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viernes, 23 de mayo de 2025
Despedida de Manolo
Un discurso para el recuerdo:
Aunque aún falta más de un mes para que Manolo de Jodar ponga punto y final a su vida la laboral, hoy nos hemos reunido aquí para brindarle un pequeño homenaje. Parece que fue ayer cuando todas las mañanas, antes de irnos a vender, Manolo, Lorenzo y yo, íbamos a tomarnos un café con un cruasán a la confitería Nicolás, de Beniaján, pero de eso ya han pasado 30 años... Por aquel entonces, ni Manolo, ni Lorenzo ni yo sabíamos realmente lo que nos esperaba. El futuro es caprichoso y hace con todos nosotros lo que le da la gana. Y ese futuro, al que salíamos a hacer frente cada mañana, visita tras visita, pedido tras pedido, reunión tras reunión, fue doblegándose ante el empuje de los tres mosqueteros. De ahí a Alcantarilla, y de Alcantarilla a Alhama. Manolo siempre ha sido un referente ético y estético para todos nosotros. Ético porque en ningún momento ha dejado de aportarnos tranquilidad y equilibrio, entrega y esfuerzo, y constancia, mucha constancia, tanto a su trabajo de asesor como a su función como responsable de equipo. Estético porque siempre ha destacado por su elegancia en el vestir y su elegancia en el trato a todos los que hemos tenido la suerte de trabajar a su lado. Nunca ha sido Manolo uno más de nuestro equipo, Manolo siempre ha sido lo más. Un padre, un maestro, un apoyo, un compañero fiel, amante de su trabajo y de sus clientes. Me siento orgulloso de haber trabajado a tu lado, Manolo. Pese a que, supuestamente, yo he sido tu jefe, en realidad yo nunca he dejado de verte como un compañero más. Y es que si alguien en Tahe merece el calificativo de "COMPAÑERO" ese eres tú.
Las últimas pérdidas que hemos sufrido en la empresa –no hace falta recordarlas–, han sido dolorosas, sin embargo tú serás para todos una ausencia feliz porque sabemos que, para ti, una nueva vida comienza ahora, y creo que todos coincidiremos en que lo tienes bien merecido.
Descansa y disfruta, guerrero. Esta siempre será tu empresa y yo siempre seré tu amigo.
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Editorial,
Gestión de pequeñas empresas
miércoles, 26 de marzo de 2025
Sin sombrero
Me quedé sin sombrero como me quedé sin abuela. La jornada de motivación, por el Barranco de la Regidora, entre Bullas y Cehegín, me sirvió para poner a prueba mi nuevo curso de motivación. El día, tras tres semanas de intensas lluvias, ameneció luminoso. Mis compañeros siempre vienen inquietos a mis formaciones. Nunca saben lo que se pueden encontrar, ni dónde serán. Siempre juego en el bucle psicólogico que va desde la incertidumbre a la expectativa. Lo importante es convivir. Hablar de nuestras cosas. Abordar la complejidad desde la facilidad. Hacer equipo. Relativizar los problemas. Aportar valor. Disfrutar cada mínuto de nuestro trabajo. Les digo, no sé si me entenderán, que somos afortunados por tener el trabajo que tenemos, por tener el reconocimiento de nuestros clientes, y por tener la oportunidad de seguir creciendo cada día como personas. Me quedé sin sombrero, es verdad, pero feliz. Muy feliz.
miércoles, 12 de febrero de 2025
30 años vendiendo champú
Como decía mi madre que tengo mucha suerte, siempre regreso. Regreso de Guatemala y Honduras, vía El Salvador, tras una semana de intenso trabajo comercial y educativo con nuestros distribuidores y clientes. Acercarse a la realidad de cada mercado, convivir con los clientes, con los vendedores, y con los distribuidores, me aporta la información necesaria para poder actuar y colaborar de una manera más eficiente y personalizada. No hay dos mercados iguales, aunque todos se parezcan. No existen recetas mágicas ni soluciones fáciles. Hasta lo aparentemente más sencillo tiene su complejidad. Tengo claro que, en la mayoría de las ocasiones, el tamaño del esfuerzo refleja el tamaño de los resultados. Ayudar a alguien que se esfuerza y tiene ambición por crecer, y por mejorar, es mucho más sencillo y gratificante que intentar ayudar a alguien que no tiene claridad ni convencimiento en sus objetivos. Yo he venido, como siempre hago desde hace casi treinta años, a aportar mi visión del trabajo. A buscar la facilidad desde la comprensión de nuestro sector. A enseñar a nuestros clientes a desarrollarse. A que los vendedores entiendan su auténtica potencialidad no limitándose únicamente a vender sino a ejercer como asesores en la mejora de todos y cada uno de los clientes que conforman su ruta. Nunca he visto a los negocios de nuestros clientes como un lugar para ir a recoger, sino como un lugar a donde ir a construir un futuro mejor para ambas partes. Los clientes, más allá necesitar productos, que cualquiera les puede ofrecer, necesita apoyos y asesoramiento para ver el futuro con más confianza, seguridad, y rentabilidad. He viajado para compartir mi visión de una actividad milenaria como es el comercio, con una mirada renovada y actual, basada en la colaboración, para generar un crecimiento mutuo ordenado y sin asumir riesgos innecesarios. Una relación basada en la colaboración, el respeto, y la empatía. Esto es en lo que yo creo. Y esta visión renovadora y comprometida es la que me ha traído hasta aquí. Treinta años, se dice pronto...¿Quién me lo iba a decir? Treinta años buscando soluciones y vendiendo champú.
miércoles, 22 de noviembre de 2023
Mágica simbiosis
Nunca me parece suficiente. Me exijo tanto que los horarios, las distancias, las temperaturas, y las fronteras han quedado reducidas a meras anécdotas. El mundo es mi ruta y mis clientes, estén donde estén, y hablen el idioma que hablen, mi responsabilidad. Soy tan de ellos como ellos de mí en una mágica simbiosis que nos beneficia. Veo al mercado como un ecosistema cuyo equilibrio ambiental depende del oxigeno que aporta la motivación. De joven quise ser guardabosques y, les juro que, sin pretenderlo, he acabado como guardían de un ecosistema en el que la belleza lo rige y lo impregna todo.
martes, 29 de noviembre de 2022
Me sopongo capaz
Se supone que estoy en un aeropuerto low cost alemán rumbo a Tel Aviv. Se supone que vendo genuinos champúes y tintes para el cabello con una basta y bien lograda gama cromática y una extraordinaria cobertura y durabilidad. Se supone que todo saldrá bien y que el piloto disfrutará, un día más, de su troposférico trabajo. Se supone que durante el viaje los atentados cesarán y yo podré desplegar mi propósito que no es otro que el de abrir un mercado más. Se supone que estoy suficientemente preparado para realizar el cometido, ya que cuento con sobrada experiencia. Se supone que Israel, al igual que otros destinos anteriores, hará saltar por los aires todos mis prejuicios. Se supone que un tipo como yo, curtido en mil batallas, no debería de tener dudas. -¡La duda ofende! -dicen. Pese a lo que creemos, tal vez nunca dispongamos de las suficientes certezas. Y cuando las tenemos erramos. Yo, desde mi ignorante egocentrismo, me considero capaz. Lo demás, como siempre digo, ya no está en mis manos.
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Gestión de pequeñas empresas,
Viajes irrepetibles
viernes, 11 de noviembre de 2022
Mi jefe cumple 60
Se llama Mariano y hoy cumple 60 años. Mariano Magaña es un tipo difícil de encasillar. Si lo intentas se te escapa entre las manos como el pescado fresco. Es ágil de mente y se las ve venir. Su mirada ve más allá que la del resto de los mortales. Incluso en tiempos revueltos mantiene la calma y encuentra alternativas donde parece que no las hay. Es muy díficil adivinar que as se guarda en la manga. Siempre tiene uno para hacernos llegar más lejos, y más alto, aunque ello suponga enfrentarse a nuestra comodidad. Ya van para 28 años de soportarnos mutuamente. Como frente a un león, con él hay que encontrar la distancia adecuada para que todo vaya bien. A veces basta que señale con el dedo, o un simple gesto, para que sepamos lo que nos quiere decir. Yo le admiro por su perseverancia, su clarividencia, y por su valentía. Muchas veces la gente tiende a sobrevalorar mi trabajo y siempre les digo que yo no sería casi nada sin él. Mi jefe es un tipo peculiar, un fuera de serie, y en no pocas ocasiones difícil de comprender. He llegado a pensar que el maneja algunos parámetros que a muchos de nosotros se nos escapan. Tal vez por eso ha conseguido llevarnos hasta aquí y construir lo que hoy es Tahe. Muchas felicidades, Mariano. Dúranos mucho, por favor, y dinos cómo y dónde cargas tu batería.
jueves, 12 de mayo de 2022
Eva fue para Eva
Entre las múltiples facetas que desempeño en mi puesto de trabajo está la de ejercer de motivador. Me gusta desarrollar dinámicas de motivación en plena naturaleza. En ellas, más allá de ayudar e inspirar a los partipantes, me gusta fomentar valores como el respeto, la solidaridad, la protección del medioambiente, el fomento de la cultura y el arte en todas sus formas, y, sobre todo, provocar la convivencia entre profesionales para compartir experiencias que nos impulsen hacia adelante.
Una de estas actividades la realizo mediante caminatas por espacios naturales de especial interés. Al comienzo de las mismas, cada partipante recibe un sobre. Dentro de estos sobres incluyo frases, esquemas, adivinanzas, propuestas, y sorpresas que vamos abriendo y compartiendo sobre la marcha. A una de las últimas caminatas vino Eva. En la tarjeta que Eva cogió al azar se ofrecía la posibilidad de elejir entre un libro y un collage, y ella eligió el collage, que recibiría al finalizar la jornada. El collage lo hice un año antes y lo escogí al azar de un cajón en el que guardo cientos y cientos de collages que hago compulsivamente desde hace décadas. Durante toda la jornada Eva se mostró muy preocupada por la situación profesional y personal por la que estaba atravesando. Hablamos largo y tendido sobre diferentes opciones para hacerle frente. Ni que decir tiene que los nervios y las emociones estaban a flor de piel y las lágrimas hicieron acto de presencia. Al final, cuando saqué el collage del sobre en el que estaba guardado, todos nos llevamos una gran sorpresa. Ahora todos piensan que tengo algo de brujo. Lo que no saben es que el primer asombrado fui yo.
miércoles, 1 de diciembre de 2021
Éxito
Hoy acaricio el éxito. Percibo y disfruto su presencia con todos mis sentidos. Mi alegría se desborda y siento la necesidad de embridarla, de echarle el freno, para que no se convierta en arrogancia ni en imprudencia. El éxito desmedido ofende. Unos ganan y otros pierden, y hoy me ha tocado ganar. Mientras lo disfruto pienso en el camino recorrido, en el esfuerzo desplegado por todo mi equipo, en los errores cometidos, en el tiempo bien invertido y en el tiempo desaprovechado, en todas y cada una de las pequeñas decisiones que me han conducido hasta aquí. Siento la obligación de teorizar sobre mi éxito, de entenderlo, de valorarlo, de contextualizarlo, y, sobre todo, de relativizarlo para poder explicarlo y compartirlo.
Siempre he creído que lo díficil no es alcanzar el éxito, lo difícil es saber convivir con él. Gestionar el éxito es tan complicado como gestionar la derrota, pero, a diferencia de esta última, el éxito es un bonito lugar para quedarse. Sin duda, merece la pena intentarlo.
A lo largo de los años, he encontrado un común denominador entre personas que lo han alcanzado: tenían muchas ganas de lograrlo. Por encima de todo, para tener éxito hay que querer.
jueves, 27 de mayo de 2021
La reflexión de las tortuguitas
A ver cómo les cuento yo lo que quiero contarles. Como todo sabemos, en la vida cuesta mucho mantenerse de pie. Hay gente que lo lleva peor, gente que lo lleva mejor, y gente que lo lleva como puede. Pero, como les decía, en la vida lo que cuesta es mantenerse de pie. Firme. Erguido. Cuesta encontrar un camino recto, si es que acaso ese tipo de caminos existieran, que nos lleve, de una manera apacible, hacia aquello que llamamos felicidad. Mantenerse de pie, abrirse camino en la vida, no es nada fácil. Quizás, nuestra educación, nuestra cultura o nuestra incultura, nos haya confundido un poco. Si tomamos como referencia a la naturaleza, a esa que pertenecemos y de la que dependemos plenamente, pero que muchas veces miramos por encima del hombro, como si nosotros fueramos los dioses del universo, nos daríamos cuenta de que una tortuga marina, en una playa, pone un centenar de huevos; y pone un centenar de huevos porque sabe perfectamente que de esas cien tortuguitas apenas el diez por ciento conseguirá superar el primer año de vida. Lo mismo que otros animales, por ejemplo el salmón, que recorre medio mundo para volver a desovar en el río en el que nació y poner miles de huevos. De esos huevos, tan solo un porcentaje muy pequeño llegarán a ser alevines, y de esos alevines muy pocos llegarán a ser salmones, y muchos menos aún regresarán al año siguiente al rio que nacieron para intentar que su especie siga existiendo. En la naturaleza todo es lucha y en nuestra vida, también. De hecho, si reflexionamos un poco sobre nuestra particular forma de reproducirnos observaremos las mismas pautas: millones de espermatozoides luchan encarecidamente por fecundar a un óvulo, todos corren como locos pero solo uno alcanza su objetivo. Después, no todo está conseguido, ese embrión ha de ser aceptado y encontrar cobijo y buena acogida en el ovario y continuar vivo durante nueve meses, y superar un parto que es el gran primer trauma que sufrimos en la vida. Y encima, al salir, nos dan un azote en el culo. En nosotros, como en la naturaleza, todo es lucha. Todo, absulutamente todo en la vida, es una lucha. Consciente o incosciente y de mayor o menor intensidad.
Sin embargo, en cierta medida, la cultura contemporánea nos hace pensar en lo contrario, que todo en la vida es fácil, que todo nos lo merecemos, que todo se puede conseguir a golpe de click. Y evidentemente eso nos genera frustración, más que nada porque es rotundamente falso.
Vivimos momentos de confusión, alejados de nuestra realidad, y sumidos en un mundo de ficción y de apariencia: "no importa tanto lo que en realidad soy como lo que aparento ser", en un intento de camuflaje camaleónico con el que intentamos pasar desapercividos para seguir viviendo.
En la vida, nos guste o no, todo es lucha. Así que si hoy te has levantado de la cama, te has vestido y has desayunado, y te has ido a trabajar, o a estudiar, o simplemente a darte un paseo por la montaña, ya eres un ser afortunado porque sigues en la lucha. No quiero terminar esta reflexión sin antes compartir, con mis escasos pero maravillosos lectores, un pequeño aforismo que escribí en días pasados para una formación de motivación que impartí en las Barrancas de Burujón (Toledo), y dice así: "El sol nunca calienta para quién no quiere su calor". Hoy quería contarles algo pero no sé si era esto en concreto o algo parecido.
miércoles, 12 de octubre de 2016
Crónica de una muerte anunciada
La realidad era bien distinta de la que yo imaginaba. Yo ya había observado en él un sinfín de justificaciones y prejuicios que me generaban inquietud. Estoy pasando por un mal momento -me dijo. Y yo me lo creí. No sé por qué, pero siempre tiendo a ver las cosas de la manera más optimista y, al final, me llegan los desengaños. Los que actuamos siempre desde la buena fe chocamos con demasiada frecuencia con gente sin escrúpulos que no sienten el más mínimo remordimiento por las consecuencias de lo que hacen o de lo que dejan de hacer.
Cuando él me dijo que lo ayudara, yo le creí. Pensé que lo decía desde la sinceridad y me puse manos a la obra. Siempre he tenido la necesidad de ayudar a los demás, aún a sabiendas de que, en muchas ocasiones, la gente que te pide ayuda lo hace para reafirmarse, y demostrarle al mundo que ni con tu ayuda, esos planteamientos, o esos objetivos, se pueden alcanzar.
Como decía, yo lo apoyé. Le dediqué todo mi tiempo y mi conocimiento. Le hice participe de nuestras fortalezas y de nuestras debilidades. Le facilité opciones más favorables que a otros compañeros para impulsarlo hacia adelante. Y todo para que él, al final, se dedicara mucho más tiempo a desgastar la tapicería de su sofá y a sembrar dudas sobre nuestros planteamientos al resto de compañeros.
Luego, para su defensa, proclamó a los cuatro vientos que él, en todo momento, había seguido las pautas que yo había establecido, pero que ni con esas. Por tanto, por haberme dejado la piel para sacarlo de su lamentable situación, yo mismo me encontraba inmerso en un tremendo barrizal.
Entonces tuve que tomar la determinación que a priori tenía que haber tomado si hubiera dejado los sentimientos al margen y hubiera valorado los datos de una manera mucho más objetiva de lo que lo hice.
No hay nada más peligroso que acercarse a alguien que se está ahogando. Y él, por desgracia, hacía mucho tiempo que se estaba ahogando en sus propias miserias.
De los errores siempre se aprende, pero hay que ver cuánto nos cuesta...
jueves, 1 de septiembre de 2016
¿Te vienes o te quedas?
Septiembre es el gran reto. Temporada alta para nuestro trabajo. De él dependerá, en gran medida, que el año termine en positivo o nos lo comamos con patatas. Para los que llevan retraso puede suponer el mes de la recuperación, y para los que van por delante, puede ser el mes que, definitivamente, les lleve a culminar con éxito un nuevo año de trabajo.
Me gustan los retos. De hecho, creo que mi integridad física, y sobre todo mental, se pone en riesgo cuando carezco de ellos. Necesito estar inmerso en los retos como un buzo en el mar. Enfrentarme a mis limitaciones es una maravilla; una emocionante oportunidad para saltar un muro, soltar un nudo, cruzar un río, subir una montaña, o enfrentarme, con energías renovadas y estrategias nuevas, a la dura competencia.
Sé, que desde la lucha, todo se puede lograr. Sé, que sin miedos, y sin complejos, siempre encontramos la forma de alcanzar las metas que nos proponemos. Para algo somos personas, seres humanos, animales racionales capaces de solventar hasta la más dura adversidad, crear puentes sobre el mar, o llegar hasta la luna.
Sé, como siempre, que septiembre viene cargado de dudas y de responsabilidades. Yo soy el primero en reconocerlo. Por delante, todo son oportunidades. Todo es posible. Nada le está negado al que lo intenta. Los imposibles sólo habitan en la perniciosa comodidad del sofá.
Voy a por todas. Para algo estoy vivo. ¿Te vienes conmigo?
sábado, 31 de octubre de 2015
Creo en la cultura
Otro mes más, me siento orgulloso de las personas que trabajan a mi lado. El orgullo por lo conseguido y por lo que aún nos queda por conseguir. Orgulloso de su actitud, de su espíritu de lucha, de su cada vez más valioso compañerismo, de su entrega hacia los demás, y de su altura de miras.
Sé que la cultura es el único camino válido para todos ellos. Sé que muchos otros aspiran a arrebatarnos nuestros logros y nos darán la batalla con y sin dignidad. La vida es una sucesión maravillosa y emocionante de hostilidades. Lo importante es que seamos capaces de salir de ellas airosos y con ganas de más.
Otro mes, como les decía, me siento emocionado por lo que todos ellos me han aportado y por lo que entre todos juntos estamos aportando a los demás. La entrega, la pasión, la constancia, y la autenticidad cimientan nuestras fortalezas y dan forma a nuestras aspiraciones.
Somos un equipo que aspira a lo máximo. Valiente ante grandes gestas y ante grandes enemigos. Humilde en el devenir del día a día. Humano para tender la mano. Alerta para escuchar a todos aquellos que nos demandan apoyo, e inclusive, a todos aquellos que no se atreven a pedirlo.
Estoy orgulloso y feliz de formar parte de ellos y que ellos sean parte de mí. Tengo, como asignatura pendiente, ser capaz de transmitirles, con la debida intensidad, que en la cultura están todas las respuestas que, sin saberlo, andan buscando. Que en un libro, en cualquier libro, se abren caminos por los que continuar transitando hacia nuestro crecimiento personal. Vivir alejado de la cultura es como conducir por una autopista en dirección contraria, y la luz apagada, en plena noche. La sociedad nos alejó de la cultura y yo lucho por provocar en mi equipo un cambio determinante en ese sentido. No es tarea fácil pero no voy a cejar en el empeño. Creo en la cultura por encima de todas las cosas. Creo en el Dios todopoderoso que habita en los libros. La cultura nos hace libres. Y siendo libres todo lo podemos conseguir.
domingo, 23 de agosto de 2015
Vuelta a normalidad
Hoy vuelvo a la normalidad. Habrá quién use con nostalgia el término de "vuelta a la rutina", pero mi vida dista mucho de ser rutinaria y mi trabajo menos aún. De hecho, llevo ya varios días trabajando. He preparado y entrenado mi mente para el trayecto que me separa hasta el fin de año, y he buscado la forma de alcanzar mis objetivos y el de todas las personas que trabajan conmigo, que no son pocas.
El trabajo, visto como un reto y como un acto creativo, es todo un lujo, visto como un acto mecánico es una simple rutina. Hasta los trabajos más mecánicos necesitan de creatividad; todos ellos albergan espacios de mejora en los que las personas que los desarrollan tiene mucho que aportar desde la experiencia y la reflexión.
La evolución es el fruto de la reflexión que se produce tras la experiencia acumulada, tanto en la mecánica utilitaria del día a día, como en la propia adaptación biológica de las especies ante nuevas necesidades.
Evolucionamos, a nuestro pesar, como algo maravilloso. Los retos que nos plantea la vida, y el trabajo, son necesarios para hacernos más fuertes y más sabios.
A mí me gusta entender el trabajo así, como un camino permanente de aprendizaje hacia la sabiduría.
Necesito aprender más, y, para ello, necesito trabajar más y con retos cada vez más complejos.
Para atrás ni para coger impulso. Siempre en camino. Siempre hacia adelante.
jueves, 30 de julio de 2015
Zona de Confort
No tengo por costumbre escribir a las cinco de la madrugada, pero eso no quiere decir que no lo pueda hacer. De hecho, me emociona hacer cosas que, a priori, no me creía capaz de lograr.
Por la ventana del sexto piso del hotel Holiday Inn Suites de la calle Londres, mi cuartel general en la capital mexicana, se ve todo oscuro. La ciudad aún duerme, pero yo no. Siempre que trabajo en México me desvelo a medianoche. Mi biología no entiende de franjas horarias, ni de fronteras. El todo en el que me desenvuelvo es un mismo, y diversificado, escenario. Trabajo sobre un único cliente que tiene mil caras y habla un montón de idiomas. Trabajo, ahí adónde voy, bajo una misma premisa: "provocar transformaciones que ayuden a mejorar la realidad de las personas y de las empresas". Me apasiona tanto lo que hago que mis emociones afloran tras cada palabra, o tras cada propuesta, que pronuncio, o que planteo, a quién me escucha con el corazón abierto. Arriesgo en mis valoraciones, en mis propuestas, y en mis planteamientos, pero sin dogmas ni radicalismo. La flexibilidad del muelle, que siempre me acompaña allá adónde voy, es mi santo y seña. Soy fundamentalista frente a la rigidez y un efusivo practicante y promotor de la flexibilidad, de la diversidad, de la adaptación, y de la innovación.
El inmovilismo, que es como un cáncer que nos corroe silenciosamente, suele estar bien enraizado en nuestra zona de confort. Abusamos de lo que "supuestamente" sabemos hacer y dejamos de avanzar en la búsqueda, y en la conquista, de nuevos espacios de mejora y crecimiento que tanto necesitamos. De ese modo, las personas, las empresas, y los países, sufrimos permanentemente el sabor agridulce de la frustración que nos provoca nuestro "consciente o inconsciente" estancamiento.
Apuesto por la cultura, por el debate, por la reflexión, y por la valentía, a la hora de tomar decisiones. Los miedos forman parte de las raíces invisibles de nuestra terrorífica zona de confort, la cual, nos atrae como un espejismo, tira de nosotros como un imán, o nos acaricia los oídos como El flautista de Hamelín, para que sigamos tumbados en nuestro cómodo sofá, que, a la larga, acaba convirtiéndose en la cama de un faquir.
Las grandes hazañas, los grandes descubrimientos, los grandes avances, y los grandes éxitos empresariales, siempre vinieron de la mano de personas que abandonaron su zona de confort y se lanzaron a la conquista de lo que no dominaban, de lo que desconocían, pese a los cantos de sirena de los agoreros que siempre intentan sofocar o reprimir cualquier conato de progreso. En lo que no hacemos se encuentran gran número de las soluciones que buscamos.
Cultura versus costumbre. Ser o no ser. El dilema shakesperiano que nunca cesa. He vuelto a transmitir en México mi forma de trabajar y vivir el trabajo y me siento muy afortunado por ello.
No tengo por rutina volver a meterme en la cama después de desvelarme, pero eso no quiere decir que no lo pueda intentar. Voy a dormir un ratito más. Afuera todo sigue oscuro, aunque por el ruido, parece que esta inmensa urbe, de más de veinticinco millones de almas, un día más, comienza a desperezarse.
Un avión me está esperando para transportarme a nuevas luchas. Salgo a batalla por día.
miércoles, 15 de julio de 2015
No tengo tiempo
Les aseguro que hoy no tengo tiempo. Tengo de todo: deudas, asuntos pendientes que abordar, varias reuniones en la agenda, un libro a medio leer, una novela a medio escribir, la compra sin hacer, un viaje aún por preparar... pero no tengo tiempo de nada.
De hecho, no uso reloj para sentirme menos esclavo de la dictadura del minutero y los quehaceres.
Como no tengo tiempo para nada, no hago deporte, ni el amor, ni leo, ni veo televisión, ni trabajo, ni como con gracia, ni escribo en este blog, ni salgo al cine, ni escucho la radio, ni voy a trabajar, ni hablo de política, ni nada de nada. No tengo tiempo y, por tanto, me duele mucho desaprovecharlo en cosas superfluas y banales que a nadie le importan.
La carencia de tiempo me está jodiendo esta vida de prisas y estrés; esta existencia deshumanizada y sometida a la infalible tiranía del cronómetro, y las prisas, y a la congoja, y al ansía.
Me gustaría escribirles algo coherente que les ayudara a entender la importancia de aprovechar bien su tiempo. No hagan como yo, por favor, no se dejen llevar por la dejadez, ni se abandonen a la desidia, ni a la holgazanería, ni al Candy Crush, ni a las series de vampiros guays, ni a las páginas web de gatos, se lo pido por favor.
El tiempo es oro. Sí, lo sé, es una frase hecha, manida, no digo nada nuevo, pero es que, pónganse en mi lugar, no tengo tiempo para andar con florituras, bastante hago con lo que me esfuerzo sin tener tiempo para nada.
Me voy. Es tarde y estoy un poco cansado...hace días que no tengo ni tiempo para descansar.
jueves, 30 de abril de 2015
Artur y yo
Me espera mi maleta, esa extensión pesada de mi brazo, que tanto me acompaña y me castiga, de marca Samsonite. Me esperan los aviones, esas máquinas que desafían a la razón de los que no entendemos de ciencia y todo nos sorprende. Me aguardan gentes a las que no conozco y a las que, a buen seguro, después de hacerlas participes de mis aspiraciones, jamás vuelva a ver. Descubriré paisajes, ciudades, pueblos, ríos, tejados, chimeneas, ruinas, aduaneros con bigote, idiomas tan extraños como peces abisales, estatuas ecuestres de generales con espadas en lo alto, comidas típicas en restaurantes tópicos, camareras sonrientes con dientes de plata, y, junto a todo eso, acompañándome, estará Artur.
Mis viajes de trabajo internacional casi siempre tienen a Artur como protagonista, como ángel custodio y multilingüe, como chófer de competición, como guía de mis pasos. El mundo, gracias a Artur, es para mí un paseo militar, un niño indefenso, una canica de cristal, una habitación con vistas.
Viajamos, Artur y yo, de nuevo, a ponernos el mundo por montera, a sumar países conquistados, a continuar nuestra particular lucha contra la crisis que asola nuestro mundo, a demostrarnos a nosotros mismos que no hay reto al que no podamos aspirar, ni aspiración, por pequeña que sea, que para nosotros no suponga todo un reto.
Serbia y Bosnia, son nuestros próximos destinos, países a los que vamos a descubrir con ánimo de lucro creciente, y solidaridad empresarial. Como siempre, aspiramos a vender desarrollo, un modo de hacer, un sistema de trabajo, innovación con la que combatir a los números rojos y a la confusión que reina en nuestro sector.
Artur y yo. Yo y Artur. Tanto monta, monta tanto.
Un polaco y un murciano. Uno del norte y otro del sur. Uno que habla siete idiomas con otro que habla por los codos. Nos quedan miles y miles de kilómetros por delante y litros y litros de saliva por gastar.
Bendito trabajo el nuestro, Artur, que tanto nos da.
miércoles, 18 de marzo de 2015
Guerras cotidianas
Tengo media vida por delante para intentar escribir, sin que se me tuerzan los renglones, la segunda mitad de mi historia. Supongo que Blogger nunca desaparecerá y mis relatos no quedarán relegados al terreno de la arqueología informática. De hecho, cuando tiro de este blog para atrás, y de eso hace poco más de cinco años, (pero menudos cinco años...) esos comienzos ya los siento distantes, remotos, infantiles, casi ajenos.
La vida sigue su marcha y yo he decidido convertirme en su más ferviente seguidor. Nada tengo. Todo lo que hay a mi alrededor se desvanecería como un castillo de arena si, tan sólo un día, dejara de salir a luchar, o me permitiera el lujo de bajar la guardia porque me pica el culo o no sé qué.
La lucha es mi modus vivendi. Llevo una boina invisible calada hasta las orejas. Soy consecuente con mis decisiones, por eso, cada día, afilo el lápiz y agudizo el ingenio para ganar las batallas, evitando las bajas y la sangre, a sabiendas de que, a veces, éstas son imposibles de evitar.
Las guerras silenciosas requieren de grandes dosis de concentración. Se requiere de gran imaginación para intuir por dónde vienen las balas, o los machetazos, qué flanco reforzar, o intuir quién te puede estar vendiendo al cruel enemigo de su sofá.
En el combate del día a día, mis oídos son radares. Mis ojos, potentes telescopios. Mis pisadas, campañas de movilización. Mi atención, un plan estratégico. La vida, convertida en lucha, requiere de bemoles y de masa encefálica en permanente ebullición. De vísceras y de sangre fría. De agudeza. De previsión. De templanza. De capacidad de decisión. De riesgo. De firmeza. De agresividad. De madurez.
Tras cada refriega, me ducho con agua bien caliente y gel de baño Blumin Urban de papaya y miel, para eliminar toda la mugre de la batalla, escribo ésta bitácora a modo de desahogo o de parte de daños, me hago una sencilla tortilla francesa de dos huevos, y, tras zampármelo todo tan ricamente, me acuesto a leer "Los Transparentes", la última novela del exquisito escritor angoleño Ondjaki, embutido en un pijama de cocodrilo del Primark, y, cuando me vence el cansancio, sueño con los angelitos.
Y, a la mañana siguiente, lustroso, ilustrado, y bien desayunado, me lanzo de nuevo al ataque.
-¿Oiga, es el enemigo? No...¡Pues que se ponga!
-¿Oiga, es el enemigo? No...¡Pues que se ponga!
Una cosa no quita a la otra.
sábado, 13 de diciembre de 2014
Problemas
Los problemas surgen como los peces abisales: de la nada, feos, de todos los tamaños, y son impredecibles. Los problemas son de distinta digestión dependiendo de su naturaleza. La cartografía de los problemas es un mapa irresoluble. No se detectan en los análisis de sangre pero, sin embargo, sí dejan rastro en los balances de contabilidad.
Los problemas forman parte del paisaje. Son incógnitas. Dilemas. Nos enfrentan a nuestros miedos y echan un pulso continuo a nuestras capacidades. Son juguetones, provocadores, puñeteros, y cuando los conseguimos difuminar, empequeñecer, y dominar, pasan a ser historia, y luego olvido, y después nada.
No hay mal que cien años dure, si bien es cierto que no hay cuerpo que lo resista. Los problemas son la clave de la evolución. Benditos problemas. Ante los grandes problemas surgen las grandes personas.
La vida es un problema desde el comienzo hasta el final. Nuestra vida accidental y accidentada es un problema en sí misma.
Los problemas son la sombra que nos persigue con ánimo de arrojarse contra nosotros a la primera de cambio.
Yo vivo feliz entre montañas de problemas porque eso me recuerda que soy humano, normal, y como otro cualquiera.
El mundo tiene problemas, los países tienen problemas, las empresas tienen problemas, las personas tenemos problemas. El miedo, la apatía, y el conformismo, son tres de sus principales aliados.
Lo único que nos diferencia a unos y otros es, precisamente, la capacidad de enfrentarnos a ellos.
La vida es todo aquello que nos acontece durante la búsqueda de soluciones entre problema y problema. Nada más y nada menos.
miércoles, 1 de octubre de 2014
Aníbal comía ternera
Anoche, en una reunión improvisada, delante de un generoso bocata de ternera con mayonesa y un tinto de verano para ayudarle a pasar, le explicaba a José Antonio que tenemos que plantearnos mucho mejor nuestras estrategias y que, una vez estudiadas a fondo, debemos de dotarlas del ritmo más adecuado para que surtan su efecto.
-Todo eso suena muy bien, pero no lo veo nada fácil -me dijo.
-En esta vida no hay nada fácil, y si algo es demasiado fácil es porque, en realidad, no merece la pena -le respondí.
Abusamos demasiado de las estrategias y las ideas que un día nos sirvieron, sin pensar que los tiempos y las situaciones cambian. Hace tan sólo unas décadas enviar un documento a América suponía una semana para que llegara y otra para recibir la respuesta. Ahora, a golpe de click, en décimas de segundo, tenemos el documento en New York y al rato tenemos la respuesta en nuestro buzón, pero no en el buzón de nuestra empresa o nuestra casa, sino en el buzón de nuestro ordenador. Y sin gastos. Y lo amplias. Y lo imprimes a color. Y lo reenvías a cien amigos. y los subes a Facebook.
Como te decía, José Antonio, creo que abusamos demasiado de lo mismo por pura comodidad. Entramos demasiado al choque. Vamos demasiado pronto hacia la confrontación. Trabajamos con ansiedad. Queremos vender la piel del zorro antes de cazarlo. La prisa no es un arma, José, es un contratiempo.
-No sé si te estoy entendiendo, Pepe.
Mira, José Antonio, nuestra ansiedad nos lleva a confrontar demasiado rápido. A ver como te lo explico. Hace algún tiempo me fascinó estudiar las estrategias que empleó el general cartaginés Aníbal, el cual puso en jaque al ejército romano y pasó a la historia de la estrategia militar. Te cuento:
Cuando los romanos esperaban un ataque cartaginés por el mar, Aníbal decidió bordear todo el Mediterráneo por tierra, recorrer toda la costa ibérica, toda la costa francesa, atravesar, con sus elefantes al frente, los Alpes, llegar a tierras italianas (antigua Roma) y darles la batalla por tierra a los romanos en su propia casa. Ya de por sí, esa primera estrategia era descabellada, y por descabellada nadie la esperaba. Aníbal negoció con todos los pueblos por los que iba pasando. Sé dotó del tiempo, los aliados, y los recursos necesarios. Se estudió muy bien las estrategias de las legiones romanas y les derrotó en numerosas batallas que, hasta el día de hoy, se estudian en las academias militares de los cinco continentes.
Aníbal no tenía prisa, pero tenía muy claro su plan.
-Pero, Pepe, perdona que te interrumpa, no entiendo como encajar toda esa historia con el trabajo comercial que yo realizo -me dijo.
-Déjame acabar, José -le pedí.
Aníbal, consciente de sus limitaciones, inventó el ataque por los flancos para terminar acorralando al grueso de las tropas romanas, en una acción "envolvente" que a pesar de su simplicidad, vista dos mil doscientos años después, era toda un innovación militar. Rehuir el choque, replegarse en el centro, abrir las tropas por los flancos, y acorralar al enemigo taponando su huida. ¿Lo ves o no los ves ahora, José Antonio?
-¿Quieres decir que voy directamente a por el cliente de una manera precipitada? -reflexionó.
-Nos pasa a veces, José Antonio. Tenemos necesidades, yo lo entiendo. Tenemos ansiedad de vender, de solucionar nuestro problema, de cumplir nuestros objetivos, sin pararnos a pensar en las auténticas necesidades del cliente y en sus ritmos. Sí en lugar de ir tan deprisa, y al choque, fuéramos conquistando metro a metro todos sus flancos, tomando posiciones, conociendo mucho mejor sus necesidades y planteándonos detenidamente cuales son nuestras mejores respuestas, la victoria en la batalla final estaría a nuestro alcance. ¿Me entiendes ahora mejor? -le pregunté.
-¿Crees que voy demasiado deprisa, es eso, verdad? -me dijo confundido.
-Nos ha pasado a todos alguna vez, José Antonio. No veas mis comentarios como una crítica hacia tu trabajo, tómalos como una reflexión. Tu valentía, ya dice mucho de ti. Pero la fuerza sin control, no sirve de mucho, José. Tu valentía y tu fuerza serán más eficaces de la mano de una buena estrategia. Debemos de utilizar más la cabeza y menos la fuerza bruta.
Seamos sutiles y sigilosos. La verdadera batalla de la vida se gana sin hacer ruido. Cambiemos inteligencia por visceralidad. Propuesta-Respuesta.
Eso es lo que esperan tus clientes de ti: ¡Propuestas!
Así que: propón, analiza, planifica, controla, ejecuta y reflexiona sobre lo conseguido. Lo que consigas, José Antonio, es la respuesta. Buena o mala, depende de ti.
Huye de la improvisación y abraza el método. ¿Quieres un café, José Antonio?
-No Pepe, mejor tomaré una tila.
-No te agobies, José Antonio. Por cierto, ¿alguna vez te has subido a un elefante?
-No, pero debe ser emocionante -me dijo.
-Menudo personaje debió ser ese Aníbal.
-Ni que lo digas, Pepe.
sábado, 19 de julio de 2014
El recio y el flaco
Cuando aquellos dos viejos amigos se bajaron del coche las sensaciones que percibieron uno y otro fueron bien distintas:
El flaco:
-¿Y qué es lo que decías que había que ver en este pueblo?
-El recio:
-Nada, tan sólo lo que queda de él. ¿Te das cuenta del valle tan precioso que lo rodea? Lástima que lo estén expoliando de ese modo. Mira allí, de esa casa ya han arrancado hasta los marcos de las ventanas. Aquella de allí la han dejado sin tejas. Yo creo que hasta los cuatro o cinco ancianos que aún no han decidido marcharse de aquí corren demasiado peligro.
-El flaco:
Yo creo que aquí ya no hay nada que hacer. Además, esta aldea está muy alejada de la carretera nacional. Es una isla en medio de la nada.
-El recio:
¿Y, en ese mundo de tensiones en el que hoy vivimos inmersos, no sería fabuloso poder venir a descansar unos días en medio de la nada, en un valle como este, donde el máximo incordio fueran sus cinco ancianitos con sus respectivos perros y gatos?
-El flaco:
Tú sabes bien que la gente quiere bullicio, irse a Benidorm, a Terra Mítica, a sitios de moda para decir que están a la moda y tomarse fotos y subirlas al Facebook para vender su felicidad a los cuatro vientos. Eso es lo que vende.
-El recio:
Ni tu ni yo tenemos dinero para montar un parque temático de cartón piedra. Eso está claro. Pero sí podríamos plantearnos vender todo lo contrario de lo que vende esa gente, con una inversión progresiva, que iríamos ampliando en función de los resultados que fuéramos obteniendo.
-El flaco:
Pero aquí cada casa tiene un propietario, nos perderíamos en negociaciones antes de tener la estructura mínima como para rentabilizar nuestra inversión.
-El recio:
En eso ya había pensado. En este sobre tengo los planos de un solar edificable en el que pondríamos el núcleo principal de los alojamientos. Luego, según se fuera desarrollando todo, comenzaríamos a negociar con los propietarios de las casas más cercanas que estén en venta.
He negociado con las autoridades la cesión del uso, a cambio de su rehabilitación y conservación, de las antiguas instalaciones del colegio. Allí haríamos cursos de cocina, repostería, aulas de arte, manualidades, etc. También tendremos unos terrenos para montar unas cuadras en las que podríamos tener caballos o burros. Los animales siempre son un reclamo para las familias con niños. Pondríamos una piscina, una pequeña pista de futbito, y con eso comenzaríamos el proyecto.
El flaco:
-¿En realidad crees que la gente vendría aquí a pasar un fin de semana?
El recio:
Eso dependerá de nosotros. Estoy seguro que si somos capaces de poner en valor todo el entorno de esta aldea, y creamos las infraestructuras mínimas para acogerlos como se merecen, sí que lo conseguiremos.
El flaco:
Resucitar una aldea como esta es un proyecto demasiado ambicioso. No sé si merecerá la pena tanto esfuerzo.
El recio:
¿Ahora, a tu edad, te da miedo el esfuerzo?
El flaco:
No, no es eso, no me confundas, es que soy duro para entender las cosas invisibles. Parece que tú las estés viendo ya, y yo, sin embargo, veo los negocios de una forma menos bucólica. Sí veo una tarta, yo sé que la podemos partir en ocho trozos, vendemos el trozo a dos euros y, si todo va bien, podemos conseguir dieciséis. Pero, en este caso, yo ni veo la tarta. A eso me refiero.
El recio:
Pues mira, en este otro sobre tengo las condiciones para conseguir un préstamo ICO y otro con las ayudas de los fondos FEDER de la Comunidad Europea. Creo que este pueblo aún tiene mucho que decir y que aportar a la sociedad.
El flaco:
¿Y qué es eso tan importante que tiene para aportar?
El recio:
El valor de lo auténtico.
El flaco:
¿Y tú crees que eso vende?
El recio:
En un mundo en el que la mayor parte de la gente hemos perdido la autenticidad, ¿no crees que nos apetezca, de vez en cuando, venir a recuperarla aunque sea por unos días?
-El flaco:
Sabes, llevamos más de veinte años haciendo negocios juntos y nunca me ha ido mal contigo. ¿Cuándo nos reunimos con el asesor?
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