jueves, 27 de agosto de 2026
A veces me da por pensar
Soy un hombre plagado de contradicciones. En ocasiones me fustigo cuando debato conmigo mismo sobre lo que soñaba ser y en lo que, en realidad, me he ido convirtiendo. En una escala de 0 a 100, yo diría que soy el cero por ciento de lo que anhelaba ser en mi juventud. La vida me ha ido arrastrando y yo me he dejado llevar. Tal vez por comodidad, por egoísmo, por inconsciencia y por quién sabe qué.
Sin embargo, en muchas de esas conversaciones en las que me siento al fresco —lo de «al fresco» en Murcia es un decir— a hablar conmigo mismo, le doy valor a lo que soy, aunque sienta cierta nostalgia por lo que dejé de ser. A eso me refería con lo de mis contradicciones.
Me consuelo al pensar que, en el fondo, pese a esas colosales diferencias, encuentro un poso común, unos rescoldos de inocencia e inconformismo que todavía me caracterizan. Soy, por tanto, un hombre tan contradictorio como el tiempo en el que nos ha tocado vivir, con los pies en el pasado, henchido de nostalgia y la cabeza pelada de tanto pensar.
Puede que ya quede menos para encontrarme y para aceptarme.
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