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lunes, 18 de mayo de 2026

La olivera gorda de Ricote

El encanto de Ricote es cautivador. Su historia, su paisaje, sus montañas y su gastronomía seducen al viajero, sea cual sea su origen o condición. Ricote no sería Ricote sin su “Olivera Gorda” y sus leyendas. Resulta emocionante situarse frente a un árbol que tiene 1.400 años de antigüedad. Si esta olivera tuviera ojos, ¿cuánto habría visto? ¿Quién plantó este árbol? Nuestras raíces musulmanas son también sus raíces. El Valle de Ricote fue uno de los últimos reductos moriscos de España, ya que en sus fértiles tierras habitaron hasta su definitiva expulsión por el rey Felipe III en el siglo XVII. El esplendor de Ricote y de su más ilustre hijo, el sabio Al-Ricotí, bebe de las místicas fuentes del sufismo. El propio rey Alfonso X el Sabio lo tuvo como referente y asesor, y fruto de esa estrecha relación le encomendó la misión de crear el Estudio General trilingüe de Murcia, considerado la primera universidad de la región. El rey castellano sufrió presiones por su relación con el sabio de Ricote, por lo que le solicitó con vehemencia que se convirtiera al cristianismo, algo que Al-Ricotí rechazó, exiliándose en el Reino nazarí de Granada. Otro sabio entre los sabios que nació en Ricote fue Ibn Sabin. Me apasiona pensar, cuando miro sus huertos, sus acequias y sus palmeras; cuando subo hasta lo alto del cerro en el que se convierten en polvo los restos de su castillo, que Ricote fue una fascinante cuna del saber. ¿Cuánto sabrá de nuestra historia su Olivera Gorda?

domingo, 15 de diciembre de 2013

Is this Madrid?


Sábado. Seis y media de la tarde. María, contenta, sale a pasear. Las navidades se aproximan vertiginosamente. Las luces comerciales decoran un ambiente navideño de Visa y MasterCard. La gente pasea. Gran Vía, Alcalá, Cibeles, Castellana, Serrano, Recoletos. Miran escaparates. La gente, pacientemente, hacen colas para todo. Museo del Prado, Reina Sofía, Thyssen, Chicote, Doña Manolita. Japoneses, rusos, chinos, mexicanos, argentinos. La gente toma fotos. Sonríen. Tuitean. Posan. Escrutan. Compran. Miran. Sueñan.
En La Pecera de Bellas Artes varias parejas se besan hasta reventarse los labios. Busco y busco pero no hay peces. María se toma un San Francisco. Al salir, se detiene contemplando unos carteles en los que se lee: "Mery Crisismas" y "Feliz Sanidad" y se sonríe. Expone Chirino, tras haber retorcido todos los hierros que encontró en las Canarias. A María nunca le gustó la obra de Chirino. Las calles están intransitables. La policía vigila cada esquina como si se esperara un ataque alienígena. Sus helicópteros sobrevuelan a la masa consumista. Pese a todo, María retoma su paseo como si ese escenario le resultara cotidiano.
La gente se relaja. El Retiro, La Casa de Campo, El Jardín Botánico, La Plaza Mayor. Toman café con leche mientras practican el inglés. I am Pepe. You are María. Las parejas se besan con pasión y mucha saliva. Kiss me much. Compran castañas asadas. Montan en bicicleta. Patinan. Corren. Caminan. Cuelgan fotos en Facebook. Pasean con sus perros y cogen las cacas con una bolsa. A María no le gustan los perros, ni sus babas, ni sus cacas.¡Dog poop!
Suenan las sirenas como si el ataque alienígena fuera algo inminente. El Corte Inglés hace su agosto en diciembre. La gente tira de tarjeta como si tal cosa. 
Más policía. Más helicópteros. Comienzan las cargas contra los manifestantes que intentan rodear al Congreso de los Diputados para protestar contra la nueva Ley de Seguridad Ciudadana. Torrente estará frotándose las manos; por lo de la Ley y por lo del Atleti -piensa María, mientras reanuda su marcha.
Madrid. Bankia. Santiago Bernabeu. Vicente Calderón. Churros con chocolate. Gomina. Caspa. Porras. Botas. Golpes. Sangre en la calle. Blood on the street. Perros de presa. Escudos. Cascos. Sirenas. Ambulancias. ¡Many police!
Las compras continúan. Adolfo Dominguez. Roberto Verino. Custo Barcelona. Loewe. Gucci. Valentino. Zara. Las sirenas vuelven a sonar molestando a las cajeras de las tiendas de lujo. Carreras. Golpes. Perros ladrando. ¡Many police! Gente guapa tomando gin tonic de ginebra inglesa con pepinillos. Tarjetas de crédito echando humo. 
La joven María compra su primera obra de arte, ¡very good! en Casa//Arte, la feria de los nuevos coleccionistas. Ha elegido una obra de la artista portuguesa Joana Gancho por la que ha pagado, tan sólo, ciento cincuenta euros. Al salir, una anciana pide limosna en la puerta de la feria. María la observa, mete la mano al bolso, y le deposita, solidariamente, unas cuantas monedas en un vaso de plástico. 
Después, más sirenas. Más policías. Más gente pidiendo limosna. Más y más cafés con leche. ¡Tea black, please! Así estaba Madrid. No cabía ni un alfiler. Y, entre toda esa gente, María regresa feliz a su casa soñando con llegar a tener, algún día, una formidable colección de arte contemporáneo. 
Bye friends.

martes, 20 de marzo de 2012

Paseo por la huerta de Monteagudo






Quisimos aprovechar el lunes festivo de San José para salir a dar una buena caminata. Quien mueve las piernas, mueve el corazón, decía el eslogan. Un cordón umbilical, en forma de senda, sale desde la puerta de nuestra casa, para introducirnos, maravillosamente, en el vientre de lo que fuera el vergel de la huerta de Monteagudo. Menudo lujo.
El camino comienza a través de un bonito bosque de pinos, aderezados con pequeños retazos de vegetación autóctona como palmitos, espinos negros y esparragueras, y llega, tras mucho esfuerzo, a un punto geodésico que representa el pico más alto de toda la zona. A partir de ahí se comienza la bajada por una zona de escasa vegetación, donde los apicultores instalan, por esta época, sus colmenas. Luego de atravesar ese espacio de gran aridez, acompañados del continuo zumbar de las laboriosas abejas, y el ulular de  alguna parputa o abubilla, llegamos a la huerta, que en la actualidad se haya atiborrada casi exclusivamente de limoneros. 
Esta huerta de más de mil años de antigüedad, acoge dos perlas arqueológicas sobre las que se había previsto la creación de un Parque Regional Arqueológico, con un centro de acogida de visitantes y la consiguiente dinamización turística de la zona, pero la crisis lo ha dejado todo en agua de borrojas.   
De esas dos joyas de la arqueología murciana, sin duda, el majestuoso Castillo de Monteagudo es el más conocido. De origen árabe, vivió su esplendor durante el reinado del rey Lobo, aproximadamente por el siglo XII, el cual se construyó un palacete fortificado adosado -El Castillejo- para pegarse unas juergas que me río yo de las orgías de los romanos.
Luego, tras la reconquista por los cristianos, el Rey Alfonso X El Sabio, se vino a vivir a este impresionante castillo, donde escribió y escribió, hasta quedarse sin tinta, libros de leyes, de astronomía y hasta de hacer punto de cruz. Dicen que era muy sabio ya que, según parece, inventó los huevos al plato sin huevo y sin plato. Es normal, desde ahí arriba, donde ahora hay un cristo, que ve todo cristo, debía de disfrutar de unas vistas impresionantes de toda la huerta y de las moriscas que se bañaban en el azarbe. Los sistemas de riego que dejaron los árabes, y que hasta hoy mismo, mil años después, aún seguimos utilizando, son una impresionante obra de ingeniería hidráulica.
El Castillejo, o palacete de las fiestuquis del rey Lobo -yo creo que este debió ser el que se quiso comer a Caperucita- representa, en la actualidad, el monumento a la desfachatez. Cuando llegas a él, y subes por unas escalinatas de moderna construcción, te das de bruces con una balsa de riego, tras cuya contemplación no sabes muy bien si reírte o ponerte a llorar a moco suelto.
La zona tiene un potencial increíble, tan increíble como la ineptitud de unos políticos regionales y nacionales que han dejado a su suerte a un conjunto arqueológico de tan incalculable valor.
A tiempo están de rectificar.
Por cierto, los datos históricos que aportó en este relato son de muy dudosa procedencia. Mis fuentes no son de fiar. 

martes, 13 de septiembre de 2011

San Joy







Al parecer no hay ningún santo que se llame así. Por lo tanto, estamos ante uno de esos nombres de los que se desconoce su procedencia. San Joy era una pequeña aldea en las estribaciones de la Sierra de La Pila, que se despobló tras la guerra civil y que ahora, cuando nos acercamos a los pies del pico del Caramucel, nos la encontramos totalmente abandonada a su suerte.
Antaño, esta aldea, debió acoger a un grupo relativamente importante de familias, ya que, según he leído, incluso llegó a tener su propia escuela. Dicen, también, que a sus fiestas, que se celebraban en una era, acudía gente de pueblos cercanos a bailar y pasarlo bien.
Mi primer encuentro con esta aldea fue hace más de veinte años. Por aquella época, los soñadores del desaparecido Grupo Ecologista Acción Verde, realizábamos repoblaciones forestales populares por diferentes lugares de la Región de Murcia. Me enamoró su ubicación y vislumbre, en aquella aldea y aquellos parajes dominados por el bosque mediterráneo, una enorme potencialidad para desarrollar un proyecto de rehabilitación ecoturística, que dotara, nuevamente, de vida a aquella aldea, tan recóndita, de las sierras interiores de Murcia.
Ese sueño, inconcluso, sigue ahí. Afortunadamente siguen en pie sus envejecidas casas y sus terrazas de bancales con muros de mampostería. De su pequeño manantial, continúa manando agua. Quizás, ese humilde manantial se resiste a secarse con la intención de volver a atraer, con sus aguas, a nuevos habitantes que inunden de vida a sus maravillosos parajes, o atraigan a algún otro loco que, como yo, vea en San Joy una oportunidad de fusionar desarrollo económico y recuperación del medio rural.
Merecería la pena intentarlo.

sábado, 23 de abril de 2011

Mare Nostrum

















































Si hay algo que una a los españoles a otras nacionalidades, a muchas culturas, y diferentes religiones eso es, sin duda, el Mar Mediterráneo. Los romanos le llamaron Mare Nostrum que traducido al castellano significa "Mar Nuestro". A nuestras costas fueron arribando, incansablemente, fenicios, cartagineses, griegos, romanos y árabes. Unos con más arrogancia y otros con más diplomacia. Unos nos la metían con maña y otros iban a cuchillo. Pero es indiscutible que, entre todos ellos, forjaron nuestra cultura, nuestras costumbres, y nuestro idioma. Nos fueron modelando y enriqueciendo, mientras, el mar, nuestro mar, nos daba la vida, nos alimentaba y generaba unos lazos invisibles que nos unen a todos ellos, queramos o no.

Joan Manuel Serrat, nuestro gran cantautor catalán, ya lo decía en su irrepetible canción: "Mediterráneo". Nació en el Mediterráneo. Yo, como Serrat, también nací en el Mediterráneo y soy hermano de todas aquellas personas que se sienten nacidos allí. Con independencia del pasaporte, o al Dios que le recen, e inclusive, de todos aquellos que no reparan en rezar.

Esta mañana nos hemos dado, mi esposa, unos amigos y yo, el primer baño del año. Hemos andado serpenteando, arriba y abajo, por sus maravillosas y recónditas calas. Hemos gozado de un sol que maridaba perfectamente con el mar y con nuestros deseos. Disfrutando como un niño, he sentido la necesidad de revelar lo afortunado que soy de sentir cada día su presencia y la responsabilidad que tengo, y que tenemos todos, de protegerlo y conservarlo para la posteridad.

La Sierra de Las Moreras, con sus Playas de Bolnuevo al borde mismo de nuestro mar, forman un paraje de un valor incalculable que acoge una serie de calas, en las que se práctica el nudismo tanto como el respeto al medioambiente. Calas como: Cueva de Lobos, Playa Amarilla, Playa de la Grúa, Cala Leño, etc, nos acercan y rememoran a un Mediterráneo auténtico, sin pervertir y sin edulcorar.

Aquí no hay cartón piedra, ni chiringuitos, ni cemento, ni campos de golf, tan sólo conviven, frente a frente, el ser humano y la naturaleza. Las personas y su mar. Yo y el mar.

Los dos baños de hoy, de coste cero, son el mejor tratamiento de spa que nadie se pueda conceder. Nada es comparable a la naturaleza y nada le sienta mejor a nuestro cuerpo que el contacto con ella. El Mediterráneo nos quiere. Demostrémosle nuestro amor.



domingo, 20 de febrero de 2011

LLegó la primavera











Hace algunas semanas que la primavera quería hacer su aparición. El duelo que bate contra el crudo y triste invierno lo esta ganando. Los preciosos almendros en flor así lo acreditan:¡Touché! Ya es algo innegable. Estamos a veinte de febrero y los veintidos grados de temperatura hacen delicioso pasear por los alrededores del volcán fósil de Barqueros (Murcia). El zumbido de los insectos, el primer deambular de la joven Culebra de Escalera, los renacuajos en las canalizaciones del agua que afloran entre los pliegues fosilizados de lava, nos recuerdan una actividad volcánica remota, que nos ha dejado su huella imborrable en este paisaje árido y maravilloso.

La vida comienza cada primavera en estos pequeños detalles, nos arrastra sutilmente, queramos o no, hacia adelante en un desbocado calendario, como una suave brisa que nos activa, que nos renueva y que nos motiva. Con un lenguaje no escrito y que nuestro cerebro no alcanza del todo a comprender, nuestras células se alteran al impulso de la primavera, como la madera seca y retorcida de estos almendros que explotan en millones de preciosas flores entre blancas y rosas.


Esta mañana he sentido la primavera. Atrás queda, tan sólo, otro invierno más.