lunes, 12 de diciembre de 2016

La cola del pescado


A ver cómo les cuento esto para que me crean y, sobre todo, para que no se entere mi esposa. 
La cuestión es que allí estaba yo, como todos los sábados más o menos a la misma hora, en la cola del puesto del pescado. Llevaba el número treinta y cuatro, y una señora pinturera y entrada en años, que había a mi lado, llevaba el treinta y cinco. Tal vez no resulte demasiado importante para el adecuado entendimiento de lo que les pretendo contar, pero ella, pese a tener unos cuantos años más que yo, se conservaba mucho mejor que otras mujeres con veinte años menos.
-¡Oiga, joven!: ¿Ese pescado de ahí, cómo se llama? -me preguntó la señora, como si yo fuese pescadero o el mismísimo hijo del famoso oceanógrafo francés Jacques Cousteau, que en paz descanse.
-No me haga mucho caso, pero yo diría que, eso de ahí, es una lecha -le respondí sacando pecho.
-¿Y sabe usted cómo podría cocinarla? -continuó preguntándome la señora como si yo, ahora, le pareciese un discípulo de Ferrán Adrià.
-Yo de usted lo haría al horno con sus patatitas y eso...
-¿Me estaba usted mirando el escote, verdad? -me recriminó no sin cierta picardía.
-¿Quién, yo?
-Sí. Sí. Usted. No se haga ahora el inocente.
-Disculpe, señora, pero yo soy inocente mientras un juez no dictamine lo contrario.
-¿Y le gusta lo que ha visto?
-Pues, la verdad, no está nada mal. Se nota que usted se cuida mucho más que yo.
-Nada de eso, buen mozo. Usted está pero que muy bien -me dijo la señora subiéndome, de ese modo, la moral para los próximos diez años.
-Muchas gracias, señora -le dije mientras sentía como me sonrojaba como un jovenzuelo.
-¿Me ayudaría a llevar la compra a mi casa, joven? -me propuso la señora mientras me guiñaba un ojo.
-No es por no ir, y hacerle a usted el feo, pero es que soy casado -le respondí tajante, como para dejar zanjado tan delicado asunto.
-Prometo no contarle nada a su esposa...
-¡Es que no seeé! -dije titubeando.
-¿Cómo qué no vas a saber! ¡Ya lo creo que sabesss!
-Es que le juro que estoy muerto de cintura para abajo...
-Como a Lázaro, te haré resucitar...

Y qué quieren que les diga: la carne es débil y la gana mucha. Lo peor fue que la seductora en cuestión vivía en un quinto piso sin ascensor y que había hecho la compra para toda la Navidad y Reyes. Por lo demás, ya se pueden ustedes imaginar...


11 comentarios:

  1. O sea, que te utilizó para que le subieses la compra...

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  2. jajajaja te manipuló y caíste redonditooooooooooo!!! jajajaja

    Saludos guapo ;)

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  3. yo también prometo no contarle esto a tu esposa jajajaja ni modos la carne es débil! y tu demasiado débil.

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  4. Jajaja, no saben ná la pájara.
    Me has hecho sonreír por la mañana.
    Un abrazo, Josepe

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  5. Jajajaja jajajajaj, ¿ni tan siquiera un cafetito......?

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  6. Vaya con la señora... jajajaja
    Las ideas las tenía bien clara y se ve que donde pone el ojo...

    Muy buena historia... :) Y queda claro que queda entre nosotros.

    Besitos

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  7. Bueeeno... muy extraña, por no decir vulgar manera de ligar de la doña. Y qué negativa tan frágil. "Soy casado", una excusa llena de miedo. Eso no se dice, se sustenta.
    Nunca he sido amable con los amigos que presumen sus aventuras. Porque mis amigos son caballeros... y los caballeros no tienen memoria. Pero te lo paso, creyendo que es ficción.
    Un beso.

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  8. Me has hecho sonreír del principio al final.Es una historia poco probable pero tan llena de humor y con tanta gracia narrada, que me ha encantado leerla.No sé qué opinaría una feminista de la imagen astuta de la mujer y del oportunismo típico del hombre, pero a mí me ha gustado este relato.
    Un abrazo.

    Un abrazo.

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  9. Muy listilla la señora.

    Te prometo guardar el secreto.
    Un abrazo.

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  10. Creo yo que mas que ligar lo que quería era alguien le llevara el mandado hasta el quinto piso sin rezongar jajajaja buena estrategia ya lo que paso luego bueno fue de alguna medida algo de suerte para el joven.

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  11. Pues yo si se me presenta, aunque no me la "chingue" le hago que me de una buena propina, sino le bajo otra vez la compra a la calle. Un quinto piso sin ascensor no es moco de pavo.

    Abrazo.

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