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martes, 9 de mayo de 2023
Buscando visa para un sueño
Lo sé. Hace tiempo que a mis lectores no les ofrezco nada bueno. Cuando me sumerjo en las entradas de este blog me tropiezo con perlas que pareciera que han sido escritas por otras manos. Al releerlas, las recuerdo perfectamente y me vuelvo a emocionar. A través de sus páginas revivo años y años de esfuerzos titánicos, de desahagos mundanos, de viajes de ensueño, de hazañas anónimas, de inconfesables frustraciones, de maquilladas pérdidas, y de ficciones muy reales. Años cargados de luchas y de ansias de superviviencia. ¿Cuánto he ganado y cuánto habré perdido? No lo sé. Avanzamos arrastrados por el movimiento de los astros. Sale el sol y se pone. La luna se estira y se enconge, como la tripa de Jorge. Todo sigue su acompasado ritmo mientras el mio decrece. Avanzamos para parar. Queremos saber para, al final, no saber nada. Intento esconder el nihilismo en el que milito haciendo uso de chistes prefabricados, copiando de mala gana los modelos de convivencia que utiliza todo el mundo, y cantando, cada dos por tres, canciones de mi admirado Juan Luis Guerra. El gigante dominicano nos cuenta, y nos canta, en una de sus ya míticas canciones: Buscando visa para un sueño... ¿Acaso nuestra vida no sea lo que nos acontece mientras intentamos alcanzar nuestros sueños? Hoy, nuevamente, intenté escribir algo mejor, pero nada tengo que ofrecer, tan solo un canuco, un gallo y un lucero, y la luz de la mañana que entra por mi ventana, cielo. Y los ríos, y la montaña. Y el viento que peina tu pelo. Yo quisiera ofrecerte, y ofreceros, el mundo y no puedo.
Eres gigante, Juan Luis, y serás eterno. Y no como yo.
viernes, 23 de febrero de 2018
Tragedy
Acabo de arrimar yesca a una barrita de incienso. Un foco, con luz amarillenta, alumbra las hojas del último libro de Juan José Millás que estoy leyendo. En la televisión, gracias a Youtube, suenan los Bee Gees. Lo demás está en penumbra, como en un perpetuo atardecer. Pretendo, por medio de este escueto ritual, conectar con mi yo interior en esta desapacible tarde de febrero.
—¿Yo interior? ¿Yo interior? ¿Si estás ahí, manifiéstate?
Silencio. Bueno silencio, lo que se dice silencio, tampoco. Los Bee Gees siguen a lo suyo. ¡Qué envidia de melenas, señor! Y qué pechos descubiertos, sin depilar, llenos de pelo. Antaño, dónde había pelo, había alegría. Ahora ni alegría, ni pelo, ni nada.
—¿Yo interior, estás ahí?
—¡Qué sí, coño! Es que ya le hacen hablar a uno mal y pronto…¡Joder!
—Oye, yo interior, ¿de dónde sacas toda esa inquina?
—Es que no dejas descansar a nadie. Tú siempre a lo tuyo, y ¡Ale! Cómo si no costara. Siempre tiene uno que estar alerta, y en posición de firmes, cuándo te da a ti la gana.
—Perdone usted, yo interior….
—Con mayúsculas, por favor….
—Perdone usted, Yo interior.
—Ya nos vamos entendiendo…¿Y se puede saber qué es lo que quieres ahora?
—Ando sufriendo perdido en una especie de bucle schopenhaueriano.
—Por lo que veo, vas de mal en peor…lo tuyo es de juzgado de guardia. Por no decir de clínica mental.
—Tengo de todo y nada me llena. De tanto buscar el equilibrio me estoy desequilibrando. No te puedes ni imaginar lo que siento al no sentir nada.
—Al menos escuchas a los Bee Gees, que ya es algo.
—Escucho a los Bee Gees cuando pierdo el norte y no siento nada. Los Bee Gees son mi toma de tierra…
—¿Y no serás un poco gay?
—No, para nada, soy tan sólo un aburrido hetero a punto de recobrar su virginidad. No va por ahí la cosa. No metas a Freud en esto. Creo que padezco de fatiga mental, fruto del elevado estrés que he acumulado durante las dos últimas décadas…
—Pues tómate un año sabático en una isla del Egeo, y replantéate tu futuro.
—Pretendo comprarme una con los royalties de mi último libro.
—Por lo que veo estás peor que la última vez que reclamaste de mis servicios.
—Sí, estoy convencido de que voy a peor. De hecho, he pensado en lo peor…
—Y, según tú, ¿qué es lo peor?
—Lo peor es que llevo escuchando a los Bee Gees cuarenta años y sigo sin entender sus canciones. Y lo mismo me pasa con los libros de Schopenhauer.
—Lo tuyo con los Bee Gees y con Schopenhauer es digno de estudio. Pero es normal que no entiendas sus canciones si no sabes inglés…
—¿Sabes si está vivo alguno de los hermanos?
—No tengo ni idea, yo no soy un periodista experto en temas musicales, soy tu Yo Interior, con Mayúsculas…
—¿Y tú qué rollo te llevas con las mayúsculas? ¿Acaso tienes la autoestima baja que requieres de la magnificencia de las mayúsculas para sentirte más importante?
—Tal vez…Llevo tanto tiempo recluido dentro de ti que ya hasta me haces dudar…
—Pues vaya par que estamos hechos. Mejor sigo disfrutando de los Bee Gees…
—Eso, eso. Y no des tanto el follón con tus dudas existenciales. ¿Acaso te crees el único que las tiene?
—¿Tú también las tienes?
—¡Las misma que tú, so bobo! ¡Si yo soy tú y tú eres yo!
—Somos duales.
—Sí. Sonamos en estéreo dentro de una misma caja.
—¡Cómo mola!
—Pues sí.
—Pues a mí no me mola nada. Esto es una puta tragedia.
—Anda, no exageres, que eres un llorica.
lunes, 30 de marzo de 2015
Lo que algunos llaman admiración
El trecho de lo que escribo a lo que pretendo escribir lo veo en Andrés Neuman. Siento una tremenda envidia al leerlo, no se vayan a creer...
Hay tres cosas que un argentino maneja a la perfección: el lenguaje, la psicología, y el fútbol, y esa Santísima Trinidad se encarna perfectamente en este porteño afincado en Granada, con barba refinada, y gafas de pasta.
Una envidia casi inadmisible, cercana a la incorrecto, a lo indebido, a lo perverso. Leyéndolo sufro en silencio la condena a la que me enfrento por no haber estudiado nada, o no haber nacido en el Río de la Plata.
Él acaricia las palabras, las hace flotar sobre el papel, las convierte en adorno, en sol, en recurso, las funde en oro, o en lo que le da la real gana.
Yo, sin embargo, cuando intento ordenarlas con su estilo las desmerezco.
Su destreza me deslumbra, me acongoja, y, en ocasiones, hasta me frustra. Entre él y yo hay un abismo. La falla de San Andrés Neuman. Una guerra sorda sin bajas, pero una guerra visceral. Yo soy a Neuman lo que Las Malvinas al Reino Unido. Él escribe y yo sufro de ansiedad cada una de sus palabras.
Leo uno de sus aforismos y recibo un balazo en el pecho
Él anda sobre las aguas mientras yo chapoteo en el lodo. El es un flamenco rosado, yo un sapo común. Él relata, yo balbuceo. Él sube, yo bajo.
Soy una sombra deformada de sus tachones. Un fantasma que lo persigue. Un voyeur que anhela su cotidianidad, su rutina, su todo. Un correligionario baboso.
Soy una sombra deformada de sus tachones. Un fantasma que lo persigue. Un voyeur que anhela su cotidianidad, su rutina, su todo. Un correligionario baboso.
Sus escritos bailan prodigiosamente el tango, mientras yo, tan sólo, le piso los callos.
domingo, 28 de diciembre de 2014
Juan Luis Guerra
Me gustan los homenajes en vida. Los muertos ya no se enteran de nada, los pobrecitos. Mi vida no sería lo que es sin el dominicano Juan Luis Guerra. Él no lo sabe, pero, siendo ateo, me hice adepto de su religión hace muchos años. Incluso, muchos años antes de que se hiciera pastor evangélico, él ya era mi pastor.
Le admiro desde jovencito. Y nunca he dejado de admirarle porque nunca me ha defraudado ni como artista ni como persona. Juan Luis Guerra es más constante que pi, hasta en eso nos parecemos. Aunque siempre envidié su altura. Su camino y el mío tienen mucho en común. A los dos no nos importa en nada la apariencia, ni la fama, ni el dinero, nos importa lo que hacemos y lo que sentimos. Nos importa la gente. Nos importa lo sencillo. Ensalzamos la humildad por encima de cualquier otro valor porque lo consideramos el valor supremo.
Él en su religión, y yo en mi ateísmo, nos encontramos dándole el valor a la gente de la calle, cuyo máxima aspiración es llenar la olla cada día, sentir la caricia de un ser querido, o de disfrutar de la calidez de la sonrisa de un niño.
Por fortuna para mí, nos parecemos en muchas cosas. Él canta y yo lo imito. Pero no sólo imito su voz, su vibrato, y su modestia, imito su ejemplo de integridad, en una sociedad en la que la integridad está en peligro de extinción y el egocentrismo es el nuevo deporte olímpico.
Me siento emocionado porque ya suena en mi casa su último disco: TODO TIENE SU HORA. Hasta ahora siempre he tenido la dicha de poder comprar sus discos, incluso aquellos que tanto se criticaron por ser de música cristiana. Su Dios y mi Dios deben ser primos hermanos. Los mismos que le ensalzaron por ser el primer artista en fusionar la canción protesta con la música de baile, luego le pusieron de vuelta y media por cantarle a su Dios, o al Dios de cada uno de nosotros.
Siempre me vuelvo loco con alguna de las canciones de sus discos y en este caso no iba a ser menos. No paro de cantar el corte número ocho: Muchachita Linda. La considero otra de sus obras maestras.
Como bien dices en tu último disco, maestro, "todo tiene su hora" y hoy llegó la hora de brindarte este humilde pero sincero homenaje.
Gracias por todo, Juan Luis.
domingo, 9 de diciembre de 2012
Strawn & Moon en Bullas
A mi correo electrónico llegó una invitación del Ayuntamiento de Bullas para asistir a un concierto acústico de un dúo canadiense en el Museo del Vino de esa bonita localidad del noroeste murciano. Invité a unos amigos y nos fuimos para Bullas desafiando al clima con ganas de ver no sé qué y, eso sí, degustar unos vinos de la tierra que no tienen nada que envidiarle ni a Riojas ni a Riberas.
Vaya por delante que yo de música ni flores, y de vino tampoco, lo mio a pesar de tener 45 años, aún no sé muy bien lo que es. Sólo busco en la música, especialmente en los conciertos en directo, que me emocionen. Que los vibratos, los ritmos y las entonaciones me movilicen las tripas y, mis vísceras, revolucionadas, hagan fluir endorfinas que me dejen embobado como cuando un lactante mira la teta de su madre.
Y así me quedé yo: embobado, pero sin teta. Mis vísceras se conectaron mágicamente con la música que fluía a raudales de unas gargantas tan distintas como prodigiosas. Una toda fuerza y la otra toda dulzura.
Las canciones fueron cayendo, una tras otra, con versiones muy logradas y creaciones propias, a la par que nuestros pies se iban congelando y, con ello, aumentaba también nuestro deseo por degustar esos vinos a los que nos daba derecho nuestra entrada.
Cuando terminó el intimista espectáculo que nos brindó Strawn & Moon, los sufridos asistentes nos agolpamos alrededor de unas botellas que nunca llegaban a abrirse lo que terminó por desesperarnos e hizo que pusiéramos pies en polvorosa rumbo al clásico restaurante Avenida donde, rascándonos el bolsillo, por fin pudimos disfrutar de una botella de Lavia Plus 2006.
Gracias Strawn & Moon y a los organizadores, para la próxima, un poco más de destreza por favor. ¡Nos deben unos vinos!
https://www.youtube.com/watch?v=EVRnXRK9Dwg
sábado, 2 de abril de 2011
¿Y ahora qué hacemos?
Jarabedepalo, a parte de ser lo que nos daban cuando nos portábamos mal de pequeños, es un grupo de rock liderado por un tal Pau Donés que me gusta desde que pesaba veinte kilos menos y corría como las balas.
Por aquel entonces, "La Flaca" estaba flaca y yo también. Ahora los dos estamos hechos una calamidad.
Mi hija, qué suerte tener una hija como la mía, me ha regalado por mi santo y por el Día del Padre -tiene mérito la cosa- el último trabajo de esta banda. Ella sabe que me gusta. Desde que era bien chica, la martirizo con todos sus discos en la casa y en el coche.
Este último trabajo se denomina: ¿Y ahora qué hacemos? El grupo recomienda que se escuche a toda castaña. No tiene desperdicio, aunque, para su más exitosa comercialización, se haya tenido que recurrir a la manida fórmula de los duetos con famosos.
Alejandro Sanz, Joaquín Sabina, Antonio Orozco y Carlos Tarque, un chileno de Murcia que pone la voz y la pasión latina a M Clan, el grupo de rock más comercial de toda la historia de Murcia.
La primera canción: ¡YEP! Habla de un tipo cansino al que la vida le grita: ¡Espabila, cabrón! ¡Mueve ese culo!
La segunda: Para enredar, nos recuerda que venimos al mundo a dar por el saco y dejar huella. Nada de pasar desapercibidos: ¡Leña al mono, que es de goma! y así ser libres.
El tercer corte es: Alas, un alegato a salir volando cuando la cosa se pone fea. ¿Quién nos prestará unas alas?
La cuarta: La quiero a morir es una canción que escribió un holgazán enamorado hasta la médula. Aquí es donde aparece Alejandro Sanz, después de grabarla se regresó, ipso facto, a su chalecito en Miami.
En quinta posición encontramos: ¿Y ahora qué hacemos? La respuesta es bien sencilla: Hagamos el amor y no la guerra.
En sexto lugar viene: Fin. No, no es que tenga solo seis canciones, es el título de la que debería haber sido la última del disco, pero no.
En séptimo lugar nos encontramos con: Hice mal algunas cosas, ¡joder, menudo descubrimiento! Tranquilo, Pau, lo malo no es meter la pata, lo malo es no saber sacarla con elegancia. Eso sí queda feo.
La octava es: Soy un bicho, ahí no. Yo no soy un bicho, soy un hipopótamo, Pepepótamo.
En el noveno lugar aparece Amor de todo a 100, y qué voy a decir, allí las cosas funcionan o no funcionan. Made in China. Love Low Cost.
En décima posición esta: Frío. Al principio, al parecer, estaba todo muy caliente, pero las cosas acabaron mas frías que un congelador Kelvinator.
La undécima: Niña Sara, me fascina, por lo que, aún a riesgo de que me acusen de plagio, me permito el hecho de reproducir literalmente lo que dice Pau Donés de esta canción en el libreto del disco: Nunca quise caer en el tópico de papámúsicopelmazoescribecanciónñoñaasuhija, pero estoy muy contento de haberlo hecho, por si acaso algún día mi estúpida introversión no me deja expresarle que la quiero con locura y que es la cosa más importante de mi vida.
El estribillo es sencillamente increíble dice asi:
"Bienvenida niña,
niña guapa, Sara.
Te di la vida y ahora tú
me la das a mí"
Las lágrimas manaron de mis ojos la primera vez que la escuche. Gracias, Pau.
La duodécima es: Tú me haces sonreír, es una contradicción este tema como la propia vida. Ni contigo ni sin ti. Cuando quiero llorar no lloro y a veces, lloro sin querer.
La última se titula: Breve historia de un músico persona. Autorretrato. Un rap autobiográfico.
Con esta descripción, tan sui generis, quiero rendir tributo a alguien que ha contribuido decisivamente a la banda sonora de mi vida. Sus canciones son y serán para mí siempre recuerdos, notas musicales y apuntes al natural.
Si tienen unos pocos euros, harán muy bien en comprarlo.
Esta es una de mis favoritas: http://www.youtube.com/watch?v=2jHiphKZpSo
sábado, 8 de enero de 2011
Ana Torroja como banda sonora de un dia especial

Con una voz que nos acaricia los oídos, Ana Torroja, de nuevo, nos brinda un hermoso trabajo donde trasmite, como indica el título de su último disco, una "SONRISA". Su música y sus letras evidencian un afán de sembrar optimismo y esperanza, donde impera el desánimo y el desconcierto. Para los que ya somos cuarentones, nos traslada a tiempos de juventud e inocencia. A tiempos de "MECANO".
Yolanda, mi hija ausente, le regaló a mi mujer este bonito y melódico disco. Sonaba mientras mi hija abría su regalo, el iPhone que tanto anhelaba. A mí me regaló una red y unas palas para jugar al ping-pong en cualquier lugar, con el afán de que haga deporte, sea el que sea. Ella está preocupada por mi sobrepeso.
Comimos los tres juntos en uno de los restaurantes de moda en Murcia, llamado "Entre col y col", poca cosa. De aperitivo, unas cañaillas y unos chirretes fritos, luego una coca de verduras -quizás el mejor plato del restaurante- y terminamos con una pequeña hamburguesa de bonito con patatas paja. El vino que tomamos fue Viña Mein, uno de los mejores Ribeiros que podamos encontrar.
Caminamos por una Murcia tranquila, en plena hora de la siesta. Había muy poca gente por la calle. Una luz preciosa inundaba calles, balcones, tejados, coloreaba los plátanos amarillentos de la Avenida Alfonso X El Sabio. Un día sencillo y maravilloso.
La música continuó acompañándonos en el coche y en casa, durante todo el Día de Reyes. Endulzando momentos agradables, convirtiéndose de manera improvisada en la mejor banda sonora de un fenomenal día en familia, al fin y al cabo, un día más en nuestras vidas.
Como dice Ana Torroja: "Si ellas están felices, yo soy feliz". Tan sólo necesito eso...
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