sábado, 29 de octubre de 2016

Hispanomexicano


Regreso. Vuelvo a buscarme. Cruzo el océano, nuevamente, dentro de la barriga de un gigantesco albatros de lata, para reencontrarme con la huérfana copia de mí que se queda en México cada vez que regreso a España. Espero encontrarla -a mi otra mitad me refiero-, aturdida, como siempre, a causa del smog, y de tanto dormitar en el armario ropero que utiliza a modo de sarcófago, ante mi justificada, pero no por ello menos desconsolada, ausencia.
Sé, como tantas otra veces ha ocurrido, que mi otra mitad me anda esperando ahí, cual voyeur metido en un armario, pero sin ganas de nada. Le da igual el espectáculo que ofrece el teatrillo en el que cada día, o mejor dicho cada noche, se convierte su habitación. Con el tiempo, ha desarrollado una intolerancia al morbo, como la que yo mismo he desarrollado a los frutos secos, a la cerveza, o a la gente que vive de aparentar.
Lo que más nos duele en cada nuevo reencuentro, los cuales se vienen produciendo con cierta regularidad desde hace más de diecisiete años, es la reencarnación de nuestra propia dualidad, en la que la parte corpórea debe aceptar y asumir nuevamente a su parte tránsfuga, y hacerlo en una horma que ya no es exactamente igual a la que la abandonó la última vez, lo que hace más difícil aún el anhelado acoplamiento.
Para los que nunca hayan experimentado semejante epifanía, les diré que viene a ser algo así como si le diéramos un abrazo a la imagen que de nosotros refleja el espejo. Y, en ese trascendental momento, que últimamente se viene produciendo en el Hotel Holiday Inn Suite de la calle Londres del Distrito Federal, mis dos mitades se enzarzan efusivamente en una especie de baile agarrado en el que, tras cuatro o cinco compases, las dos partes de tan esotérica como inexplicable danza, sumidas en una especie de trance, vuelven a unificarse como lo hicieron las dos Alemanias.
Y, dicho esto, mientras a mi alrededor la gente ve películas, o leen los libros que todo el mundo lee, o ronca a pata suelta con el culo acartonado tras tantas horas de vuelo, espero nervioso para volver a ser completamente yo.
¿O, acaso, debería decir nosotros?

9 comentarios:

  1. Es muy emocionante sentir tus emociones, y la precisión con que describes cómo es alcanzar la unificación, en ese acto tan mágico que experimentas al venir. Yo creo que debe ser "nosotros".
    Un abrazo hasta el barullo donde estés, hispanomexicano.

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  2. Mira tú que yo quisiera ir.
    Quien sabe si algún día.
    La suerte que tienes de viajar tanto.
    Besos

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  3. Y mientras tu otra mitad esta aquí esperándote ,con ansias y mucho amor se regocija recibiéndote cada vez que pisas su suelo, y aunque solo estas unas horas,México se enamora mas de ti y se queda mar de llanto con tu partida. vuelve pronto.

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  4. Es un país con mucha historia, me lo imagino bien bonito. Yo tuve la oportunidad hace unos 20 años de ir con mi familia ya que a mi padre cabía pa posibilidad de que lo trasladacen por asuntos de trabajo. Luego toco se truncó y pudimos quedarnos en España, en casa. A veces pienso que destino nos hubiera deparado allli. :)

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  5. Vuelas en tus palabras amigo y aterrizas en Mexico...ojalá pudiera ir algún día.

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  6. Me gustaría ir algún día.
    Feliz regreso.
    Sabes que aquí te esperamos.
    Un abrazo

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  7. Si hay universos paralelos por esos mundos de Dios ¿por qué no habría cientos de yos -que no yoyós-? A veces, ni me reconozco a mí mismo...

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  8. Claro, NOSOTROS! (tus yos)

    Andas andando sin andar.....viviendo sin vivir!

    Te andan buscando en el manicomio! :P

    Saludos =))))

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