jueves, 1 de julio de 2021
El niño héroe
Escribo a destajo, como si tuviera muchas cosas que decir. Lo hago pese a no saber. Compulsivamente. Alocadamente. Efusivamente. Aunque, en realidad, aprecio aún más la oralidad. El contar, incluso el cantar, que es lo mismo pero entonando cual jilguero con afonía. Contar historias con palabras almibaradas, bien colocaditas, intentando ordenar el caos con el que brotan mis discursos, o mis cuentos, o mis plegarias.
Me recuerdo de pequeño escribiendo mi primera historia en mi casa de Ronda de Levante. Yo tendría nueve añitos recién cumplidos. Escribía una historia bélica en la cual el primero de mis alter ego hacía las veces de héroe. Desde niño he tenido algo de Quijote, aunque con los años voy para Sancho Panza. Por lo de gordo y por lo de comedido. Casi 50 años después me sigo pareciendo a ese niño que escribía en la cama. Ese niño peinado a lo cazo que quería contar historias. Historias que nacían de mí o que volaban a mi alrededor para que yo las atrapara y les diera forma. He de reconocer que me gusta dar forma a las cosas.
Parecerá increible lo que les voy a desvelar, pero ese niño aún sigue escribiendo. Aún sueña con ser un héroe y poder dar forma a su propia deformidad.
jueves, 24 de junio de 2021
San Juan Cenutrio
Pónganse en situación. Suena un teléfono. Ring. Ring. Ring.
-Dígame.
-¡Eres un cenutrio!
-¿Quién es usted?
-¡Eres un cenutrio!
-¡Oiga usted, sin faltar!
-¡Eres un cenutrio! ¡Y te vas a enterar de lo que vale un peine!
-¡No tienes tú lo que hay que tener! Además, tengo su número de teléfono y le pienso denunciar.
-No llegarías ni a la comisaría...
-Pero...¿qué coñó quieres?
-¿Quién, yo?
-Sí, usted. ¿Qué es lo quiere de mi?
-¿Y yo que voy a querer, Juan, que me invites a dos cervezas que para algo hoy es tu santo.
-Pero qué santo ni qué niño muerto...¡Yo no me llamo Juan, me llamo Alberto!
-¡Ostras pues disculpe usted, Cenutrio! Habrá sido un error.
-¡Oiga sin faltar, que me cago en to´ lo que se menea!
Y ahí fue cuando colgó.
viernes, 18 de junio de 2021
Galeradas
A galeras a remar, dice la mítica canción de Manolo García. Yo, por fortuna, me autocondené a galeradas. Como soy novato en esto de la escritura, reconozco que no conocía ni el término. Galeradas son las pruebas que la imprenta manda a los autores para su revisión. Yo he corregido tantas que he aburrido a la editorial. El olor a tinta me ha cargado de dudas. Miedo escénico. Arrepentimiento súpino. Temblor de piernas... ¿Qué narices hago yo escribiendo una novela y encima de un tema tan controvertido?
Requiém por un guerrillero olvidado, mi primera novela, ya se asoma por el horizonte de mi esperanza. Espero reacciones a favor y en contra. Habrá quién lo considere la cagada de un novato. A otros les sonará a manifiesto político. Otros la verán como una historia de amor. Otros como un homenaje a la memoria histórica. Lo bueno de un libro es precisamente eso, la disparidad tan infinita de interpretaciones que puede llegar a generar.
Mis personajes ya se están maquillando y peinando para desfilar ante la atenta mirada de mis lectores.
¡Alea jacta est!, la sentencia está echada.
jueves, 3 de junio de 2021
El puto microchip
La enfermera ni me ha dado tiempo a reaccionar. -¡Ya está, caballero! -me ha dicho sin que me haya enterado absolutamente de nada. -Espérese ahí sentado unos quince minutos antes de marcharse. -¿Para qué? -le he preguntado. -¿Para ver si le pasa algo? -¿Y qué me va a pasar...? Y entonces he oído: ¡el siguiente, por favor!.
Tras el pinchazo, me he sentado en una silla de plástico y he empezado, ensimismado, a fijarme en las caras enmascaradas de las personas que habían a mi alrededor. Entonces ha sido cuando he sentido algo extraño. Todo me daba vueltas. Me ha dado calor. Luego frio. Uno de mis ojos, descontrolado, ha comenzado a guiñarse solo, y, como consecuencia, una mujer se ha ofendido. -No es lo que piensa señora, le he dicho para mi descargo -Es usted un grosero. Creo que ahí, tras la ofensa, es cuando he perdido el sentido. Y si lo he perdido es porque antes lo tenía. Después ha sido todo muy confuso. He notado algo extraño en mi brazo. Algo minúsculo, qué digo minúsculo, ¡microscópico! pero que se introducía en mis entrañas más entrañables. Y de pronto he pensado: ¡el puto microchip! De tal manera que he comenzado a gritar: ¡Saquenmé el puto microchip! ¡Saquenmé el puto microchip!
Tres enfermeros y un segurata se han avalanzado sobre mí y me han puesto otro pinchazo que me ha dejado más suave que un guante.
Como entenderán, la gran parte de lo que les estoy contando es mentira y la otra embuste, pero lo verdaderamente cierto es que ya, por fin, estoy vacunado. Aunque sea a medias porque aún me falta la segunda dosis.
jueves, 27 de mayo de 2021
La reflexión de las tortuguitas
A ver cómo les cuento yo lo que quiero contarles. Como todo sabemos, en la vida cuesta mucho mantenerse de pie. Hay gente que lo lleva peor, gente que lo lleva mejor, y gente que lo lleva como puede. Pero, como les decía, en la vida lo que cuesta es mantenerse de pie. Firme. Erguido. Cuesta encontrar un camino recto, si es que acaso ese tipo de caminos existieran, que nos lleve, de una manera apacible, hacia aquello que llamamos felicidad. Mantenerse de pie, abrirse camino en la vida, no es nada fácil. Quizás, nuestra educación, nuestra cultura o nuestra incultura, nos haya confundido un poco. Si tomamos como referencia a la naturaleza, a esa que pertenecemos y de la que dependemos plenamente, pero que muchas veces miramos por encima del hombro, como si nosotros fueramos los dioses del universo, nos daríamos cuenta de que una tortuga marina, en una playa, pone un centenar de huevos; y pone un centenar de huevos porque sabe perfectamente que de esas cien tortuguitas apenas el diez por ciento conseguirá superar el primer año de vida. Lo mismo que otros animales, por ejemplo el salmón, que recorre medio mundo para volver a desovar en el río en el que nació y poner miles de huevos. De esos huevos, tan solo un porcentaje muy pequeño llegarán a ser alevines, y de esos alevines muy pocos llegarán a ser salmones, y muchos menos aún regresarán al año siguiente al rio que nacieron para intentar que su especie siga existiendo. En la naturaleza todo es lucha y en nuestra vida, también. De hecho, si reflexionamos un poco sobre nuestra particular forma de reproducirnos observaremos las mismas pautas: millones de espermatozoides luchan encarecidamente por fecundar a un óvulo, todos corren como locos pero solo uno alcanza su objetivo. Después, no todo está conseguido, ese embrión ha de ser aceptado y encontrar cobijo y buena acogida en el ovario y continuar vivo durante nueve meses, y superar un parto que es el gran primer trauma que sufrimos en la vida. Y encima, al salir, nos dan un azote en el culo. En nosotros, como en la naturaleza, todo es lucha. Todo, absulutamente todo en la vida, es una lucha. Consciente o incosciente y de mayor o menor intensidad.
Sin embargo, en cierta medida, la cultura contemporánea nos hace pensar en lo contrario, que todo en la vida es fácil, que todo nos lo merecemos, que todo se puede conseguir a golpe de click. Y evidentemente eso nos genera frustración, más que nada porque es rotundamente falso.
Vivimos momentos de confusión, alejados de nuestra realidad, y sumidos en un mundo de ficción y de apariencia: "no importa tanto lo que en realidad soy como lo que aparento ser", en un intento de camuflaje camaleónico con el que intentamos pasar desapercividos para seguir viviendo.
En la vida, nos guste o no, todo es lucha. Así que si hoy te has levantado de la cama, te has vestido y has desayunado, y te has ido a trabajar, o a estudiar, o simplemente a darte un paseo por la montaña, ya eres un ser afortunado porque sigues en la lucha. No quiero terminar esta reflexión sin antes compartir, con mis escasos pero maravillosos lectores, un pequeño aforismo que escribí en días pasados para una formación de motivación que impartí en las Barrancas de Burujón (Toledo), y dice así: "El sol nunca calienta para quién no quiere su calor". Hoy quería contarles algo pero no sé si era esto en concreto o algo parecido.
martes, 11 de mayo de 2021
Tomadura de pelo
-Oiga, ¿tiene un minuto?
-Y dos.
-¿Qué piensa de la guerra?
-Las guerras son una puta mierda.
-¿Es usted pacifista?
-A morir.
-En caso de agresión: ¿pondría usted la otra mejilla?
-En caso de agresión mato como el que más.
-Entoces: ¿qué tipo de pacifista es usted?.
-A ver, soy pacifista mientras que no me toquen los cojones.
-Entonces no es usted un pacifista de libro.
-No, de libro no, yo soy de libreta. De libreta de bolsillo comprada en un chino.
-¿Y qué piensa de los chinos?
-Que son muchos.
-¿Solo eso?
-Me gusta mucho la comida china, aunque ahora me he tirado al sushi que mola más.
-¿Y de la comida tradicional española, es usted más de paella o de cocido?
-Sábado cocido y domingo paella.
-¿Qué opinión tiene de la ocupación rusa de la Peninsula de Crimea?
-No tengo opinión.
-¿Y de la ocupación del Sáhara por Marruecos?
-Ni idea. Creo que allí hace mucho calor.
-¿Este año la liga la gana el Barsa o el Atleti?
-Me molaría que la ganara el Simeone. Yo, como él, soy mucho de sufrir.
-¿Ha sufrido usted mucho?
-En la cárcel. Allí sufrí tres largos años.
-¿Por qué estuvo en la carcél?
-De albañil. Soy albañil y trabajé en la construcción de una prisión de alta seguridad.
-¿Y, en realidad, es tan segura como su nombre indica?
-Ya le digo yo a usted que no.
-Pues muchas gracias por colaborar con nuestra entrevista.
-No hay de qué. Por cierto, ¿para qué cadena trabajan ustedes?.
-Para ninguna... Nosotros es que estabamos aburridos y nos ha dado por tomarle el pelo a alguién...
-¿A mí?
-¡Claro! ¿A quién si no?
-Pero si soy calvo ¿cómo me van a tomar ustedes el pelo?
-¿Y un injerto capilar? ¿No le interesaría un injerto capilar a buen precio?
-No, hombre no. A mi ustedes no me van a tomar el pelo. ¡Anda la mierda!
lunes, 3 de mayo de 2021
¿Qué te parece, mayo?
Me gusta mayo. De hecho es el mes que dejaría en perpuetuidad. Pararía la tierra, la ataría con una cuerda para que dejara de dar vueltas, y haría del calendario un mayo sempiterno. Y es que mayo es mucho mayo. El invierno no me gusta, y el verano es un infierno; prefiero mayo: el mes de las flores, el mes de las madres, el mes en el que regresan los abejarucos...
Mayo: ¿cómo te podría convercer para que te quedes y no sigas tu camino? Si te quedas fijo, y dejas de dar vueltas y más vueltas serías año, serías siglo, ¡serías eterno! ¿No te molaría ser eterno, mayo de mis amores?
Fijate en la Luna, que siempre está ahí, mirándonos con cara de asustada, como si la hubieran colgado del infinito en contra de su voluntad. Pues así serías tú, mayo de mis amores. Un mes fijo, eterno, incapaz de ser tragado por un agujero negro. Invencible. Así te veo yo, Mayo.
¿Qué te parece, te quedas o te vas?
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