miércoles, 30 de septiembre de 2026
Remordimientos
Pantalla en blanco.
Puedo escribirlo todo. Explayarme. Lucirme. Perderme.
Mis dedos cabalgan desbocados sobre el blanco níveo de la pantalla. Me quito las gafas. Veo mejor sin ellas. Escucho música. El guatemalteco Ricardo Arjona me inunda de recuerdos y de sentimientos encontrados.
Puedo escribir del pasado, del presente y del futuro. Inventarme personajes extravagantes. Matar. Odiar. Amar. Besar. Reñir. Declarar guerras y firmar la paz.
Pero hoy no sé de qué escribir. No encuentro el camino. Solo inundo la pantalla de palabras encadenadas que intentan enviar un mensaje a alguien desconocido. Alguien que tan solo me lee por puro aburrimiento, mientras escucha a Supertramp, a Pink Floyd o a otros de esa época.
Me pongo un café. Tal vez ese desconocido que supuestamente me lee también se lo esté tomando.
Quito la música, porque más que ayudarme a concentrarme me está sacando del carril. Ahora disfruto del silencio, un silencio únicamente violado por el acompasado ruido del teclado.
Soy bueno con los dedos porque hice mecanografía. De hecho, estuve a punto de ir a un campeonato representando a mi academia.
«Academia Climent, campeones del mundo», alardeaban en su publicidad.
Al final, me arrebató la plaza una compañera que hizo dos pulsaciones por minuto más que yo. Aún me cuesta entender cómo podía escribir tan rápido con esas uñas tan largas.
Pero en la vida siempre suceden cosas que no entendemos. Tal vez ahí está el problema: en pretender entenderlo todo.
Esta mañana no consigo entender el motivo que me ha llevado a escribir esto, como tampoco he conseguido comprender otras veces qué me ha llevado a hacer una cosa y no su contraria.
Puede que por pura intuición. Puede que por descerebrado. Puede que por impulsivo. Puede que por comodón.
Aquí estoy, yo, escribiendo sobre nada cuando podría estar haciendo un arco de iglesia.
Les juro que siento remordimientos.
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