domingo, 17 de enero de 2016

Bendita rutina


He estrenado el día dándole el biberón a Ana María. Mi pequeña, pese a sus tres meses y medio de existencia, ya duerme toda la noche del tirón. La metimos en la cuna a eso de las diez y son las ocho de la mañana. Me parecía demasiado tiempo sin comer, así que la he sacado de su cunita, aún medio dormida, y le he endiñado un biberonazo de 150 ml, con cinco cacillos de leche en polvo para bebés, y se lo ha bebido de maravilla. Eso sí, con un ojo abierto y otro cerrado.
Como premio al cumplimiento de mis obligaciones paternas ella me ha regalado una sonrisa capaz de mover montañas y, tras cambiarle el pañal, la he puesto en su hamaquita a ver a la Pepa Pig. 
Tras ese primer envite, he abierto todas las puertas de la casa para que nos entrara el sol. Afuera hacía un frío capaz de congelar una merluza en menos de cinco minutos. 
Después me he preparado un café con leche, que no se lo salta un galgo, y me he comido un plátano de Canarias, recordando aquellas primeras campañas de marketing: Todos los días un plátano: ¡Por lo menos! 
Ana María ha aguantado menos de quince minutos viendo a la Pepe Pig. Al parecer, el episodio de hoy era demasiado aburrido, de tal manera que la he cambiado a su mantita musical. 
Yo escribo mientras ella aporrea con los pies unas teclas enormes y suenan unas musiquillas que ya tengo grabadas a fuego en la mente. 
Tengo a medio leer un libro de un gringo, que no me está conquistando, y a la espera tengo otro del marroquí Mohamed Chukri, que lleva por título: El pan a secas. Esos dos libros, y yo mismo, tenemos en común que describen las rutinas de sus personajes. Rutinas de la vida diaria, sin florituras, a la intemperie, como la de ustedes, que me leen, y la mía, del que les escribe.
En el lapso que ha transcurrido entre escribir esta ocurrencia y vigilar el juego de mi pequeña, he comprobado un décimo de lotería y, como siempre, he llegado a la conclusión de que, en algún lugar, está escrito que mi destino es trabajar, trabajar, y trabajar.
¡Bendita, y maravillosa, rutina!

5 comentarios:

  1. Qué bonito, me recordaste aquellos momentos que yo tengo tatuados en el corazón, cuando mis peques aporreaban, y probaban el mundo en un movimiento que aun me derrite. Sigue asi.
    Yo estoy leyendo también a un gringo medio sacrilego. Christopher Moore, su Sacre Bleu si me enganchó, aunque de repente, se babea las cosas más simples.

    Feliz domingo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Bendita rutina, nuestra lectura. Un abrazo, Beatriz.

      Eliminar
  2. Una rutina que marcara tu corazón por siempre…...Ana María cada día hará de tu vida una experiencia maravillosa. Entre libros y biberones encontrará una mejor manera de darle forma a un mundo rutinario!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias Cecilia por tus bonitos deseos. Un abrazo.

      Eliminar
  3. Así es...algunos-as nacimos para eso...currar y currar...
    Besitos y tambien para Ana maria, que estará para comersela.

    ResponderEliminar