sábado, 29 de diciembre de 2012

El funambulista


Cuando decidí convertirme en un equilibrista circense mi vida cambió por completo. Ahora, al contrario de lo que pudiera parecer, lo vivo todo con menos tensión, a pesar de que mi existencia transita sobre un cable de acero, y me juego el físico en cada función mirando al tendido, como un torero, mientras la gente se atiborra a palomitas y refrescos.
También me planteé la posibilidad de meterme a torero pero me duele mucho el dolor ajeno, aunque sea el de un bicharraco con cuernos de quinientos kilos, y elegí lo del equilibrio, ya que el dolor, de producirse, sería mio y no se lo provocaría a nadie.
Primero ofrecía mi número con red, pero pronto me di cuenta de que la ausencia de riesgo desmerecía de forma notable mi espectáculo, así que, cuando adquirí mayor destreza y seguridad, eliminé la red. Ahora, en el Circo Kamikaze del Japón me juego el físico en cada función y miró a la vida sin miedo, como si deambular por un cable a más de veinte metros de altura sin red, fuera lo mismo que pasear por las Calas de Bolnuevo mirando a las tías  que hacen topless. 
De hecho, mirar a las mujeres me resultó más peligroso que lo del cable, ya que, el verano pasado, por mirar a las tetas de la novia de un orangután curtido en un gimnasio de mala muerte, me llevé tal somanta de palos que casi pierdo mi puesto de funambulista, con lo mucho que me había costado conseguirlo, después de llevar tres años sin un puto empleo.
Bueno, sí, lo reconozco, estuve un tiempo recogiendo cartones por las calles, hasta que un grupo de energúmenos, que se bajaron a la carrera de una furgoneta, me acusaron de intrusismo profesional y me invitaron amigablemente a cambiar de oficio, o de ciudad, y como no tenía ni para el autobús decidí probar suerte con la vacante del Circo Kamikaze del Japón, cosa que conseguí por pura intuición.
Del susto que me dio la visita improvisada del sindicato de recogida de cartonajes y otras inmundicias se me descompuso el estómago. Tuve que entrar a la carrera al retrete de un bar cercano. Pese a que llegué a tiempo, lo puse todo perdido. Al salir, el camarero me miró con cara de pocos amigos y me dijo:
-Oiga, para usar el aseo hay que tomar algo.
Rebusqué en mis bolsillos y me encontré una moneda de dos euros.
-Póngame un café con leche, por favor -le dije.
Al ojear el periódico, me llamó la atención un titular de las páginas de sucesos: "Muere equilibrista al precipitarse al suelo desde más 20 metros".
En la lectura me cercioré de que el circo estaría retenido varios días en la ciudad hasta que la policía determinara las causas del accidente.
Sé que muchos de ustedes lo verán mal, pero yo, al día siguiente me presenté en el circo a solicitar la plaza de equilibrista.
- Buenos días caballero: ¿Es usted el director del Circo Kamikaze de Japón? -pregunté a un tipo que había sentado en una especie de despacho que había en una de las caravanas.
- Así es. ¿En que le puedo atender? -me preguntó tan educado.
- ¿Usted no es japones, verdad? -exclamé con inquietud.
- ¿Y por qué habría de serlo? -me preguntó ligeramente desconcertado.
- En el cartel pone Circo Kamikaze del Japón -le repliqué inocentemente.
- No, no, eso no es así. Yo me llamo Carlos Japón Torrequemada y este es mi circo -entiende ahora lo del Japón, me cuestionó.
- Perfectamente -respondí circunspecto intentando reponerme de mi colosal metedura de pata.
- ¿Qué le trae por aquí? -preguntó Don Carlos.
- Vengo por lo de la plaza de equilibrista, si puede ser -le contesté.
- Usted debe estar equivocado, aquí no hemos ofertado ninguna plaza de equilibrista. De hecho, después de lo ocurrido, incluso nos planteamos eliminar ese número de nuestro repertorio -me explicó el empresario.
- ¡No, hombre! No haga usted eso. Yo puedo sustituir al difunto cobrando la mitad de lo que él cobraba -le propuse espontáneamente, sin pensar mucho en las consecuencias de lo que le estaba planteando.
-¿Pero usted es equilibrista? -preguntó con interés.
-Equilibrista, lo que se dice equilibrista, no. Pero después de más de tres años sin empleo he hecho cientos de equilibrios y contorsiones dignas de la pista principal de cualquier circo que se precie. Caballero, si hiciera falta, yo, por ese empleo, me subo en calzoncillos hasta en un cable de alta tensión -le solté al del circo sin nada que perder.
- ¿Sabe una cosa? Usted tiene tablas -me dijo mirándome fijamente.
- No señor. Yo tengo púas. Muchas púas. Debo dinero para trabajar mientras viva -le respondí con sentido del humor, con una frase hecha robada a un buen amigo.
-Pues creo que con esas tablas y esas púas podemos hacer de ti un buen funambulista. ¿Estás dispuesto a vivir en un circo y estar viajando diez meses al año? -me preguntó Don Carlos.
-Aunque fueran trece meses al año -le respondí.
Así es como me convertí en equilibrista. A los pocos meses me lié con la viuda del domador de leones. Su infortunado marido murió devorado por sus fieras un día que se resbaló en la jaula mientras realizaba la limpieza. No le dio tiempo a levantarse. 
Cuando estoy sobre el cable me gusta mirar a la gente. Yo sé qué lo que ellos  anhelan es que me pegue un porrazo y me rompa la crisma, pero no pienso darles en el gusto. Me encuentro muy contento soportando el difícil equilibrio  que me supone subirme dos veces al día al cable de acero y domar a la hermosa viuda del domador.
Entre usted y yo: siempre me han gustado mucho los equilibrios.
De hecho, aprovechando que han echado al nuevo domador, porque los leones no le hacían ni puto caso, me he comprometido con Don Carlos a ocuparme también del tema.
Al final todo es cuestión de equilibrio. A mí eso siempre se me ha dado bien.

7 comentarios:

  1. La verdad sea dicha creo que todos en este puto mundo hemos sido, somos y seremos siempre equilibristas, esperando a no darnos un porrazo o rompernos la crisma o como decimos aqui en Colombia Toderos no toreros si no TODEROS pues le jalamos a todo cuando la cuestión es tener trabajo y un sueldo medianamente digno.

    ResponderEliminar
  2. Este relato es como la propia vida, siempre hay ke ir haciendo equilibrios o lo ke es lo mismo salvando obstaculos de la mejor manera posible, hasta ke llega ese dia ke das con el kit de la cuestion. joder, y a partir de ese dia la vida se te hace amena por momentos y la disfrutas a tope. Esto es tambien como en el trabajo, cuando consigues dar con el COMO y el PORQUE, disfrutas de lo lindo haciendo tu trabajo.... Ya nunca mas le tendras miedo a nada y a nadie....... Buen relato.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¿Villales tú crees que es lógico pasar de todo a nada o viceversa?
      ¿Podrías plantearte, por un momento, a modo de ejercicio, lo bonita que sería la vida si nos separáramos de los extremos y nos enfrentáramos a todo, incluida la rutina, con más sosiego?
      ¿Y si nos planteáramos el esfuerzo como un valor y no como un castigo?
      Ahí te dejo eso Villales. Bienvenido a este blog, en el que nada es lo que aparenta ser y lo más probable es que nunca lo sea.

      Eliminar
    2. En esta vida no es nada logico pasar de nada, ni de nadie, por que todo tiene su por que de ser. Bueno y si la vida la pudieramos vivir con todo su explendor, y disfrutar de todos esos momentos buenos ke te da, seria fascinante y vivirla como tu dices con sosiego, ke gusto. Para mi el esfuerzo nunca ha sido ni sera un castigo, un ejemplo; Cuando tu pones todo tu esfuerzo en ke algo complicado o no salga adelante y bien,..... y encima lo consigues, eso para mi no tiene precio, eso es simplemente lo mejor del mundo para mi.

      Eliminar
  3. La necesidad y la fortuna se unen para que el protagonista encuentre su sitio en lo laboral, ayuda mucho tambien reemplazar a otra persona que no sería tan buena en su oficio cuando le costó la vida, aprovechada la oportunidad esté chico debió repetir numerosas veces el número subiendo poco a poco y día a día ese cable hasta llegar a los 20mt con la confianza y la seguridad de los primeros ensayos y evitar lo que le paso a su predecesor. En la vida las cosas son fáciles cuando hemos echo nuestro trabajo y nos hemos preparado concienzudamente, la facilidad llega justo después de la dificultad. Saludos desde el Cairo José.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Amigo Josè, ke razon tienes en tu ultima frase, la facilidad llega cuando le has ganado la batalla a la dificultad. Esta muy claro ke el dia a dia, son como pequeñas batallas ke vas librando, mientras ke a la vez te vas preparando para el asalto final, ke es sin duda alguna, superar tu obstaculo; el ke sea y como sea. las pequeñas batallas te van haciendo cada vez mas fuerte, hasta ke llega tu momento de gloria. en el ke por fin estas preparado para todo. Un abrazo desde Cartagena. Jorge

      Eliminar
  4. Hola Jorge estoy contigo en buena parte de tu reflexión, sobre todo en que la vida nos pone pruebas o batallas como tu las llamas, que debemos afrontar y superar. En lo que no comparto es en que lleguemos a esa gloria que nos de esa felicidad de saber que ya estamos listos!! Supongo y además espero que eso me pase dentro de muuuuucho tiempo ya que con esa reflexión solo mi cabeza me da para imaginar, a ese anciano que mirando atrás, vea que aprovecho su vida, dejo su camino echo, su familia encaminada, etc...sólo en ese momento una persona a mi modo de reflexión puede decir...GANE, CONSEGUÍ MI OBJETIVO EN LA VIDA!! Bueno, eso y ese funcionario que su objetivo en la vida es ganar las oposiciones jejeje. Saludos Jorge.
    Por cierto mi nombre no es José, sólo saludaba al escritor del blog pero entiendo la confusión.

    ResponderEliminar