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sábado, 26 de abril de 2014

La Vida Inesperada


Ayer, en contra de lo que opinan ciertos políticos de bajo calado, muy alto rango y notorio mal gusto, fui al cine a ver cine "ESPAÑOL", con mayúsculas. Quizás yo sea, lo reconozco, el menos patriota de todos los patriotas. Para mi, el patriotismo tiene tan asegurado su futuro que hace mucho tiempo que no necesita de mi filiación. Sin embargo, me convierto en el más patriota de todos los patriotas cuando se trata de poner en valor la importancia de mantener y desarrollar una cultura propia. 
Soy defensor y promotor de la cultura Made in Spain ya que, entre este gobierno, la indiferencia de la sociedad, y las grandes multinacionales de la "industria cultural", la tenemos contra las cuerdas; aunque, como Viriato -que, por cierto, era portugués-, esta se resiste de manera numantina, y, de vez en cuando, pese a las adversidades, da unos golpes de mano de padre y muy señor mio. Por ejemplo, como ha ocurrido recientemente con "Ocho Apellidos Vascos" que, contra todo pronóstico, por lo delicado del tema que aborda, ha alcanzado la mayor taquilla de la historia del cine en nuestro país.
Como decía, ayer tuve la fortuna de ir al cine a disfrutar. Sin palomitas ni Coca-Cola a precios de champán francés y caviar ruso. La Vida Inesperada no es una película que esté llamada a marcar un hito en la historia del cine universal, como muchos de nosotros tampoco dejaremos una huella indeleble de nuestro paso por la vida. Aclarado esto, creo que, precisamente, esa cotidianidad, esa cercanía, ese hiperrealismo social, tan sutilmente manejado, por su guionista, como por su director y todo su elenco de actores, es lo que nos lleva a vernos a todos reflejados en la propia pantalla. Creo que fue Joaquín Sabina, en una de sus grandes canciones-poema, el que dijo algo así: todas las vidas son la misma repetida.  
Esta película, con Nueva York de fondo, -siempre que escribo Nueva York me viene a la cabeza "Jamón York"- trata sobre las vidas de dos primos que luchan por encontrar su lugar en la vida. En cierta medida, nos representan a todos y cada uno de los que estamos sentados a oscuras frente a la gran pantalla. Como en el viejo juego de los barcos, al que de niños jugábamos en el colegio sin que se diera cuenta el profesor, la película va aportando situaciones que te van tocando, y tocando, hasta hundirte el barco. Y ese hipotético barco se hunde cuando la película acierta de lleno a conectar con nuestras emociones. 
Todo en La Vida Inesperada es sutil, sin estridencias, sin forzar las situaciones. Quizás lo que más destaque, pero eso es inevitable, es la fuerza y la profesionalidad que desplega durante toda la película Javier Cámara. ¡Menudo actor!. Este hombre, sí que es cultura MADE IN SPAIN.
Vaya desde aquí todo mi apoyo y reconocimiento al mundo de la cultura y, en especial, a todos aquellos que luchan por mantener a flote al cine español.

domingo, 4 de septiembre de 2011

La piel que habito



Cuando leí la crítica que Carlos Boyero le dedicó en el diario El País el pasado día dos de septiembre a la última película de Pedro Almodóvar, me sentí un poco desconcertado. Lo sentí como cuando de pequeño te daban una bofetada sin haber tenido nada que ver con el asunto. Me pregunté: ¿En realidad será tan patética la película como este hombre insinúa?

Ayer, por fín, fui a ver la película. No había demasiada gente en la sala. Supongo que los grandes consumidores de cine estarían viendo Super 8 o Cowboys&Aliens e ingiriendo, a la par, un litro de refresco aguado y un enorme cachumbo de palomitas de maíz. Observé, descaradamente, con la ayuda del resplandor de los primeros anuncios, que todos los presentes eramos, al menos, cuarentañeros.

En ese ambiente, dió comienzo la sesión y con ello, también mi evasión. Yo no se si el señor Boyero, por el simple hecho de ir a trabajar, no va al cine a dejarse llevar, más bien, leyendo su artículo, pareciera que va al cine a buscar algo preestablecido, algo concreto, que a lo mejor no coincide con lo que pretendía mostrar el director y es ahí donde se produce el desencuentro o el mal entendido.

Yo sí me evadí. Poco a poco mi mente se fue adecuando, como tantas veces, al lenguaje de Almodóvar, a su estética tan personal, al uso que hace el manchego de los impactos visuales: como la performance, las voces desgajadas de cantantes, el minimalismo en los planos cortos, su peculiar uso del color, y mil detalles que le son propios y que le identifican en toda su filmografía.

No creo que La piel que habito se convierta en un hito del cine contemporáneo, pero, sin duda, representa una obra valiente de Pedro Almodóvar, que sigue buscando su propio camino, su propio lenguaje, con independicia de otros intereses como podría ser hacer cine para el paladar de ciertos críticos que aún se asombran de lo diferente.

Pedro lucha por hacer su cine, le pese a quién le pese, para bien o para mal. Pedro pinta, esculpe y modela cada secuencia, cada toma y cada diálogo como un artista plástico, como un poeta y como un narrador convulso ante la vida y por supuesto, ante su propia historia.

La piel que habito, no es una mala película, posiblemente no ganará ningún oscar, pero es, sin duda, una película auténtica y diferente. Otra gran película de Almodóvar.


miércoles, 17 de agosto de 2011

Midnight in París



Woody Allen se ha vuelto a superar -si eso es posible- con esta nueva película. Midnignt in París, ha sido, con diferencia, la mejor película que he visto este verano en el cine, aunque tengo que reconocer, que no soy un gran entendido en cine. Bueno, ni en cine ni en nada. Lo que ocurre es que su argumento, sus actores, su ambientación y su fantasía me han conquistado por completo. Ese ir y venir de grandes personajes del mundo del arte y la literatura de distintas épocas, aportando, cada uno, su toque personal a esa fascinante historía romántica, me ha resultado muy agradable y sugestiva.

Me he sentido, todo el rato, en los zapatos de su personaje principal. Quizás, por el hecho de que, como él, estoy intentando escribir mi primera novela, cosa que no le deseo ni a mi peor enemigo. En la película, la eterna lucha: fantasía contra realidad, adquiere total protagonismo, quizás tanto, como en nuestras propias vidas, aunque en muchas ocasiones no reparemos en ello.

Picasso, Dalí, Hemingway, Man Ray, Buñuel, y hasta el torero Belmonte, se apuntan a la fiesta, a la que tú no deberías faltar.

Lo único que no me ha quedado suficientemente claro de esta película es si me gustó más la rubia o la morena.¿Puedo quedarme con las dos?

Como ilustración a este pequeño homenaje a Woody Allen, he elegido este dibujo que compré, en plena calle, a un bohemio pintor, en el barrio judío de París.

Siempre se ha dicho:"París bien vale una misa". Pero, cuando viaje usted a París:"Hágalo sin prisa". Merece la pena.(la visita, no la rima)

lunes, 28 de febrero de 2011

El cisne negro


El hecho de estar casado con una maravillosa bailarina de ballet clásico me ha hecho ser capaz de comprender la belleza del ballet del mismo modo que sé valorar un gol de Leo Messi o un raquetazo de Rafa Nadal.

El esfuerzo y la lucha por alcanzar la perfección es el denominador común de todas las grandes estrellas del deporte, del arte o de la vida diaria.

En la película "El Cisne Negro" del Director Darren Aronosfky y protagonizada por la ganadora del oscar a la mejor actriz Natalie Portman, según mi modesto entender cinematográfico -que no es nada del otro jueves- podemos analizar la delgada línea que separa la perfección de la obsesión. Tan cercanas como terriblemente diferentes. En numerosas ocasiones nos balanceamos a uno y otro lado de la línea poniendo en peligro nuestro objetivo y nuestra propia seguridad.

El filme, en sí, es una lección magistral de psicología que consigue hacerte sentir la angustia de la protagonista, siempre y cuando tu bagaje cinéfilo no sea tan solo Rambo o El fontanero, su mujer y otras cosas de meter.

Aronosfky, un judío norteamericano de origen polaco, nos demuestra con esta película, su intención de erigirse, más bien pronto que tarde, en uno de los directores indispensables de las próximas décadas.

Así que ya sabes, si te gusta el buen cine, no te la pierdas.