ¿Acaso no tienen en común todo el sentido y ninguno?
Los dictadores de la posdemocracia ya preparan leyes para impedir que soñemos. Aún queda tiempo.

6 comentarios:

  1. ¡ Cuanto me gusta leerte ! Besos.

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  2. Con muchas interrogantes, para abrir el paso hacia una tarde de mucho filosofar, una tarde en la que se avecina lluvia y que está por cierto tan linda.
    Saludos.

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  3. Hola Matías.

    Sobre el espejo reconozco que no me supone problema alguno… Justo peinarme una vez y listo! :)))))

    Del más y del menos de los amaneceres ¡qué decir!… Podrían no ser tales y sí un continuo «instante» sin principio ni final… Tal vez una realidad a la que todavía no le hemos cogido el punto. De ahí el señalado «valle de lágrimas» al que tú mismo pareces referirte.

    ¿Y si la «vida» y la «muerte», valle incluido, no fuese más que el «sueño» de una realidad a la cual no hemos despertado, todavía?

    Control y censura… ¿exterior? ¿No sería más cierto que ambos conceptos están en nosotros mismos? ¿Y según los utilicemos «creamos» el mundo que vivimos? ¡Qué ciertamente no es el mismo para todos!

    En cuanto a los dicta/pos/demo, ¿no serán, como en tu espejo, causa de la “censura y el “control” de cada uno y no el sesgo general del país?

    Dicho todo lo anterior con el máximo respeto y aprecio por quien tiene el valor de expresar sus reflexiones en público.

    Un abrazo.

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  4. La cuestión es que seguimos creyendo que necesitamos ser gobernados y no que podemos ser nuestro propio gobierno. Mientras tanto, el tiempo continúa.

    Saludos,

    J.

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  5. Una buena reflexión.
    Para meditar.
    Un abrazo,

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  6. Hoy estás muy filosófico.
    Que el río sea largo, sinuoso y tranquilo.
    Salu2, Jfb.

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