viernes, 2 de agosto de 2013

Conversaciones con mi planta carnívora II


Después del éxito y la complicidad que hemos adquirido, esta extraña planta y yo, he de reconocer que pasamos todo el día intentando propiciar esos momentos de intimidad en los que explayarnos en nuestras cosas. Sí lo sé, esto es de locos, pero la vida esta llena de pequeñas locuras, y esas pequeñas locuras son las que diferencian nuestra vida de la de una lavadora automática de carga frontal pagada a plazos.
Entre usted y yo: ¿Qué de malo tiene esta relación, a quién podemos hacer daño? Pues a nadie...usted lo acaba de decir, absolutamente a nadie.
La conversación que les narraré hoy tuvo lugar tempranito. Me senté en una tumbona a leer y por deferencia hacía mi nueva compañera la puse a mi lado en una pequeña mesita auxiliar. 
-¿Ese no es el mismo libro que leías ayer, verdad? -me preguntó rompiendo el silencio de la mañana que tan sólo se sentía alterado por el sonido de un gran grupo de abejarucos, que revolotea encima de mi casa todas las mañanas, y que, en verano, siempre me despierta.
-No amiga Carni -le contesté.
Como verán mis osados lectores, ya la he bautizado: le he puesto Carni. Espero que les guste. Entiendo que es lo menos que podía hacer después de la profunda amistad que estamos trabando entre las dos partes. Una amistad limpia y duradera, como siempre se intenta conseguir entre un hombre y una mujer pero que nunca se puede lograr, ya que, antes o después, más bien antes, el hombre saca su lado macho y quiere copular. No, no por vicio ni nada de eso, sino por una simple cuestión de subsistencia de la especie, como todos sabemos.
-¿Y que lees, a ver, dime?
-Pues ayer acabé un libro de la mexicana Guadalupe Nettel titulado: El matrimonio de los peces rojos y, ahora, he comenzado con otro de Carlos del Amor, que por cierto es murciano como yo, y que se titula: La vida a veces -le respondí.
-Por cierto, tú que tanto lees: ¿Has leído lo de tu presidente? -me preguntó.
-¿Quién es mi presidente, si se puede saber?
-Pues Don Mariano Rajahoy. ¿No has oído lo de su famoso fin de la cita? -me interrogó.
-Sí algo he leído por ahí.
-Ese hombre debe ser extraterrestre. ¿Tu le ves algo a ese hombre cómo para haber llegado adónde ha llegado? -me cuestionó.
-La verdad, Rajahoy es una persona muy poco carismática, pero si ha llegado tan alto por algo será, vamos digo yo.
-Si en una carrera se van cayendo todos por el camino, hasta una persona que no haya corrido en su vida podría ganar y eso no significa que sea un atleta -expuso Carni con la contundencia que siempre usa.
-¿Te refieres a que fue elegido porque pasaba por allí? -pregunté.
-Más o menos. Fin de la cita.
-Sabes qué te digo: mejor cambiemos de tema. La política se ha convertido en algo tan burdo que no merece la pena que malgastemos nuestro tiempo de vacaciones en hablar de ello.
-¡Ves! Por eso tu presidente sale en pleno mes de agosto a dar explicaciones sobre el pirata del tesoro de PP, para que nadie malgaste su tiempo de vacaciones en hablar de ellos. Jajajaja. ¡Cómo sois los humanos! Tenéis menos sangre que un mosquito. Oye y tú que eres tan aficionado a los insectos: ¿Me podrías conseguir hoy de aperitivo una buena y hermosa avispa sin que te pique? -me pidió dulcemente para engatusarme.
-No te prometo nada pero lo puedo intentar. Fin de la cita.

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