Dicen que a todos los tontos les da por algo. Tal vez por eso, por mi consabida tontuna, a mí me ha dado por hacer magdalenas sin azúcar, sin lácteos, y sin grasas de ningún tipo. Magdalenas sanas para no morirse nunca, o, al menos, para no morirse de comer magdalenas.
En el libro que estoy leyendo: "El hombre de las marionetas" del escritor noruego Jostein Gaarder, un señor, que está peor que yo, le da por ir a todos los entierros, con independencia de que conozca al finado o no, y, de ese modo, entrometerse en una historia ajena como haría un elefante en una cacharrería.
A mí hija Ana María, tras pasar por una amplia y generosa fase lunar, ahora le vuelven loca los cuentos que tienen a un lobo como protagonista: Los tres cerditos, Caperucita roja, todos esos. Antes la luna, y ahora el lobo, representan, para ella y para nosotros, esa parte fantástica de nuestra existencia. Una existencia en la que a todos, antes o después, nos da por algo.
A mí me ha dado por hacer magdalenas, sin, para poder seguir, con.
¿Ustedes gustan?
Necesitarán:
Un sobre de levadura ecológica.
Un huevo de las gallinas felices de Jessica.
Un chorrito de leche de avena ecológica.
Un puñado de harina de avena integral ecológica.
Un puñado de copos de quinoa real ecológicos.
Dos cucharadas de miel artesana de Barranda. (Caravaca de la Cruz)
Un boniato ecológico asado.
Una zanahoria ecológica pequeña.
El zumo de media mandarina ecológica.
Un puñado de arándanos secos ecológicos.
Le daremos a todo eso un enérgico meneo con la batidora y lo dejaremos reposar un buen ratito. Después de pasado ese tiempo indefinido... verteremos todo en unos moldes de papel o silicona -yo uso estos últimos-, le daremos 12 minutos de horno a 190 grados. Y a disfrutar se ha dicho. Ya me dirán qué tal de su aventura sin...
Postdata: nunca mido nada....lo siento. Soy un desastre para dar recetas.


