jueves, 9 de diciembre de 2010

Dopaje a tutti pleni


España es un país de dopados y siempre lo ha sido. En mis años mozos, cuando mi vida consistía, a mucha honra, en poner tapas de tortilla y cafés con leche, ya me daba yo cuenta de que algo ocurría. Los albañiles a primerísima hora, antes de subirse al andamio, se tomaban un carajillo y una copa de brandy. Luego, a media mañana, un bocata de panceta con tomate y mahonesa, acompañado de un litro de cerveza. Los de Telefónica, antes de subirse al poste, se tomaban revueltos de vino viejo y anís. Los barrenderos, antes de salir con la escoba y empujar el carro, gustaban de tomarse una copa de ponche Caballero o de Cantueso Oro. Los maestros, un poco más refinados, se tomaban un té-whi, con mas güisqui que té. Los estudiantes por la noche, antes de irse a repasar sus apuntes, se tomaban un café doble con Coca-Cola. Las putas de la casa de citas, más comedidas, se dopaban con un café con leche y un bollo. Las peluqueras venían a llevarse los cafés con leche con brandy para que les cogiera mejor la permanente a sus clientas. Fue precisamente en esa peluquería, donde me di cuenta de que algo se salía de madre. No podía ser que todas las clientas, todas las tardes, se hicieran la permanente. Sospeché que las peluqueras estaban promoviendo el consumo de carajillos, no ya sólo para potenciar el efecto del permanentado, sino también como antidepresivo sin receta. Ellas se aliviaban en la peluquería con los bigudíes puestos hablando de Lady Di, mientras sus maridos lo hacían en la barra del bar o jugando al dominó hablando del último Barca-Madrid.
Comencé tristemente a entender que la vida no era perfecta y maravillosa como hasta ese momento creía. Que la mayoría de los adultos buscaban la manera de evadirse de su realidad o intentar aparentar lo que no eran.
La gente, en España, como en la mayoría de los países, intenta aliviar su mediocridad consumiendo todo tipo de sustancias, más o menos legales, para correr más o darle al marro durante diez horas seguidas, que también es de récord. Siempre me he cuestionado por qué se valorará más correr los cien metros lisos que hacer cien metros de zanja a pico y pala...
Por aquel entonces contaba yo la tierna edad de quince años y me fijaba mucho en esas cosas. El entrenador de mi equipo de fútbol nos daba un té calentito en el descanso del partido, al que le añadía unos polvos milagrosos con los que corríamos más que las balas. Aquellos polvos nos resultaban muy sospechos, pero qué le íbamos a hacer.
Recuerdo un día que al lateral derecho y mí, nos dio por espiar al entrenador para ver de dónde conseguía su codiciada mercancía. Le seguimos durante más de hora y media hasta que lo descubrimos. Al llegar al lugar donde había entrado, nos asomamos sigilosamente por encima de una tapia y pudimos ver allí, cargando la capaza, a varios ciclistas famosos, atletas, futbolistas, e incluso, a los enanos del bombero torero que días antes habían actuado en nuestra ciudad.
Como dos "paparazzis" tomamos clandestinamente esta foto.
Vivir para ver.

martes, 7 de diciembre de 2010

Aquella mañana en Veracruz


No es fácil. En muchas ocasiones cuando uno se encuentra a diez mil kilómetros de casa, acuciado por los problemas y las indecisiones, o te relajas tomándote unos tequilas o le da a uno por echar a correr por el malecón, o como a mí, agarras la computadora y te pones a desahogarte.

Llevo meses intentando sacar a la luz mi nuevo libro, repaso sus contenidos cada día, vuelvo loca a mi correctora y editora Beatriz Llamusí, los cambiaría todos, pero no serviría de mucho, son lo que son y nada más.

Aquel día de autos, no era un gran día, más bien todo lo contrario: era un día muy jodido, como muchos otros. Me movía como un gato encerrado dentro de la habitación, de aquí para allá, hasta el aburrimiento. Recuerdo que descorrí la cortina del cuarto y ante mí apareció el océano y esto de acá abajo, es lo que en aquel momento atiné a escribir:


Desde mi sillón


Hoy el viento está soplando muy fuerte en Boca del Río. Los cocoteros se mecen en un baile acompasado, como anunciando que el carnaval de Veracruz iniciará su andadura en pocos días.

Sin embargo, el cielo se ve gris, triste, desvaído. La meteorología tiene esas cosas. Es tan caprichosa como impredecible. Ayer el sol hermoseaba el malecón y la gente se bañaba en la alberca. Dos niñas gemelas corrían frenéticamente con su flotador en la cintura, entrando y saliendo del agua sin descanso posible. Los escasos turistas se tomaban fotos entre las buganvillas con un océano azul sereno al fondo, violado por el continuo ir y venir de cargueros de gran tonelaje rumbo al puerto.

Ver pasar los grandes barcos, casi por la línea del horizonte, te invade de nostalgia, como sucede cuando vemos pasar los trenes, con gente asomada a las ventanitas, a la que alcanzamos a ver un segundo y nos miran y se ríen y se van.

Yo estoy asomado a la ventana inmensa de mi habitación inmensa, frente a un océano inmenso. Hoy veo menos gente haciendo deporte sobre el malecón. Hoy los ricos, quizas por la lluvia, no han sacado sus helicópteros para ir a comprar el periódico, donde acaso leerán las últimas andanzas del señor del narco.

El clima condiciona todo. Nos hace rebajar nuestra arrogancia y nos pone los pies en la tierra. El viento, la lluvia, la nieve, las mareas, nos demuestran nuestra debilidad frente a la tierra que nos da la vida.

No somos tanto, tan sólo somos muchos.

El viento sopla incansable contra el ventanal inmenso de mi cuarto y yo tan solo, como un mero espectador, me asomo al mundo desde mi sillón.


Este pequeño relato, forma parte de mi nuevo libro "Momentos de ida y vuelta" que ya se puede adquirir desde cualquier parte del mundo por internet en la siguiente página:


Es un pequeño homenaje a todas aquellas personas que luchan, por todos los rincones del mundo, por sacar sus empresas adelante.

No me han dado el Turner




En esta mañana de asueto me he animado a hacer dos collages. Realmente los tenía en la cabeza revoloteando desde mi visita de trabajo a Praga. Allí, en una librería de segunda mano, compré algunas cosillas que luego uso para mis trabajos. Hacía algunos meses que no me ponía en la cosa plástica y ya añoraba a mis tijeras y mi pegamín. Este año tampoco me han dado el Turner, simplemente será porque no es mi turno... de todas formas, seguiré esperando como Ángela de la Cruz.


Estos dos collages es lo único que he parido hoy, no son gran cosa, pero a mí me encantan.


Espero que les gusten.


Por cierto, aprovecho para decir que vendo collages a cincuenta euros.


Ofertón: comprando uno, regalo otro. ¡Regala arte original esta Navidad!.


lunes, 6 de diciembre de 2010

Veo muertos


Ahora que toda España está divida entre los que creen en la médium inglesa de Telecinco y los que no, es el momento propicio para que declare públicamente que, desde bien pequeñito, veo muertos.
Veo y oigo muertos por todos lados, que ocupan un puesto, que comen, que deambulan, que defecan y que, haciéndose el muerto, incluso hasta llegan a morirse.
Recapitularé mejor para que se me entienda. Según mi teoría, hay vivos que viven como muertos, y al parecer, hay muertos que se hacen pasar por vivos. Mal enterrados es lo que están, como diría el sepulturero de mi pueblo.
De hecho, España tiene un cadáver como Presidente y una momia como líder de la oposición, por lo que el país entero esta de luto. La gran España, por unos y por otros, se ha convertido en un gran velorio.
El primer muerto que me encontré fue un hombre montado a caballo que se asomaba cada noche a mi cuarto antes de dormirme. Según escuché en alguna ocasión, a este también lo veía mi abuelo. El caballero me saludaba, el caballo relinchaba y salían al galope tendido poniendo pies en polvorosa. Luego, más adelante, veía cada noche a una señora jorobada. Al parecer, era una prima de mi abuela que siempre pasaba por el pasillo de la casa con un orinal en la mano, no decía nada, en vida siempre fue una mujer parca en palabras. El caso más reciente, lo vivo a menudo en el retrete de mi empresa cuando me encuentro apretando, veo a cuatro pequeñajos, que se burlan de mí gritándome: ¡cagón, cagón, cagón!.
No me da miedo, pero me resulta molesto saber que no tengo intimidad.
Cuando menos me lo espero, ¡zas! por allí asoman y, la verdad, me resulta muy molesto.
Ver muertos se ha puesto de moda. Nos han reventado con libros y películas de vampiros, de zombis, de muertos andarines y toda esa vaina. Todo esto no es fortuito, es una maniobra perfectamente orquestada para que, llevando nuestra atención hacia los muertos, no nos demos cuenta de la que nos está cayendo encima a los que seguimos vivos.
En la fotografía, les muestro a un grupo de legionarios romanos, a los que les ha dado, cada noche, por venir a sentarse a esa mesa. Se pegan unas comilonas de campeonato, de hecho, en la foto, como se puede apreciar, se están comiendo un jabalí asado con papas.
Esto de ver muertos es un lío.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Pastillas contra el dolor ajeno


Esta tarde he ido a una farmacia. No sé en qué iría yo pensando, que al llegar al mostrador le he pedido una viagra a la manceba. La chica, sorprendida, me ha preguntado de nuevo como haciéndose la despistada:

-Perdón, caballero, ¿qué me ha pedido?

-Un frasco de sal de frutas Eno, de naranja, si puede ser- le dije muy serio.

-Ahora mismo. Algo más necesita, dijo la chica de la bata impecable.

En ese preciso momento de la conversación es cuando me fijé en la cajita roja. El lema ya lo había escuchado en la radio o en la televisión. "Pastillas contra el dolor ajeno" una preciosa campaña de Médicos Sin Fronteras: http://www.pastillascontraeldolorajeno.com/

Por un euro colaboras en dar tratamiento a tres niños enfermos de malaria. He pensado en la cantidad de dinero absurdo que nos gastamos cada día y he confeccionado esta lista:

Con diez euros hay quien limpia el coche una vez a la semana, luego en ocasiones, esta gente es la misma que tira los botes de refresco por la ventanilla, o disimuladamente vacía el cenicero en el suelo del parking del centro comercial (suele coincidir también que la mayoría de estos limpiacoches de fin de semana, en su casa, no dan un palo al agua).

Con cuatro euros hay quien compra un paquete de tabaco, o incluso dos, cada día, pero en ese caso se gasta ocho eurazos. El único beneficio que se le conoce al tabaco, al margen de hacer ricos a los tabaqueros, es el beneficio que les produce a las industrias farmacéuticas y a las funerarias.

Hay quien se toma uno o dos cubatas al día, a razón de cinco o seis euros, vayan ustedes mismos haciendo la cuenta.

En comida para el perro al día pues otros dos o tres eurazos, dependiendo de la marca de las croquetas. En prensa deportiva otro eurazo al día. Unas cañitas con los amigos, pongamos que salimos a diez euros por barba.

En llamadas por el teléfono móvil para nada importante, nos gastamos una media mensual de diez o quince euros per cápita.

Así podría seguir, pero no quiero ofender más, ni aburrir, a mis escasísimos lectores. Lo único que quería demostrar es que colaborar en esta campaña está al alcance de todos, y más que una posibilidad, lo deberíamos de contemplar como una obligación.

Vaya desde aquí mi reconocimiento a esta gran organización.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Estado de alarma


¡Qué pesadilla! Cualquiera de los trescientos mil afectados por esta acción terrorista de los controladores, ni lo podría haber soñado antes de ayer.

¡Estado de Alarma en España! No es por el tiranosaurio que hay encima de ese edificio, no es por eso. Ni por un ataque extraterrestre. Ni resucitó Franco. Lo que ha ocurrido es que, dos mil ricachones con depresión, están poniendo en jaque a todo un país. Padecen traumas psicológicos por no saber dónde gastarse la pasta gansa que se llevan a la saca, por abusar, históricamente, de todos los gobiernos desde la transición.
Ahora salen voces alentándoles:¡Manda huevos! como reconociéndoles el gran mérito de luchar por sus derechos hasta las últimas consecuencias. Para algunos son unos héroes, para otros unos hijos de puta, como gritaban a coro cientos de personas en un aeropuerto en el informativo del mediodía.
Yo más bien creo que la crisis de ansiedad les viene provocada por las continuas bajadas de la Bolsa. La inseguridad de los mercados ha llevado a los controladores, en los últimos meses, a tener que poner a buen recaudo sus inversiones. Dicen que ha sido, para ellos, un quita y pon horrible. No sabían dónde invertir, y eso les ha debido generar muchísimo stress.
Es lógico, si yo ganase 300.000 eurillos anuales (o más) estaría más preocupado de cuidar mi lana que del tráfico aéreo.
El estado de alarma provocado por estos yuppies es de cárcel.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Me cago en los controladores


Miren que yo soy un hombre pacífico. Desde cuarto de primaria no le he vuelto a pegar a nadie, pero si agarro a un controlador le quitó las ganas de hacer huelga. Esta gente no tiene vergüenza, son unos terroristas que están amargándole la vida a cientos de miles de personas que tan sólo pretendían llegar a su casa o disfrutar de unos merecidos días de descanso.

Causarán millones de euros de pérdidas al sector turístico y una pérdida de confianza en otros millones que estén valorando venir a nuestro país en los próximos meses. Con la que nos está cayendo encima, con la crisis, es justo lo que nos faltaba.

Se habla que el Gobierno de España va a movilizar a los militares y poner el espacio aéreo español bajo su dirección.

Ojalá que el Fiscal General del Estado actúe de oficio y todos esos arrogantes magnates del cielo paguen muy cara su arrogancia.

Mientras que millones de españoles sufren para poder llegar a ser considerados mileuristas, estos impresentables ganan algunos cerca de 900.000 € al año (no es un error han leído bien).

Señores jueces: delen a estos personajes su merecido, los españoles no necesitamos a gente de esta calaña.

¡Me cago en los controladores!