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lunes, 26 de agosto de 2013

Conversaciones con mi planta carnívora XI


Cuando sonó el despertador ya hacía rato que me encontraba despierto. Al levantarme de la cama, bajé a la cocina a tomar un zumo de naranja. Sin saber por qué, no pude de dejar de fijarme, obsesivamente, en el tono plomizo de mi suelo de cemento. Me parecía más intenso que otras veces. El sabor del jugo también me supo más amargo que de costumbre. Eché en falta el sonido tan característico de la bandada de abejarucos que me acompañaba este verano, durante cada desayuno, a modo de banda sonora. Las cigarras, sin embargo, chillaban de manera insoportable, como nunca antes habían hecho a esa hora tan temprana. Todo eso me resultó extraño. Dicen que cuando las cigarras chillan tan fuerte anuncian tormenta.
De ese modo, y antes de irme al trabajo, decidí saludar a Carní.

-¡Buenos días, Carni! ¿Cómo has pasado la noche? -le pregunté.

No obtuve respuesta alguna. Miré alrededor por si Carni hubiera detectado la presencia de alguien, pero allí tan sólo estábamos ella y yo.

-¿Por qué no me hablas, estás enfadada conmigo por lo de ayer, verdad? -le dije siendo consciente de que mis carcajadas podían haberla hundido en la miseria.

Ella seguía sin articular palabra alguna.

-¿Es por eso, a qué sí? No te sentó nada bien que me sorprendiera cuando comparaste nuestra relación con un amor de verano. Pero, entiéndeme Carni, eso no sólo es imposible, ¡es una locura!, tanto o más como tus deseos hacía esos pepinos de mar. Las fantasías son sólo eso: fantasías, y cuando te acercas demasiado a ellas te sueles desengañar. Pero yo te apreció mucho, amiga. Estoy pensando en llevarte a mi oficina, creo que no le vendría mal un toque natural como el que tú le puedes aportar. ¿Te parece bien?

Carni parecía no inmutarse. Al mirarla sentía la misma percepción que cuando miraba a la albahaca o la hierbabuena: nada de nada.

-Te lo ruego, Carni. Perdona que me riera ayer, pero me resultó muy gracioso, no lo pude evitar. He de reconocer que hace mucho tiempo que nadie se enamoraba de mi y me pillaste desentrenado. Pero podemos seguir siendo amigos, ¿No te parece?

Mi planta seguía muda. Para intentar motivarla la regué. Le cacé dos moscardones peludos de ojos saltones y los deposité en sus vasos más vistosos. La puse en un lugar más fresco y le seguí rogando durante un buen rato que me hablara. Nada de nada.
Y fue en el coche, de camino a mi reunión, cuando entendí ese mensaje mudo. Entre Carni y yo todo había acabado, al igual que habían acabado mis vacaciones. Como bien dijo ella, días atrás, hay cosas que sólo tienen cabida en ese tiempo de sueños que son las vacaciones.
Carni ya no me volverá a hablar y este inmejorable verano no se volverá a repetir.

domingo, 25 de agosto de 2013

Conversaciones con mi planta carnívora X


Así, entre ustedes y yo, este verano he tenido varios idilios. Comenzó todo con The Lumierees, ese grupo que canta en inglés, que se apoya en una guitarra, en voces más o menos estridentes, en palmas, percusiones y en raíces de música celta. Por otra parte con la incomparable Carni, a la que todos ustedes ya conocen a través de este serial. Otro de mis inconfesables affaire lo he tenido con la escritora Amélie Nothomb, esa extraña belga, nacida en Japón que escribe desde un diván y te deja listo para ir a hacer terapia o comerte de postre una granada, pero de mano. Por último, en esta especie de confesión post-vacacional, tengo que reconocer que me he vuelto a enamorar de Puntas de Calnegre, la costa más salvaje y recóndita de todo el litoral español y que, encima de todo, está en Murcia. 
Estoy viendo de reojo a Carni y la siento distinta. No sé a qué se pueda deber ese cambio de actitud hacia mí. Voy a ver.

-Hola Carni: ¿Te ocurre algo, bonita? -le pregunté para provocarla.
-Claro que ocurre algo. Ocurren muchas cosas, como tú bien sabes -me dijo con un tono que barruntaba tormenta. 
-La verdad, me encuentro un poco perdido; como estoy preparando la reunión de mañana creo que se me ha pasado algo por alto, pero no sé qué es -le confesé.
-¿No, sabes lo que es?. Qué poco te importo, amigo -me dijo un tanto melancólica.
-Ya entiendo, es porque mañana comienzo a trabajar. ¿Es por eso, verdad? -le pregunté, creyendo haber dado de lleno en la diana del problema.
-Sí, Pepe. Ya nada volverá a ser igual entre tu y yo. Tu viajas mucho y yo necesito mucha conversación y muchos mimos -me dijo apenada.
-Pero no siempre estoy de viaje, Carni. No tienes que ponerte así -le supliqué.
-Amigo: ¿No te das cuenta que hay cosas que sólo suceden durante las vacaciones y que si sucedieran durante el año dejarían de tener sentido? -me comentó tan filosófica.
-¿Cómo qué, dime, a ver? -le exigí.
-Por ejemplo... como ir en bermudas, comerte unos higos, bañarte en la piscina veinte veces al día; o, cuando eres más joven, enamorarte apasionadamente y, después, a los treinta días, si te he visto no me acuerdo. Eso son cosas que sólo suceden en verano -me comentó.
-¿Y todo eso qué tiene que ver con nosotros? -le volví a preguntar.
-¿No te das cuenta de nada, animal? lo que tú y yo hemos vivido ha sido como un romance de verano -me dijo tan convencida.

La verdad, después de escuchar semejante explicación, no pude contener una sonora carcajada y me alejé del jardín pensado en lo afortunado que me sentía. El verano me había dejado, en todos los sentidos, un buen sabor de boca. Después, mientras intentaba descansar, recordé la conversación que había mantenido con Carni y me supo a despedida. Me dormí pensando en que algo, en toda esta historia, no me cuadraba. 
Eso me pasa por tener una amiga tan rara.


viernes, 23 de agosto de 2013

Conversaciones con mi planta carnívora IX


Al levantarme, no quería acordarme de los días que faltaban para volver al trabajo. Mis objetivos tan sólo consistían en desayunar tranquilo, leer un poco y escuchar el sonido de la infinita variedad de pájaros que rodean mi casa. Después, me dediqué un rato a mimar a mis plantas, especialmente al limonero que planté el fatídico día en el que enterramos a mi abuela, en un postrero intento de aferrar su alma cerca de mi casa, antes de que esta se marchará para siempre a quién sabe dónde. A mi limonero-abuela, últimamente, les están atacando mucho las langostas por lo que le presté especial interés azuzando sus jóvenes ramas para hacerlas saltar de sus escondites y, después, darles su merecido con el matamoscas. Sí, lo sé, todos los seres vivos tienen derecho a la vida, pero no a comerse a mi abuela, eso si que no.
A parte de dos langostas enormes, también saltaron de entre sus ramas, una cigarra y una mantis religiosa. Cada día, mi casa se va pareciendo más a una contemporánea Arca de Noé. ¿Seré yo acaso la reencarnación de San Francisco de Asís? Quizás por eso consigo hablar con esa planta carnívora tan loca que tengo en mi jardín. Sea como sea, cada día aparecen más bichos en mi casa.¡Lo que me faltaba!

-¿Qué haces esta mañana, dando esos saltos con el matamoscas en la mano, que parece que estás loco? -me dijo Carni, tan simpática como de costumbre.
-¡Odio a estos bichos tan repugnantes! No lo puedo evitar, es algo superior a mis fuerzas Y todos los días saco dos o tres del limonero. Se lo quieren comer, pero no les voy a dejar -le dije a mi habladora planta.
-¿Qué libro estas leyendo ahora, ese de la tapa amarilla? -me preguntó.
-Me sorprende lo mucho que te interesan mis libros. Eres una planta muy intelectual. El libro se llama "Cosmética del enemigo" de la escritora Amélie Nothomb, de origen belga pero nacida en Japón -le expliqué con detalle.
-¿Y de qué va ese libro? -me preguntó interesada.
-Trata sobre un hombre al que, de repente, se le aparece su propia conciencia mientras espera un avión en un aeropuerto. Al parecer, el tipo había matado a su esposa e intentaba continuar con su vida como si tal cosa. Es un librito de unas cien páginas que se lee muy rápido. Ya casi lo he acabado -le expliqué.
-Por cierto, Pepe, hablando de todo un poco: ¿Este verano, no ibas a continuar escribiendo esa novela que ya tienes dos años atrancada?. ¿Qué haces, entonces, leyendo tantos libros y escribiendo todas nuestras conversaciones? -me preguntó, no sin cierta ironía.
-Pues no lo sé, Carni. La cuestión es que el cuerpo no me ha pedido abrir el archivo y retomar la novela. Sin embargo, mira por dónde, me ha dado por hablar contigo y, pese a lo que puedan opinar los demás, transcribir literalmente nuestras conversaciones -le expliqué.
-¿Sabes que te digo? Creo que tan sólo son escusas. Seguro que no tienes ni idea de cómo acabar esa maldita novela y me pones a mí como escusa de tu incompetencia. Amigo, no vales para escritor. Te faltan cojones, eso es lo que te falta para ser un buen escritor, cojones -me dijo Carni, visiblemente alterada.
-Puff, amiga, cada día te entiendo menos -le dije.
-Sí, sí, Pepe, haces como todos, entiendes lo que quieres entender.

jueves, 22 de agosto de 2013

Conversaciones con mi planta carnívora VIII


Avanzan las vacaciones a un ritmo vertiginoso. Ya pienso en organizar una cena para despedirme de mis bermudas, ese pantaloncito corto que los hombres sólo usamos durante las vacaciones de verano y que, después, repudiamos en el fondo de nuestro armario hasta la temporada siguiente. Tener tres semanas de vacaciones es algo poco operativo. La primera la dedicas a hacerte a la idea de que ya, por fin, estas de vacaciones y a preparar el equipaje, las guías y el coche. La segunda, llegas a tu lugar de destino, intentas ubicarte lo antes posible, conocer el entorno, dónde comer, dónde bañarte, por dónde pasear, etc. Y la tercera, comienzas a darte cuenta de que lo bueno se está acabando y a organizar el repliegue operativo hacia la jungla de asfalto.
Reflexionando por mi jardín en calzoncillos sobre todo esto, escuché de nuevo la voz de Carni:

-¿Dónde te habrás metido que vas todo achicharrado? 
-Esta mañana fui a bucear un rato, no me puse protección solar y me he quemado la espalda y el cuello -le expliqué.
-Jajaja, ¡y la calva!. La calva también la llevas como un tomate. En casa de herrero cuchillo de palo -dijo burlándose de mi.
-Bueno, pero no es nada grave. Me he puesto un poco de after sun de Tahe y ya me encuentro más aliviado. Hacía mucho que no buceaba y no me di cuenta de que llevaba demasiado tiempo en el agua.
-Tiene que ser bonito eso de bucear. Siempre he soñado con bucear y conocer los fondos marinos -dijo mi planta carnívora dejándome atónito. 
-Es una maravilla bucear. Lástima que en algunas zonas los fondos estén tan esquilmados. Lo único destacable que observé fue un pequeño grupo de lubinas y dos pepinos de mar -le comenté.
-¿Dos pepinos de mar? ¿En serio que viste dos pepinos de mar? -me preguntó un tanto excitada.
-Sí, eran bastante grandes -maticé.
-Dios mío, que ganas tengo de tropezarme, a solas, con uno de esos pepinos de mar. Mis sueños más íntimos siempre están protagonizados por pepinos de mar. No sabes lo que me ponen esos gusanos. Es sólo pensar en ellos y se abren mis vasos en canal -me dijo visiblemente alterada.
-La verdad, Carni, nunca me hubiera imaginado ese lado tuya tan lascivo y perverso. ¿No te parece imposible esa relación? -le pregunté.
-Sí, hijo. Tan imposible como encontrarte a ti en calzoncillos algún parecido con David Beckham.
-¡Oye, Carni, sin ofender!

martes, 20 de agosto de 2013

Conversaciones con mi planta carnívora VII


Como ya me encuentro en plena cuenta atrás para regresar al trabajo; me he levantado temprano para poner en orden mis ideas y comenzar a preparar la reunión que mantendré con todo mi equipo el próximo día veintiséis. Yo creo que Carni me observaba de lejos. No tengo muy claro si ella me ve a través de esos vasos multifunción que le caracterizan, pero, en todo momento me he sentido observado.
Al hacer un descanso para tomarme un café, fue cuando me acerqué a saludarla.
-Hola Carni: ¿Cómo lo llevas? -le pregunté de manera coloquial.
-Yo bien. Tú eres el que parece que está hoy muy atareado. ¿Ya no tienes tiempo para mi o qué? -me dijo un tanto molesta.
-No es eso, amiga. Lo que sucede es que he comenzado a preparar la reunión que tengo con mi equipo la semana que viene. Eso es lo único que pasa -le respondí.
-Dime: ¿Qué le vas a contar de nuevo a tus chicos, si ya se lo tendrás todo dicho? -comentó mi planta carnívora.
-Uno nunca lo tiene todo dicho, Carni. Las situaciones van cambiando y también, por ello, deben adaptarse nuestros planteamientos y nuestras propuestas. Sí pretendemos seguir por el buen camino que llevamos no podemos actuar de otra forma. Adaptarnos a la situación y hacer continuas propuestas de negocio que produzcan nuevas vías de crecimiento y diversificación para nuestros clientes -le aclaré.
-Pero dime una cosa, que hay algo que no me queda muy claro en todo esto: ¿Vosotros no vendéis tintes para el cabello, champús y todas esas gaitas? -me preguntó.
-Sí amiga, pero lo más importante para nosotros es que los negocios de nuestros clientes evolucionen y sean más rentables que los de la competencia. Buscamos con nuestros clientes relaciones duraderas y , para ello, apostamos por implicarnos al máximo en sus proyectos. Eso es un trabajo muy serio para el que constantemente nos estamos preparando -le expliqué a mi singular amiga.
-Sabes, si no fuera porque soy una planta y no puedo sacar los pies del tiesto, pondría una peluquería para comprar tus productos -me dijo Carni, sin que diera crédito a lo que acababa de escuchar.
-¿Me estás felicitando o te quieres quedar conmigo? -le pregunté confundido.
-No, nada de eso. Pero tendrías que atenderme tú personalmente. Me gustaría poner una peluquería para plantas carnívoras -comentó.
-Pues, por encima de todo, sería una peluquería muy singular. Seguro que los moscones no se atreverían a entrar a molestar.
-¡Ay, Pepe! No sabes lo que daría por reencarnarme en peluquera...

sábado, 17 de agosto de 2013

Conversaciones con mi planta carnívora VI


Los días de vacaciones van pasando y mi relación con Carní sigue siendo una relación extraña, como no podía ser de otra manera, y al mismo tiempo adictiva. Me siento especial al poder comunicarme con un ser vivo del mundo vegetal. Quizás mi abuela, ahora que recuerdo, tuviera la capacidad de hablar con sus geranios, como de hecho hacía. Así que lo mío con esta planta puede ser una capacidad que me venga de mis ancestros. Como las familias que tienen las orejas grandes, o son muy altos, o tienen la cara como si les hubiesen dado un sartenazo.
Nos gusta hablar en privado, no por timidez, yo creo que más bien lo hacemos así para no tener que dar muchas explicaciones. Este don, como muchos otros, o se tiene o no se tiene y los que no lo disfrutan no lo entienden. 

-Hola Carni: ¿Cómo amaneciste hoy? -le pregunté desnudo y recién levantado.
-Escuchando la radio como en todos los días que tú no estabas... -me comentó.
-¿Cómo que escuchando la radio? Si no tenemos en casa aparato de radio -le aclaré.
-Pero la vecina sí, pánfilo. La pone tempranito, justo cuando comienzan a chillar estos cabrones de los abejarucos que se zampan mi comida y sale ella, medio dormida, a que caguen su tres perros . Me entretiene mucho porque así me entero de todo que os pasa por ser como sois -puntualizó Carni.
-¿Ya te estas metiendo con nosotros? Mira que no hay día que no nos critiques -le recriminé.
-Lo mejor es lo del Bárcenas. Es el único español que va con una manta debajo del brazo durante todo este verano y no precisamente porque haga frío. Me recuerda un poco a Javier Bardem en la película "No es país para viejos"; aunque el Bardem llevaba un soplete con una bombona de butano y lo hacía todo carbonilla. Pero lo del conflicto con Gibraltar que se ha sacado el Gobierno de la manga, como cortafuegos contra el ex-tesorero, tiene también su miga, no me digas que no. Me recuerda a la película de Summers "To el mundo es bueno". Nada más que falta que comenzaran a reclutar paisanos al grito de: ¡Gibraltar, español! -me dijo Carni con la guasa de siempre.
-La verdad, si quieres sacarme de mis casillas con el tema de la política no lo vas a conseguir. Aquí que cada palo que aguante su vela. Yo ya no doy la cara por nadie -le dije quitando hierro al asunto.
-Ves, que cobardes y que chaqueteros sois los humanos, a la primera de cambio, hacéis mutis por el foro, os cambiáis de chaqueta y chimpún. ¡Qué cara más dura! -me comentó toda exaltada.
-Amiga, como sigas así te va a dar algo. Tienes que relajarte un poco.
-Anda sí, rocíame un poco de agua y vete a tus quehaceres, que tienes la casa hecha un asco. Una cosa es que estés de vacaciones y otra cosa es que seas un cochino. Y luego te afeitas que pareces Robison Crusoe en plan cutre.
-Carni, hija mía, no hay quién te aguante.

jueves, 15 de agosto de 2013

Conversaciones con mi planta carnívora V


-¿Dónde coño te has metido todos estos días, a ver? ¿Qué pretendías, matarme, verdad? Soy una incrédula, eso es lo que soy. Mira que me advirtieron: ¡Lleva mucho cuidado con entablar amistad con los humanos, padecen de una enfermedad que se llama egoísmo. Sólo piensan en ellos y lo demás se la trae floja. Y mira por dónde, a la primera de cambio, con el primer humano que hago amistad me deja tirada. Estos diez días me he sentido como una abuela abandonada en una gasolinera en pleno mes de agosto con cuarenta grados a la sombra.
-Sólo me fui unos días de vacaciones, Carni. Además no dramatices tanto, dejé a una amiga encargada de venir a regarte. Veo que te gusta mucho hacerte la victima.
-Me he sentido muy sola. Me dejaste al lado de la albahaca y de la hierbabuena que desprendían unos olores tan fuertes que me daban ganas de vomitar hasta el primer saltamontes que me comí-me recriminó.
-Pues yo lo hice para agradar y que te sintieras acompañada y reconfortada, pero me estoy dando cuenta de que entenderte a ti es tan difícil como entender la situación de los bancos españoles -le comenté con la intención de ir cambiando de tema.
-¿Adónde has estado todos estos días?.
-Estuve en la Costa Brava, de ahí fuí a Avignon en Francia y luego a Ceret, un pequeño pueblo del pirineo francés que siempre sorprende por las magníficas exposiciones que organiza.
-Me suena todo muy aburrido. A ti te va poco la marcha me parece a mi. Por cierto: ¿de qué era la exposición que fuiste a ver a Ceret? -me preguntó interesada.
-De Miquel Barceló, uno de los grandes artistas del momento, la exposición se titulaba "Terra Ignis". Llevo siguiendo a ese artista desde los años ochenta, y siempre que puedo, voy a ver lo que hace.
-¿Y qué hace ese tío que te gusta tanto? - dime.
-Pues tiene un estilo muy personal. Es agresivo y hasta un tanto violento. Provocador y muy alegórico. Tiene la esencia de otros grandes como Picasso, o Miró o, incluso, Tápies. Todos los artistas tienen referentes, lo quieran reconocer o no. Todos son una continuación de otros. Por eso me gusta tanto el arte, porque es un camino infinito por el que transitar.
-Has venido más filósofo que te fuiste. ¿Te ha dado mucho el sol en la cabeza o qué? - me dijo de forma provocadora.
-Puede ser, Carni. He disfrutado mucho de las pequeñas cosas y he intentado llevar mucho cuidado con el sol.
-Pero, cuéntame: ¿Te gustó la exposición o no?
-Claro que sí. Este tipo los tiene bien puestos. Tiene la mente clara y las manos sueltas. Todo eran cerámicas: tiestos, jarrones, tejas, ladrillos de diferentes formatos, atravesados, sobrepuestos, chafados, deformados, coloreados, dibujados, y sobre ese caos, Miquel Barceló construye un mundo de alegorías con el que  te traslada a su mundo. Sin duda, a mi me llevó a su terreno. Por eso siempre lo admiro. Un artista o te lo dice todo o no te dice absolutamente nada.
-Parece que entiendes mucho de arte -me comentó.
-En realidad, no entiendo de nada, pero disfruto con todo -le contesté.
-Pues amigo, que sea la última vez que te vas de viaje y no me llevas. Advertido quedas.

martes, 6 de agosto de 2013

Conversaciones con mi planta carnívora IV


-Sabes qué te digo, Pepe: Ese dibujito que me has hecho no me gusta nada de nada. ¿Nadie te ha dicho nunca que lo tuyo no es el dibujo? -Me soltó de sopetón.
Este fue el recibimiento que Carni me hizo esta mañana nada más comprobar que ya nos habíamos vuelto a quedar solos, por un rato, en la casa.
-No dibujo para competir con nadie, amiga. Lo hago porque me gusta pintar con el paint y, luego, me resulta muy cómodo usar esos archivos como ilustraciones en algunos de mis relatos -le expliqué.
-Y nadie te ha dicho que tus relatos tampoco valen mucho. O no se atreven a decírtelo a la cara.
-Lo mismo te digo. Hoy te siento especialmente carnívora, eh.¿No has comido bien? ¿Quieres algún insecto en especial para ver si se te calma tu malhumor por un rato? -le propuse.
-¿Acaso pretendes comprarme con una triste mosca peluda? ¿Intentas atenuar mis críticas a base de darme cuatro bichos y, si me descuido, hasta con cloro en pastillas de Mercadona? -me recriminó.
-Anda que me vas a echar poco en cara lo del otro día. Te prometo que no tenía ni idea de que eso te fuera a causar un problema. Pero tú, erre que erre, me lo vas a estar restregando todo el verano por los morros, por lo que veo.

Tras esta primera disputa, se hizo un silencio tenso entre los dos, cosa que aproveché para hacerme un cortado, pese que hacía poco que había desayunado; pero es que tengo que reconocer que el café es uno de mis pequeños vicios y más si es de Intermón y me lo preparo yo con mi vieja cafetera Saeco. Para mi gusto, el secreto está en calentar al máximo el cacillo, apretar bien el café, poner la cantidad adecuada de leche caliente y terminarlo todo con una cucharadita de miel. 

-¿Tomar tanto café no te pone nervioso? -me preguntó Carni con la intención de reanudar la conversación.
-Pues, si te digo la verdad, eso me relaja. De joven tomé tanto café que ahora tomarme tres o cuatro cafés durante todo el día no me produce otra cosa que relajación. Creo que me aporta una sensación similar como al que se fuma un cigarrillo -le confesé.
-¿Tú antes fumabas? -me preguntó al instante.
-No. Nunca he fumado. Siempre lo vi como algo que no me aportaba nada -le comenté.
-Entonces: ¿Cómo haces esa comparación si tú nunca has fumado? -me preguntó nuevamente con ese tonillo indecoroso que tanto me disgusta de ella.
-Tienes razón Carni, yo nunca he fumado pero los fumadores dicen que se relajan cuando fuman, de hecho, muchos fuman para eso... para relajarse.
-¿Y por qué los humanos siempre andáis tan estresados y con tanta necesidad de relajaros? -me preguntó de forma incisiva mi planta carnívora.
-¿Y por qué las plantas carnívoras sois tan preguntonas y malhumoradas? le dije respondiendo a la gallega.

Tras un rato de silencio, en el que me pareció que una avispa se colaba por uno de sus vasos más antiguos, ella me respondió.

-Creo que escuché a una vieja planta del vivero decir que las plantas carnívoras tenemos malas pulgas por una cuestión de ph. Los bichos, al descomponerse, segregan diversas toxinas que hacen que el agua de nuestros vasos se llene de amoniaco y esto provoca que se nos agrie el carácter y estemos siempre con un humor de mil demonios. Pero dejemos de hablar de mi carácter...
¿Cómo llevas el libro del murciano Carlos del Amor? ¿Lo estás disfrutando o no?
-Claro que sí. Aunque ya me ha hecho llorar varias veces. Me está gustando tanto el libro que estoy intentando dosificar sus relatos para que me dure más. La verdad, he de reconocer que siento mucho envidia de lo fácil y bonito que escribe mi paisano. Como bien decías antes: aún me queda mucho por aprender en este difícil arte de escribir -le respondí.
-Tú, no pierdas la esperanza, Pepe. El que la sigue la consigue. Por cierto, antes de irte podrías rociarme un poquito con el pulverizador, por favor.
-Pluff, pluff, pluff: ¿Ya estás fresquita?
-Sí, muchas gracias guapo.

Con ese primerizo piropo, terminó esta cuarta conversación en la que intuyo que nuestra relación se va afianzando poco a poco. ¿Qué dará de sí, en este verano, esta inaudita amistad?


sábado, 3 de agosto de 2013

Conversaciones con mi planta carnívora III


Me costó, no vayan a pensar que no, conseguir esa hermosa avispa rechoncha y gustosa que tanto anhelaba Carni. No quería que al tercer día de nuestra estrambótica relación todo se fuera al garete por faltar a mi palabra. Lo que ella no sabe es que la cogí muerta flotando en la superficie de la piscina, que para la avispas debe ser algo así como un santuario donde ir a morir, como las míticas cuevas donde iban a morir los elefantes en las viejas películas de Tarzán. Aunque, pensándolo bien, para qué citaré a Tarzán si para la mayoría de los lectores es ya un fósil cinematográfico o directamente no saben ni quién es. 
¿Qué tendrá mi piscina que todas las avispas del mundo acuden allí para acabar con su vida?

-A ver, Carni, abre bien la boca que te traigo tu manjar favorito -le dije con intención de agradar y como si de una niña pequeña se tratara.
-Pero mira que eres tonto, yo no tengo boca. Eso que tu llamas bocas son mis vasos. En ellos recojo el agua, por cierto, tienes que regarme más que estoy más seca que el ojo de un tuerto. Como te decía, en ese agua pongo unas gotitas de lo que tengo que poner, los insectos se caen dentro y, allí es cuando la química actúa y yo los disfruto. No tengo dientes, pero soy una gran alquimista -dijo con arrogancia.
Con ayuda de unas pinzas deposité el molesto insecto en el vaso más grande de Carni. Al hacerlo, me sentía como debe sentirse un pájaro alimentando a sus polluelos. Dar de comer a los demás, aunque sea a una planta carnívora, es un acto de generosidad que aporta tanta satisfacción al que ofrece como al que recibe.
-Eres un cabrón, Pepe. Me has dado una avispa cargada de cloro hasta las trancas. ¿Tú me quieres matar o qué? Si es así, no me riegues y ya está. Pero, por favor, no me des avispas de tu piscina, gilipollas. ¡sácamela de ahí ahora mismo!
Pidiéndole mil disculpas, metí las pinzas por el vaso, saqué la clorada avispa de sus entrañas, ante lo que, inesperadamente, experimenté un gran sentimiento de culpa. 
-Lo siento, Carni. No sabía que te sentaba mal el cloro -le confesé.
-El cloro es un veneno que vosotros usáis hasta para beber. Allá vosotros, pero a nosotras nos sienta fatal -comentó Carni.
-No volverá a ocurrir. Cuando te ofrezca algún insecto lo cazaré sin medios químicos, te lo prometo.
-Lo mejor que puedes hacer es ir a un chino y comprar un matamoscas tradicional, esos que parecen una raqueta de badminton -me aconsejó.
-Claro, esta misma mañana lo compraré y todo lo que vaya cazando te lo iré dando: ¿Qué te parece? -le propuse.
-No te pases. Soy de digestión lenta como los reptiles. Tú, de vez en cuando, me hechas alguna avispa, o en su defecto alguna abeja. Me gustan también los saltamontes pequeños, especialmente unos que son de color verde, esos están riquísimos. Deberías probarlos. Según la Organización Mundial de la Salud, la solución al problema del hambre en el mundo pasa por que los humanos vayan incorporando insectos a su dieta. ¡Ya lo que nos faltaba a las plantas carnívoras! Después de que lleváis décadas llenando el planeta de plaguicidas e insecticidas, ahora os va a dar por quitarnos la poca comida que nos habéis dejado. Sois la leche los humanos, por donde pasáis no vuelve a crecer la hierba. No hay forma de entenderos.
Así que déjame un ratito tranquila, voy a ver si cazo algo por mis propios medios.

viernes, 2 de agosto de 2013

Conversaciones con mi planta carnívora II


Después del éxito y la complicidad que hemos adquirido esta extraña planta y yo, he de reconocer que pasamos todo el día intentando propiciar esos momentos de intimidad en los que explayarnos con nuestras tribulaciones. Sí, lo sé, esto es de locos, pero la vida está llena de pequeñas locuras, y esas pequeñas locuras son las que diferencian nuestra vida de la de una lavadora automática de carga frontal pagada a plazos.
Entre usted y yo: ¿Qué de malo puede tener esta relación, a quién podemos hacer daño? Pues a nadie...usted lo acaba de decir, absolutamente a nadie.
La conversación que les narraré hoy tuvo lugar tempranito. Me senté en una tumbona a leer y por deferencia hacía mi nueva compañera la puse a mi lado en una pequeña mesita auxiliar. 
-¿Ese no es el mismo libro que leías ayer, verdad? -me preguntó rompiendo el silencio de la mañana que tan sólo se sentía alterado por el sonido de una gran bandada de abejarucos, que revolotea encima de mi casa todas las mañanas, y que, en verano, siempre me despierta tan animosamente.
-No amiga Carni -le contesté.
Como verán mis osados lectores, ya la he bautizado. Para bien o para mal, le he puesto Carni. Espero que les guste. Entiendo que es lo menos que podía hacer después de la profunda complicidad que se está generando entre nosotros. Una amistad limpia y duradera, como siempre se intenta conseguir entre un hombre y una mujer pero que nunca se puede lograr, ya que, antes o después, más bien antes, el hombre saca su lado macho y quiere copular. No, no por vicio ni nada de eso, sino por una simple cuestión de subsistencia de la especie, como todos sabemos...
-¿Y que lees, a ver, dime?
-Pues ayer acabé un libro de la mexicana Guadalupe Nettel titulado: "El matrimonio de los peces rojos" y, ahora, he comenzado con otro de Carlos del Amor, que, por cierto, es murciano como yo, y que se titula: "La vida a veces" -le respondí.
-Por cierto, tú que tanto lees: ¿Has leído lo de tu presidente? -me preguntó.
-¿Quién es mi presidente, si se puede saber?
-Pues Don Mariano Rajahoy. ¿No has oído lo de su famoso fin de la cita? -me interrogó.
-Sí algo he leído por ahí.
-Ese hombre debe ser extraterrestre. ¿Tú le ves algo a ese hombre cómo para haber llegado adónde ha llegado? -me cuestionó.
-La verdad, Rajahoy es una persona muy poco carismática, pero si ha llegado tan alto por algo será, vamos digo yo.
-Si en una carrera se van cayendo todos por el camino, hasta una persona que no haya corrido en su vida podría ganar y eso no significa que sea un atleta -expuso Carni con la contundencia de la que siempre hace alarde.
-¿Te refieres a que fue elegido porque pasaba por allí? -pregunté.
-Más o menos. Fin de la cita -exclamó, Carni.
-Sabes qué te digo: mejor cambiemos de tema. La política se ha convertido en algo tan burdo que no merece la pena que malgastemos nuestro tiempo de vacaciones en hablar de eso.
-¡Ves! Por eso tu presidente sale en pleno mes de agosto a dar explicaciones sobre el pirata del tesoro de PP, para que nadie malgaste su tiempo de vacaciones en hablar de ellos. Jajajaja. ¡Cómo sois los humanos! Tenéis menos sangre que un mosquito. Oye y tú que eres tan aficionado a los insectos: ¿Me podrías conseguir hoy de aperitivo una buena y hermosa avispa sin que te pique? -me pidió dulcemente para engatusarme.
-No te prometo nada pero lo puedo intentar. Fin de la cita.

miércoles, 31 de julio de 2013

Conversaciones con mi planta carnívora


La compre en IKEA. Allí, a parte de vender muebles, que es un coñazo montar, venden albóndigas de alce que no han visto un alce en su vida, cacharros varios de diseño contemporáneo y, entre un maremagnum de artículos y utensilios domésticos, venden también plantas carnívoras.
No es que yo fuera buscando especialmente un espécimen extraño del mundo botánico, pero, unas horas más tarde, esperaba en casa la visita de mis sobrinos y pensé qué, la plantita en cuestión, les haría gracia. 
Orgulloso, salí del almacén sueco con mi planta en ristre. Me ofrecieron una bolsa y yo, que siempre pienso que el mejor plástico es el que no se usa, la rechacé.
La acomodé en el asiento del copiloto y allí fue donde me habló por primera vez:
-¿No me pones el cinturón? Ya sabes que la multa son cien euros y dos puntos menos -escuché sin saber la procedencia de esa extraña voz.
-¿Quién anda ahí? -dije sacando de mis adentros la voz masculina de centinela de garita que fui.
-¡La planta, gilipollas! -dijo la planta con prepotencia y mala educación.
-¡Jajaja! Las plantas no hablan -dije con la voz nerviosa y dándome cuenta de lo inverosímil de la escena.
-Eso serán tus geranios. A los horteras como tú nada más que os gustan las florecitas y todas esas tonterías. Donde esté una auténtica planta carnívora que se quiten las demás. Te voy a dejar la terraza sin ningún bicho; ya verás que buena compra has hecho y lo que vas a ahorrar en insecticida -exclamó con chulería.
La verdad que sus argumentos me dejaron sin habla. Por un instante, me vi sin insectos, sin la necesidad de comprar botes y más botes de insecticida, contribuyendo a la recuperación de la capa de ozono, homenajeado por Naciones Unidas, convertido en un símbolo del ecologismo urbano y de tertuliano en programas de conservación del medio ambiente y todo, tan sólo, por seis euros con noventa y nueve céntimos. Me sentí muy orgulloso de mi compra.
Al llegar a casa, la coloqué en el centro del salón. Pretendía que ella se sintiera protagonista y que todo el mundo fuera consciente de la compra tan trascendental que acababa de efectuar.
Y, en efecto, la planta cumplió su papel. Los sobrinos se pasaron toda la tarde ofreciéndole moscas y mosquitos. Las visitas no ahorraban en elogios ante lo acertado de mi adquisición y, la planta y yo, nos sentimos abrumados por el éxito.
Al día siguiente, los dos volvimos a estar solos.
-¿Qué, cómo te sientes después clamoroso éxito de ayer, compañero? -me preguntó con ese aire de superioridad que, por lo visto, caracteriza a las plantas de su género.
-Pues la verdad, en ocasiones he comprado cosas más costosas y sofisticadas y han pasado totalmente desapercibidas, pero contigo, tengo que reconocer que la cosa ha sido bien distinta. 
-Me alegro por ti. Me debes un saltamontes, pero que no sea muy grande que luego me producen acidez -me pidió la carnívora.
-Por cierto, amiga: ¿Tú entiendes de política? -le pregunté.
-Sí, me apasiona la política, pero tengo una ligera inclinación hacia la izquierda -me confesó.
-¿Y entiendes de economía?
-Esa es mi especialidad. Soy experta en economía sostenible y tengo una gran olfato para las inversiones verdes, como es fácil entender -matizó.
-¿Y de fútbol, sabes algo de fútbol? 
-Claro, el césped nos tiene siempre muy bien informadas. Me va más el Barsa por aquello de que el Madrid era el juguete del Caudillo. Y no se lo digas a nadie: pero el niño Torres me pone muy cachonda con esa carita de niño bueno de metro ochenta y cinco -me respondió a modo de confidencia.
¡Oye! me dijo, ya está bien de tanto interrogatorio: ¿Tú entiendes de insectos? -me preguntó con la agresividad de la que hacia gala desde que la compré.
-Sí amiga, siempre fui un apasionado de la entomología -le aclaré.
Entonces creo que nos vamos a llevar muy bien...
Así qué, como pueden comprender, este verano no voy a tener ni un ratito para aburrirme.