lunes, 2 de noviembre de 2026
El puto móvil
Ahora que nadie tiene tiempo para nada, pero sí lo tiene, y mucho, para estar pendiente del móvil, todo parece perder interés.
El teléfono móvil es demasiado inteligente. Es capaz de atraparnos, secuestrarnos, engañarnos, pervertirnos, convencernos, vendernos y engancharnos. Como si de una droga dura se tratara, sentimos que no podríamos vivir sin él.
Cuando viajo por cualquier país o ciudad, la historia se repite: todo el mundo, teléfono en ristre, cuello inclinado a modo de sumisión y quemándose los ojos en la inmensidad de un océano de zettabytes.
¿Existirá vida fuera del teléfono?
Hace unas semanas estuve trabajando en República Dominicana. El hotel y su entorno eran un paraíso. Sin embargo, un porcentaje muy elevado de sus huéspedes no estaba allí: estaba inmerso en sus teléfonos.
De nada servían las playas inmensas de arenas blancas y aguas azules, los cocoteros mecidos por el viento, los pelícanos pescando ante nuestros ojos como en un documental de National Geographic, los animadores bailando bachata, los mojitos...
Posiblemente, para ellos, nada sea comparable a las maravillas que encuentran en las pantallas de sus teléfonos móviles.
¿No podrían haberse ahorrado los dos mil euros del viaje?
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