viernes, 25 de noviembre de 2022

Morir en el Dombás

Si la lluvia incesante de bombas, si ser condenados a vivir sin identidad no fuera suficiente humillación, ahora la nieve nos cubre con su implacable manto a los millones de personas que sobrevivimos bajo los escombros de lo que antes eran nuestras vidas. Escombros sin luz, sin agua corriente y sin comida; escombros de dolor y de impotencia, y de sinrazón. Los que nos atacan hablan nuestro idioma y forman parte de nuestra historia. Nos matan los que hasta hace tan solo unos meses consideraba mis hermanos. Nos mata el frío, el hambre, la sed, y la locura colectiva de un pueblo gobernado por un loco. ¿Por qué han enloquecido mis hermanos? ¿Quién les ha metido tanto odio y tantas mentiras en sus mentes? Solo dos de las ventanas de nuestra casa conservan aún sus cristales. En una de esas habitaciones dormimos mi esposo y yo. El frío ya se está haciendo insoportable. No sabemos qué comeremos mañana. No sabemos si superaremos una noche más. Hace un rato hemos hablado con mi hija Oksana. Ella pudo salir de Ucrania, al comienzo de la invasión, y se encuentra refugiada en España. Nos ha pedido mil veces que salgamos del Dombás y que nos vayamos con ella. Pero no. No saldremos de nuestra casa. Si hemos de morir, moriremos aquí. Hemos luchado y trabajado mucho por cada piedra que conforman sus muros. Hemos luchado y trabajado sin descanso durante décadas por conseguir cada silla, cada mesa, cada cama, cada puerta, cada vaso, cada plato... Hemos plantado cada árbol que nos rodea. No. Mi hija llora porque no entiende nuestra decisión. Ella quiere que nos salvemos físicamente, pero no entiende que si abandonamos todo lo que tanto nos ha costado construir, de alguna manera también estaremos muertos. ¿En verdad importa tanto la forma de morir? ¿No estará sobrevalorada la muerte?

6 comentarios:

  1. DEAMÁTICO... Dios tenga misericordia de ellos y también de nosotros

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  2. Un testimonio estremecedor que nos habla de la sinrazón de la guerra y de lo invaluable de la libertad y el apego a la tierra. Vale recordar el dolor de tanta gente. Un abrazo

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  3. Hay formas de vivir que se parecen más a formas de morir y, también, formas de morir que se acercan bastante a la vida.

    Saludos,
    J.

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  4. ¡Qué desastre, y qué pena, y qué rabia!
    ¡Maldito Putin!
    Salu2.

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