sábado, 11 de noviembre de 2017

Ana y la luna


Con el océano nuevamente bajo los pies, rumbo a México, les escribo. Escribo abriendo un paréntesis en la lectura de Amores Imperfectos de la japonesa Hiromi Kawakami. No estaba por la labor de escribirles, me estoy sintiendo por unos días alejado de las letras. Se me tornan pesadas y complejas, como si les hubiera perdido el pulso con el que tanto y tan bien me había familiarizado. Tal vez debido a los hechos tan imprevistos y trascendentes que me han tocado vivir durante los últimos días y que superan ampliamente a mi capacidad para narrarlos como se merecen. 
El libro en cuestión, al que les hago referencia, contiene un relato denominado “Mundo Lunar”, un nombre muy sugerente para describir, entre otras cosas más sentimentales, a una marca de galletas japonesas. Aquí en España, por cierto, contamos con unos bollos industriales poco recomendables para la salud, a los que conocemos como “Media Luna”. La luna siempre ha sido, es, y seguirá siendo, una gran fuente de inspiración para escritores, poetas, filósofos, artistas plásticos y, como vemos, también para los confiteros.
A mí hija Ana Maria la luna le provoca tanta fascinación como respeto. Ella la busca ansiosamente por el cielo y estalla de emoción cada vez que la encuentra. Lo hacemos por sistema todas las noches antes de subirla a dormir a su cuna. La cosa es que salimos al jardín y realizamos esa especie de prospección estelar, tras lo cual mi pequeñaja da su ajetreado día por concluido. Inclusive, en esas tardes en las que, aún a plena luz, nuestro pequeño satélite hace acto de presencia, mi hija la encuentra entre las nubes y disfruta del hallazgo tanto o más como cuando de lactante veía en la lontananza las prodigiosas y nutritivas tetas de su madre.
Ana María, con tan sólo dos años, vive y crece atrapada bajo el misterioso influjo de la luna. 
El mundo lunar de mi hija lo imagino plagado de fantasía infantil, de sueños y de conjeturas sobre lo qué hace ahí esa bola luminosa, con una misteriosa cara dibujada, colgando en todo lo alto. Dentro de la mente de una niña, que apenas balbucea sus primeras palabras y articula sus primeras frases, ya se atisba la magia de un gran mundo lunar. Una luna que representa un gran punto luminoso en el libro de su propio firmamento. El punto y seguido con el que cada noche concluye su pequeña gran historia cotidiana repleta de vivencias y plagada de cariño.
Un mundo lunar al que le pido, mediante este escrito público, colgado del cielo a más de diez mil metros de altura, que, con su luz, ilumine y oriente a mi hija a transitar durante toda su vida por su mítico Mar de la Calma.

9 comentarios:

  1. Amigo que no se pierda la super luna ahorita el 14 noviembre.

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  2. Qué bonito y más bello deseo para una hija!!
    Tu niña tendrá la luna ya para siempre en sus sueños,pensamientos y emociones,porque ese misterio del que ahora goza,será mañana otro punto blanco en su mirada que le traerá recuerdos,interrogantes y quién sabe si alguna o muchas respuestas.
    Besucos

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  3. No se por que a mi me pasa lo mismo supongo son temporadas, pero a pesar de todo necesito escribir para escuchar mi interiores amigo jfbmurcia y es que a veces los problemas asfixian .

    Qué bonito que ella estalle de emoción cada vez que encuentra la luna y si que es verdad que la luna es fuente de inspiración.

    Besos y feliz domingo.

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  4. Para mí la luna también es muy especial, siempre tuve fascinación y cierto magnetismo con ella. Y aún la tengo, soy de las que le habla esperando soluciones. :)

    Hermosa entrada.

    Besos

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  5. Precioso relato.
    Y es que la Luna, atrae, llama, fascina y embruja, no sólo a tu pequeña, también a muchos mayorees, yo, soy una de ellas, también la busco entre los árboles y hablo con ella, esperando me responda.
    Voy a dar un repaso, hace un tiempo que voy muy lenta visitando.
    Un abrazo para ti y besico para Ana María.
    Ambar

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  6. Un texto sentido, y excelente.

    Abrazos José.

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  7. crezco cuando te leo
    y me maravillo de lo eres
    besos

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  8. También a mi la luna me provoca fascinación...Y descubro siempre, cuando hay luna llena, algún guiño en esa cara regordeta.
    Lo que también me fascinan son las "media lunas" y si trato de no comer algunas cada día es solo para no terminar como la luna llena.
    Abrazo hasta México, España o donde quieras que estés desde la ciudad más austral

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