lunes, 30 de julio de 2012

En busca de nuestro futuro


Hoy, a las puertas de unas merecidas vacaciones, hemos vuelto a invertir en educación como herramienta que nos augure un futuro mejor. Hemos intentado, entre todos, motivarnos, visualizando todo aquello que somos capaces de hacer, con nuestro trabajo y nuestra implicación, para mejorar la situación de los negocios de nuestros clientes, ayudándolos a rentabilizar más su esfuerzo y el de sus equipos y, sobre todo, colaborando estrechamente en sus procesos de diversificación y optimización.
Hemos renovado y adaptado, a la situación actual, nuestras principales líneas estratégicas, con la confianza y seguridad de que serán capaces de convertirse  en vehículo de crecimiento, para unos, y tabla de salvación, para otros. 
Durante la reunión, ha quedado patente la situación anímica de cada uno de los integrantes de este maravilloso equipo -que tengo la fortuna de dirigir- su nivel de motivación y, sobre todo, su poder de convicción. 
La nota media para los participantes de esta jornada sería, del uno al diez: un seis. Entre ellos habrían matrículas de honor, suspensos clamorosos, algún progresa adecuadamente y varios aprobados por los pelos. 
Como asignatura pendiente seguimos teniendo cierto déficit de comunicación y como defecto, en algunos casos, echo en falta cierta dosis de autocrítica y un mayor grado de implicación.
Lo más importante es que seguimos en la lucha, seguimos creciendo y seguimos unidos. Somos un grupo humano fuerte y capaz de conseguir las más altas metas que nos propongamos y que nos exijan desde la empresa. Mi trabajo consiste en sacar lo mejor de cada uno de vosotros, incluso aquello que pensáis que no sois capaces de hacer o de lograr.
Un equipo como el nuestro no tiene límites. Por eso os pido, ahora que nos vamos de vacaciones, que, a nuestro regreso, luchemos con las fuerzas renovadas, con las ilusiones intactas y dando lo mejor que llevamos dentro.
Si todos lo queremos y lo deseamos, si todos nos unimos en la lucha, si nos entregamos redoblando esfuerzos y apoyándonos en nuestras estrategias, esta segunda parte de la crisis tampoco nos tumbará.
No será fácil, quizás hasta sea duro, pero yo lo voy a pelear. Espero de todos vosotros, como le ocurrió a Forrest Gump, que me sigáis. Nos queda mucho camino por recorrer.
De todo corazón: ¡Gracias!
Felices vacaciones. 

jueves, 26 de julio de 2012

Cuéntame una de fútbol





Esto era una vez un argentino, un gallego, dos gordos, un alto ejecutivo, un excursionista y dos que pasaban por allí y va uno de los gordos y dice: Oye tíos: ¿Por qué no jugamos un partidito allá por el cementerio, antes de irnos de vacaciones, y luego nos comemos un conejo frito con tomate, si vemos que tal?
¡Dabuten tío! Yo me encargo de alquilar el campo y de organizar la cenorra- dijo el gordo más guay de los dos.
La cuestión es que estos colegas -vendedores en su mayoría- (los de rojo) no tuvieron otra idea mejor que pedirles partido a los chavales de su fabrica (los de azul) que corren como galgos y empujan como la madre que los parió.
Así que el día de autos, nada más en el calentamiento, si es que lo hubo, el partido ya estaba perdido. 
Los nuestros (los de rojo) pensaban más en el conejo y no olían ni la bola. Los chavales de la fabrica (los de azul), por el contrario, no sólo corrían, si no que parecía que volaban bajo como cuando canta el grajo.
Los goles empezaron a caer de tal modo que, afectados por el Síndrome de Malta, perdimos hasta la cuenta de los que nos iban metiendo. Si no llega ser por un señor con bigote, que había en la grada, hubiéramos perdido la cuenta. Al parecer la cosa acabó tan sólo 7-3 para los de la fábrica. 
Hubo un gordo lesionado y el alto ejecutivo acabo medio fundido. El argentino acabó amenazando con cortar las piernas del que se atreviera a tirarle otro caño y el conejo con tomate, pimientos y berenjenas estuvo de maravilla.
El fútbol no es para viejos, el conejo con tomate, sí. De cualquier manera ya se habla de revancha.
Para comerse un conejo no hacía falta tanta historia.

martes, 24 de julio de 2012

Días de hospital XLI



Tengo que reconocer que no sabía cómo coño poner 41 en números romanos. No tenía hoy, tampoco, en este día de dudas, ni idea de qué foto elegir de todas las que le había tirado a mi madre en su último día de hospital. No teníamos la más remota idea de a que hora vendría la ansiada ambulancia a recogerla para alejarla de ese maldito agujero negro hospitalario llamado Morales Meseguer, aunque, en realidad, me temo que todos los hospitales sean, en cierta medida, agujeros negros que conectan esta realidad con la otra que desconocemos. 
La visita de la doctora, que tanto me alegraba en los últimos días, me ha caído como un jarro de agua fría. Los resultados del TAC me han hecho entender que no entendía nada. Ha sido, la recibida, una información desinformante, dolorosa y fulminante. La bella doctora se ha transformado, por un instante, en la madrastra de la Cenicienta, con capirote y verruga en la nariz incluida. Tras esa alucinación pasajera he vuelto a mi consciencia inconsciente, y le he dicho a la doctora que no tenía más dudas, ni más preguntas, cuando en realidad lo que quería decirle era todo lo contrario: Doctora, no entiendo absolutamente nada de lo que me está diciendo. Si fuera religioso o católico de esos de golpe de pecho, me preguntaría: ¿Dios mío, qué ha hecho mi madre, tan malo, para merecerse eso? Pero como soy ateo recalcitrante y orgulloso de serlo, sólo me queda maldecir, una y mil veces, a un sistema sanitario arcaico y caótico, revestido de modernidad, que hace aguas por todos lados. 
Sé que este no es el mejor modo para concluir esta serie de relatos hospitalarios. Nunca fui un hombre demasiado diplomático. Días de hospital pretendía ser un diario donde recoger las experiencias de la estancia de mi madre en el hospital y todo cuanto sucedía a su alrededor, a través de mis ojos, soñando siempre con un final feliz. 
Hoy, que pongo fin a este cuaderno de bitácora, me he dado cuenta de que los cuentos, en la realidad, no siempre acaban con un final feliz.
Este cuento de mi madre finaliza con un nuevo comienzo. Finaliza cuando ella comienza una nueva lucha, injusta y despiadadamente desigual. Finaliza pues en falso. En una salida del hospital que nos conduce irremediablemente al hospital y al hospital y al hospital...
Como una terrible pesadilla que nunca deberíamos haber sufrido y yo nunca debería haber escrito.
Mucha suerte mamá. No te fallaré. No te fallaremos.

sábado, 21 de julio de 2012

Días de hospital XL



Esta tarde mi madre no para de hablar. Eso es buena señal. Una vez estaba ahogándose en la piscina de Archena y el socorrista que la sacó dijo que la encontró hablando debajo del agua. Así es mi madre. 
Me habla de cuando yo tenía un añito. Lavaba mis pañales -ella les llama los trapos- en la acequia que pasa por La Raya, una pedanía de Murcia en la que mis padres, por aquella época, regentaban el casino. Mi padre se daba el piro en la moto y allí se quedaba mi madre despachando cervezas conmigo en los brazos. Quizás por eso yo tengo alergia a la cerveza, pero no la extraño. Antes bebía Coca-Cola a tutiplén, pero ahora, durante las comidas, bebo más vino y, últimamente, sidra con hielo picado que en verano es una delicia. Deberían probarla. Sin embargo mi madre es más de cerveza.
La señora que tenemos ahora en la cama de al lado hace seis años que perdió el habla. Se pasa la vida de hospital en hospital, si es que a eso que tiene la pobre mujer le podemos llamar vida. Se la pasa gimiendo todo el día y toda la noche. Dice mi madre que ella no quisiera verse nunca así.
Los médicos nos echan del hospital. Nos han avisado de que el lunes nos van a dar el alta. Quizás sea lo mejor. Mi madre y los antibióticos han hecho tanta amistad que ya ni le hacen efecto. La confianza mata. Por ello, los médicos nos dicen que la saquemos de aquí cuanto antes. Los virus corren por los pasillos a la misma velocidad que se dispara nuestra prima de riesgo.
Los días de hospital, en principio, están llegando a su fin. Me da vértigo mirar hacia atrás, y no las tengo todas conmigo si miro hacia delante.
Para que haga un poco de ejercicio, con ayuda del hijo de la señora de la cama de al lado, hemos levantado a mi madre del sillón y la hemos ayudado a andar un poquito por el pasillo. Poca cosa, aunque menos da un piedra.
El enfermero, tras pincharle en el dedo, nos ha dicho que tiene 217, mientras la prima de riesgo española estaba a 617. La prima ha ganado a mi madre por 400 puntos. Si mi madre tuviera eso de azúcar no la salvaba ni Batman, aunque Batman tampoco salvó ayer a los doce espectadores que se cargaron   en EE.UU el día de su estreno. Iba a ir al cine pero estoy por no ir.


jueves, 19 de julio de 2012

Días de hospital XXXIX


La verdad que estamos alucinando con este equipo médico. Actúan con rapidez y decisión, informan con claridad y sientes el apoyo de una manera real y humana. Yo no sé si es que este equipo viene de refresco y ha disfrutado de unas merecidas y fantásticas vacaciones en Punta Cana, pero lo dicho: ¡Qué maravilla!. Trabajan como si este gobierno no les hubiera quitado la paga extra de navidad y el anterior no les hubiese rebajado el 5% el sueldo.
Por sorpresa y sobre todo por poder contar con la ayuda de mi amigo y compañero Sylvain Louison -que dicho sea de paso es el mejor peluquero del mundo- hemos ido a  cortarle el pelo, ponerle el tinte de 10 minutos de Tahe, -que le ha cubierto la cana de cuatro meses perfectamente- y ponerle un tratamiento Infusión de queratina, también de esa prestigiosa marca de cosméticos de Murcia.
-Esto no me lo hacen en la peluquería de la tercera edad -ha comentado ella, sorprendida.
-Ni en la de la cuarta, mami -le respondí.
La compañera de habitación de mi madre se ha sorprendido de que esas canas, de cuatro meses y medio, se hayan cubierto en tan sólo diez minutos.
-No me lo puedo creer - decía la señora. Mi hija es peluquera y no usa tintes de 10 minutos. La verdad, es de tontos teñir en media hora si ya hay productos, tan buenos como este, que en 10 minutos te cubren la cana y te aportan ese brillo -exclamó tan convencida.
- ¿Los productos de Tahe se fabrican en Murcia? Yo pensaba que era una marca extranjera -nos explicó la señora, insistiendo en su sorpresa por la forma de colorear y tratar el cabello de una manera tan rápida y eficaz.
- Así es, tan murcianos como los limones y se exportan a más de cuarenta países -le expliqué.
- Pues que gusto que hayan empresas así en Murcia, ojalá y hubieran muchas como esa. Ya hablaré yo con mi hija para que gaste más productos de vuestra marca. 
Mi madre, gracias a Sylvain, se quedó preciosa. Por la tarde, siguió andando por el pasillo con la ayuda del fisioterapeuta y su andador. Esta mañana, van a realizarle una biopsia en la mancha que ya descubrieron en la UCI, en uno de sus pulmones, y que no consideraron necesaria realizar pero que este equipo médico, para su tranquilidad y para la nuestra, ha decidido llevar a cabo. De sus resultados va a depender su tratamiento post-hospitalario.
Esperemos que todo salga bien y esa biopsia de negativa.
Gracias Sylvain y gracias, sobre todo, a estas doctoras. Grandes profesionales y encima guapas. Seguro que usan productos de Tahe.

martes, 17 de julio de 2012

Escatologías patrias


Atención, por favor:
¡El siguiente artí-culo puede herir la sensibilidad del lector!

España ¡Qué gran país!. Un país donde estamos acostumbrados a arrojar nuestra mierda al prójimo, dejar la mierda y salir corriendo o remover la mierda, con o sin ventilador. De hecho, tenemos la fea costumbre de mandar a la mierda a la gente que nos incomoda. La escatología es como una ciencia infusa que adquirimos a edades muy tempranas, que nos acompaña de por vida y, para muchas personas, tiene tanto, o más valor, que las matemáticas o la geografía.
Lo escatológico inunda nuestras vidas con normalidad absoluta, con tintes de complicidad y hasta de modernidad.
Cuarenta y cinco millones de españoles pagaremos, durante décadas, la mierda de nuestros banqueros y de nuestros exquisitos especuladores de la construcción a los que siempre corearon y arengaron unos políticos de mierda. Ahora se ven menos constructores. El retrato robot era siempre el mismo: Cincuenton, gordo como una vaca, dentro de un enorme Mercedes, con el brazo por la ventanilla, enseñando, a la plebe, el Cohiba lancero que se fumaba, y un Rolex de oro -casi siempre falso-
Todo esto que aquí escribo, a modo de desahogo, viene a cuento del desagradable hallazgo biológico que he descubierto, esta mañana, en una conocida venta de Fuente la Higuera (Valencia). 
Como de costumbre, cuando me desplazo a trabajar a Valencia, paro a tomar un cafecito y, antes de reanudar la marcha, voy al retrete. Y hete aquí cual ha sido mi sorpresa que, al abrir la puerta, esa enorme mierda estaba allí, presidiendo una arcaica letrina cuartelera de los años cincuenta.
El cagon ha dejado el mojón, a modo de performance, en una demostración pública de sus gustos contemporáneos. Hubo un artista italiano llamado Piero Manzoni que puso en circulación 90 botes llenos de su propia mierda y por los que hoy se está pagando una pasta gansa. Este artista del culo de Fuente la Higuera ha dejado, en esta venta, una prueba inequívoca de sus dotes artísticas y yo no he querido dejar esa excelente y genuina representación en algo efímero, por lo que he creído conveniente y generoso, por mi parte, compartirlo con todos los amantes del arte contemporáneo que visitan este blog mediante esta fotografía.
El mundo está tan lleno de artistas como de culos poco aprovechados.

lunes, 16 de julio de 2012

Días de hospital XXXVIII


Hoy, en nombre de mi madre y de toda mi familia, quiero agradecer el apoyo ofrecido por la nueva doctora que esta atendiendo a mi madre. Cuando todo apuntaba a un indeseado traslado al Hospital San Carlos, la doctora, en un acto de escucha y comprensión hacia mi madre, que le honra, nos ha permitido permanecer en el Hospital Morales Meseguer y nos ha asegurado que va a ordenar que intensifiquen su rehabilitación y sus cuidados.
No he podido evitar emocionarme por el simple hecho de sentirme escuchado y comprendido, y si, en realidad, esos cuidados se llevaran a cabo, como así parece que va ha ser, esta doctora va a conseguir que recupere cierta credibilidad y confianza hacia el sector médico.
Luego, me he ido a trabajar y me he perdido algo en lo que llevaba soñando hace mucho tiempo: los primeros pasos de mi madre.
El fisioterapeuta con ayuda de un andador la ha conseguido levantar y que diera sus primeros pasos, para nosotros de mucho más valor histórico que los que diera el mismísimo Neil Armstrong cuando pisó la Luna. 
Me los he perdido yo, pero los a disfrutado mi padre, que bien merecido se lo tenía el pobre, después de todo lo que esta apoyando desde el primer día.
Ahora tengo que aprovechar este tiempo extra, que nos ha concedido la doctora, para intentar adaptar la casa de mi madre lo antes posible a su nueva realidad. Ojalá me dé tiempo a todo.