lunes, 6 de enero de 2014

El extraño secuestro de Amélie Nothomb


El la recta final del año pasado, quién sabe si como consecuencia de mi depresión postvacacional, o tal vez no, caí víctima de Amélie Nothomb, una escritora belga o japonesa -o las dos cosas o ninguna- que se apoderó de mi cotidianidad con un método muy refinado de secuestro exprés.
Desde que el primero de sus libros cayó en mis manos -Diario de Golondrina- me convertí en una marioneta a su merced. Eso fue en septiembre y, hasta hoy que escribo esto para hacer pública mi delicada situación anímica por ese extraño suceso, sigo pagando rescate y pidiendo auxilio para salir indemne de entre sus enrevesadas y alocadas historias.
La dependienta de la librería que frecuento me mira raro, como si fuera consciente de la relación enfermiza que me mantiene unido a esta escritora, o como si ya antes hubiera detectado, en otros clientes, esta misma obsesión. Quince libros seguidos, alguno de ellos comprados al día siguiente de haber comprado el anterior, provoca en ella, cuando me ve, unas extrañas miradas cargadas de repulsión.
Como decía, tras ese libro iniciático vinieron todos los demás títulos publicados en España, en una especie de vendaval despiadado de lecturas: Ácido sulfúrico, Ordeno y mando, Estupor y temblores, Metafísica de los tubos, Matar al padre, El sabotaje amoroso, Una forma de vida, Biografía del hambre, Ni de Eva ni de Adán, Higiene del asesino, Antichrista, etc, etc; casi todos publicados en Editorial Anagrama y algunos en Circe Ediciones.
Su obra, en gran medida autobiografía, relata escenas exquisitas a través de los ojos de una niña que disecciona la realidad como pocos autores saben hacer. Por otra parte, Amélie Nothomb, cuando deja a un lado su autobiografía, crea personajes radicales, que en ocasiones rozan lo grotesco, y los hace transitar por situaciones con una gran carga psicológica, haciendo alarde, en todo momento, de una exquisita sutileza narrativa. 
Hija de un diplomático belga, pasó su infancia y su adolescencia en países tan desconocidos, e interesantes para los occidentales, como China, Japón y Bangladesh. En su obra, por consiguiente, se confrontan continuamente oriente y occidente, la infancia y la madurez, la inocencia y la malicia, en una especie de búsqueda continua de su propia identidad.
Recientemente, a través de mis incontrolables búsquedas por internet, he descubierto dos títulos más, que no tenía localizados, y he tenido noticias referentes a una nueva obra que está a punto de publicarse en España que lleva como título: Barba Azul.
¿Sabe alguno de ustedes cómo puedo liberarme de este extraño secuestro? ¿Cuándo haya leído toda su obra en castellano, sufriré algo parecido al Síndrome de Estocolmo?

6 comentarios:

  1. Cuando yo era jovencita me secuestro Stephen King pero consegui escapar. Despues solo ha habido algun que otro intento fallido. Buscare algún libro de Amélie haber que pasa...

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  2. Seguramente me haga con algún ejemplar de amelie ,llevo tiempo entrenando para dar el salto del cuadernillo de rubio , a un nivel superior

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  3. Conchy, Mario, son libros de un tirón, tienen una media de 120/130 páginas y se te meten hasta el tuétano. Avisados estáis. Un abrazo a los dos.

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  4. Yo estoy ahora con los libros de Khaled Hosseini.

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  5. "Tengo un saco lleno de palabras, de vez en cuando lo agito, y saco relatos, que luego, como no sé dónde guardarlos, los publico aquí." José hay quienes tenemos no un saco lleno de palabras pero como niños en plena piñata esperamos que cuando las agites logremos coger para nosotros las enseñanzas que seguramente caen como lluvia de ellas, gracias por un año mas en compañía de tu blog.

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