viernes, 13 de mayo de 2016

Los monjes lituanos


Aquel hotel-monasterio, de nombre "Monte Pacis", a las afuera de Kaunas, se las traía. Y más si les cuento que, hace unos cuatro o cinco años, mientras se producía su transformación de lo teológico a lo económico -si es que alguna vez existieron diferencias entre ambas actividades-, lo pude visitar.
En aquella ocasión, Artur y yo nos colamos en el recinto haciéndonos pasar por turistas chinos. Nos metimos entre ellos y los lituanos no se percataron de la diferencia. He de reconocer que yo siempre ando un poco amarillo por mis consabidos problemas hepáticos, pero me sorprendió que Artur, que es más blanco que la leche pasteurizada, no fuese descubierto, tal vez porque come mucho arroz, y eso, sin duda, debió facilitarle la maniobra de camuflaje.
Entre el barullo, nos deslizamos por una escalera, que no superaría ningún control de seguridad, y accedimos a una catacumba en la que descansan los restos mortales de una legión de monjes lituanos. De hecho, a través de una hornacina, pudimos comprobar, estupefactos, como un monje disecado de Lituania se parece horrores -permítanme la expresión- a un monje disecado de Ucrania, o a una momia de Guanajuato.
Eso me hizo pensar que los muertos, a los quince días, día arriba o día abajo, tienden a buscar una vinculación estética, un estilismo post mortem que les haga sentir integrados en su ya más que próxima desintegración. Por ello, aunque les cueste trabajo creerme, hasta después de muertos sentimos la necesidad de homologarnos, de afiliarnos, de sentirnos parte de un algo para, de ese modo, regresar felices a la nada de la que venimos.
Como les iba contando, en aquella catacumba llena de monjes con olor a mojama, y cierta estética hipster, pude vislumbrar el aspecto que tendría mi propia momia y eso les aseguro que me tranquilizó. En la cara de aquel monje acartonado, que podría ser mi propia cara, no había ni rastro de complejos, ni prejuicios. No había diferencias entre el abad, el lego, o el campanero. Su rictus estaba, eso sí, visiblemente compungido, pero como cuando eres del Madrid y pierde. El resto de monjes, según el caso, no se puede generalizar, tenían la misma cara que un político derrotado después de las elecciones, un futbolista después de fallar un penalti en la final de copa, o un novio tras pegar un gatillazo en su noche de bodas.
Sin saber el motivo, me puse a pensar en lo qué habría detrás de esos caretos interrumpidos, arrastrados al otro mundo con tareas pendientes de acabar, con sueños inconfesables por cumplir, o con relatos como este, o de ser posible mejores que este, por escribir.
Y como, tonto de mí, llegué a la hipotética conclusión de que a todos los muertos les faltó algo por culminar en vida, no quiero ni contarles la nochecita tan mala que pasé durmiendo a escasos metros de esa cripta repleta de monjes aburridos de estar muertos y de soportar excursiones de turistas chinos, y no tan chinos.
Eso me pasa por no repasar antes el itinerario que me propone Artur; me dejo llevar y hete aquí las consecuencias: vamos, que no pegué ojo, ¡copón!.

8 comentarios:

  1. jajaja eso te pasa por travieso ...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Nací así, ¿qué puedo hacer?. Saludos.

      Eliminar
  2. Según dicen los que entienden de momias, ese ritual ancestral lo perpetran pensando en que algún día volverán a la vida. Por lo tanto, y si así fuera, no tendrías porque preocuparte de dejar cosas por hacer. Recuperarías tu rutina unos 100.000 años después.
    Yo mientras tanto tampoco tendría mucha prisa por morirme, no valla a ser que no sea cierto lo que cuentan.
    Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pero sería bonito regresar, Mario, ¿O no? Un abrazo.

      Eliminar
  3. A mí me gustaría regresar. Me da pena pensar que todo termina para siempre.

    Un abrazo. Muy feliz fin de semana.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Esa palabra suena muy bien: ¡regresar! Un abrazo, amiga.

      Eliminar
  4. Entre si son Lituanos o Guanajuatenses , tendre que vivir y hacer mas para dejar menos pendientes por aquello de si regreso o no, y si un dia me ven hecha momia denme un beso seria una de las cosas que mas pendientes dejaria ..... Que no te quite el sueño un cuerpo rigido e inerte , que te lo quite uno suave, flexible ,tibio y sensual.... Maryperas.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Guaua! No quiero morirme entonces...saludos.

      Eliminar