domingo, 21 de mayo de 2017

El cazador kazajo


Ibrahim nunca había aceptado el hecho de que su abuelo hubiese muerto el día antes de su nacimiento. De su abuelo heredó el nombre y la leyenda. Él nunca había sido Ibrahim como sus amigos del colegio habían disfrutado siempre siendo simplemente Omar, o Khan, o Mustafa, él siempre había sido el nieto de Ibrahim el Cazador, el Cazador, el Cazador... repetía mil veces en su cabeza como el recuerdo imborrable de una terrible pesadilla. Toda su vida, hasta ese momento, había girado en torno a la figura de su abuelo Ibrahim, héroe nacional de Kazajistán.
Al igual que la vida de su abuelo se había reducido a la hazaña de haber conseguido abatir al Leopardo de las Nieves que supuestamente se había merendado a más de una decena de personas en las montañas de Almaty, y cuya piel acabó como el regalo de estado que cambió el destino de su país; la de él se había reducido a ser el descendiente de ese fantasma que le había convertido, a él mismo, en otro fantasma sin identidad. La identidad de su abuelo muerto, hasta ese momento, había eclipsado de manera permanente a la suya.
Intentando quitarse de encima ese peso, Ibrahim se fue a estudiar medicina a Polonia. Allí se casó  y formó una familia al margen de su historia. Una familia liberada. Una familia que luchaba, como cualquier otra, por escribir su propia historia, sin héroes, sin condecoraciones, sin pleitesías, sin alabanzas, sin condolencias, sin rememoraciones oficiales ante ostentosos desfiles militares.
Ibrahim y su esposa polaca Anna vivían apaciblemente a las orillas del Vístula, ejercían ambos la medicina en un hospital público, y disfrutaban de su único hijo al que habían puesto de nombre Federico en honor del poeta español muerto a manos del gobierno fascista del General Franco.
En Varsovia, la vida transcurría en plena reconstrucción, en una especie de analogía en la que él se liberaba de su pasado mientras Varsovia lo hacía de su desdicha. Por aquel tiempo, las ciudades y las personas de media Europa no hacían otra cosa que luchar por reconstruirse, por reencontrar el camino por el que recobrar su pisoteada identidad y darle paz a sus muertos.
El ajedrez, la lectura, y un pequeño huerto en el que Ibrahim gustaba de cultivar sus propias verduras, eran las aficiones que acompañaban el devenir de una vida apacible que había conseguido dejar atrás la alargada sombra de su abuelo.
Pero toda esa tranquilidad cambió radicalmente el primer día de universidad de Federico. Uno de los profesores, que era kazajo, no tardó ni una hora en asociar el apellido de Federico con el del mítico héroe nacional cuyo certero disparo consiguió tantos privilegios para el demacrado gobierno de su país.
-Joven -le abordó el profesor en el pasillo a la salida de clase- ¿tú eres descendiente del gran Cazador Ibrahim Saldarkam?
-No señor, creo que usted se confunde -le respondió Federico, contrariado.
-¿Tu padre se llama Ibrahim? Me contaron que, hace años, se había marchado a estudiar a Polonia, pero desde entonces no he vuelto a saber más de él -le explicó el profesor.
-Le digo que no sé de qué me está usted hablando. Mi padre se llama Ibrahim, y es kazajo, pero no sé nada de la historia de ese cazador del que usted me habla. De ser así yo creo que mi padre me lo habría contado -le respondió Federico sin saber muy bien qué pensar de todo aquello que le contaba.
-Me sorprende que su padre no se sienta orgulloso de su abuelo, Dios lo tenga en su gloria de la misma manera que él trajo la gloria y restauró el orgullo de nuestro pueblo. Alá sabrá de las espurias razones de todo ese silencio y todo ese desprecio. Salam aleikum -se despidió el profesor mientras se alejaba por un pasillo cuya oscuridad se acrecentaba por momentos contagiando con ello la mente del joven Federico.
El camino de regreso a casa, ese fatídico día, a Federico se le hizo eterno. Sentía, bajo sus pies, como si la tierra hubiese parado de girar y todo alrededor hubiese perdido su significado. Al llegar, el padre disfrutaba relajadamente cuidando de su huerto como gustaba de hacer cada día después del trabajo. El clima era apacible. Los pájaros cantaban efusivamente como queriendo aprovechar al máximo cada minuto antes de la llegada del mal tiempo. Antes de las primeras nevadas.
Al ver Ibrahim acercarse a su hijo, pudo contemplar como su semblante estaba desfigurado, su tez pálida, y su mirada enrarecida.
-¿Te encuentras mal, Federico? -le preguntó el padre, mientras se limpiaba las manos en los pantalones.
-¿Por qué nunca me contaste lo de tu abuelo? -le recriminó, Federico, con severidad.
-¿Con quién has estado hablando? -le preguntó el padre visiblemente nervioso.
-¿Por qué, padre? ¿Por qué me has ocultado la historia de tu abuelo durante tanto tiempo? ¿Tan malo es sentirse orgulloso de tener un abuelo héroe nacional de su país? -le planteó Federico con lágrimas en los ojos.
-Vamos a casa hijo. Tenemos que hablar largo y tendido sobre todo eso.
Y pasando un brazo por encima del hombro de su hijo, rodeados por el verdor del huerto en el que aquel hombre plantaba sus sueños, le confesó a su hijo: tenía que habértelo contado antes. Tal vez mucho antes, pero nunca encontraba el momento.
Al llegar a casa, la madre les esperaba con la cena preparada. El hogar emanaba un delicioso olor a sopa zurek, una sopa capaz de resucitar a un muerto, como solía decir siempre Ibrahim, cada vez que Anna se la servía. Mientras cenaban no retomaron la conversación, tan sólo se trataron en ella temas cotidianos relacionados con el hospital, el clima, los progresos del huerto, o la recién estrenada condición de estudiante universitario del joven Federico.
Tras la cena, Ibrahim solicitó a su esposa que les sirviera el té junto al fuego.
El crepitar de las llamas, el olor a humo, los aromas que aún se escapaban de la cocina, junto al ruido que producía Anna mientras lavaba los platos, otorgaban a la escena un entrañable sabor hogareño.
-Mi padre me contó la verdad sobre la historia de mi abuelo, Federico. Mi padre nunca se lo perdonó. Por eso, y porque así lo quiso Dios, tú y yo estamos aquí hora, junto a tu madre, en Polonia. De no haber sido por él, ahora nuestra historia sería bien distinta.
-¿No le perdonó que matará a un leopardo asesino que tenía aterrados a todos los habitantes de las montañas de Almaty? -le preguntó el hijo sin comprender nada.
-Esa no es la verdadera historia, Ibrahim. La historia de mi abuelo fue diseñada por los poderosos, manejada por los poderosos, para entretener y manipular a la gente, para que no se supiera que el régimen estaba asesinando a los opositores, a todos valientes que alzaban su voz frente a las injusticias y los abusos del poder. Ese mítico leopardo devorador de hombres y mujeres eran, en realidad, un grupo de militares asesinos, pero alguna cabeza pensante del poder, coincidiendo con la visita de Stalin, pensó que la piel de ese hipotético leopardo, supuesto devorador de más de una decena de personas, sería el regalo perfecto para un hombre ansioso de poder y amante de la simbología.
-Sigo sin entender nada, padre -exclamó Federico con cierto nerviosismo.
-Mi abuelo Ibrahim fue un gran cazador. Sirvió al ejército en el cuerpo de fusileros y desde el primer día fue distinguido por las más altas condecoraciones por su destreza con el fusil. Al abandonar el ejército se ganó muy bien la vida como cazador de alimañas. La gente lo contrataba para proteger a su ganado y a sus propiedades cuando osos, lobos, zorros, o leopardos les amenazaban.
Los habitantes de los alrededores de Almaty lo admiraban por su abnegación y sacrificio; cuentan de él que era capaz de acechar a un leopardo durante toda una noche a treinta bajo cero, pero sobre todo la gente admiraba su gran destreza: era el mejor.
La primera visita de Stalin a Kazajistán representaba una oportunidad única para conseguir que el país consiguiera mayor relevancia en el nuevo escenario geoestratégico después de la Segunda Guerra Mundial y alguien pensó en nuestro abuelo para maquillar aquellos asesinatos que tan mala imagen estaban ofreciendo al exterior y presentarlo ante Stalin como un nuevo héroe kazajo, capaz de las más grandes hazañas, y de paso entregar al líder comunista la piel de tan feroz animal como presente, con el deseo del pueblo kazajo de enardecer su figura y fortalecer su poder.
Cuando vinieron a buscar a mi abuelo, mi padre tendría doce o trece años. Él escuchó toda la conversación desde su habitación. De hecho, el leopardo que usaron para el montaje ni tan siquiera lo cazó mi abuelo, lo cogieron del zoológico de la cuidad al día siguiente y le pegaron un tiro a bocajarro. Lo demás fue puro cuento. Fotos en la prensa. Homenajes. Medallas. Durante la visita de Stalin nuestro abuelo le ofreció la piel del mítico leopardo asesino, a la par que ofrecía la sumisión de todo nuestro pueblo al dictador ruso.
Mi abuelo, a cambio de medallas y prebendas, se dejó manejar como un títere, y en lugar de sentirse mal, se sentía orgulloso de ostentar un bochornoso papel de héroe de opereta.
Tu abuelo vivió toda su vida repudiando a su padre, y yo me vine a Polonia huyendo de aquella farsa de la que tu abuelo nunca se atrevió a escapar. ¿Lo entiendes ahora, Federico?
-Ahora ya lo entiendo todo, papá. En ocasiones, durante mi vida, descubría detalles de nuestra historia que no encajaban y ahora, de repente, todo ha encontrado su sitio -reconoció Federico.
-Hijo, como ya irás descubriendo, la historia está repleta de episodios novelados, adaptados al interés de quién los cuenta -le aclaró el padre.
-Nunca olvidaré tus palabras, papá, te lo aseguro.
Y diciendo esto, padre e hijo se fundieron en un afectuoso abrazo al que se sumo la madre que, desde hacía rato, escuchaba discretamente toda la conversación.

16 comentarios:

  1. Hacen de la historia lo que dicta el poderoso vencedor y quedan ocultos tantos hechos en que resulta que héroes, en realidad distaron mucho de serlo. Por lo menos en tu relato existía vergüenza y honor, pues hoy los hijos de sanguinarios, se sienten orgullosos y viven tan despreocupadamente en diferentes paraísos comprados.
    Pero tú... cada entrada escribes mucho mejor. Te admiro y te abrazo, Qué privilegio tengo tan grande de conocerte. Feliz domingo.

    ResponderEliminar
  2. Hace mucho tiempo entendí que la historia depende de quien la cuente, quizás porque en mi infancia me contaron muchas historias que luego resultaron de dudosa procedencia. Muy bueno!!!

    ResponderEliminar
  3. Olá, José
    Cada um tem uma visão dos factos e, como tal, descreve-os segundo a sua visão, o que nem sempre corresponde à realidade.
    Gostei muito do teu escrito!

    Gostaria de partilhar contigo a postagem que publiquei hoje, dia 21/05/17, no meu blog A CASA DA MARIQUINHAS/
    Desde já o meu “Bem hajas!”
    Beijinhos
    MARIAZITA / A CASA DA MARIQUINHAS

    PS – Desculpa o “copy & paste”

    ResponderEliminar
  4. vaya relato estupendo que ns has dejado!!
    Tiene toda una carga de emociones tremenda.
    Me recordó la película:"La caja de música",hstoria de un nazi,cuya hija abogada le denunció ,con dolor,pero tuvo que hacerlo.Como el padre de Federico,tenía que contárselo a su hijo
    Besucos

    ResponderEliminar
  5. La política siempre es lo mismo, tiene sus títeres,muy buen relato gracias!

    ResponderEliminar
  6. Precioso relato, no siempre venimos de donde creemos.

    ResponderEliminar
  7. El desarrollo de la historia y los sentimientos que se sienten en ella es sin duda según quien los narre.
    Explendida historia, te mantiene en vilo hasta el final

    Besos

    ResponderEliminar
  8. Eres un escritor. Has mantenido mi atención en todo momento y debo de felicitarte.

    Estamos rodeados de política hasta en la olla.

    Muy buén relato.

    ResponderEliminar
  9. Cuánta lógica en tu hermosa historia. Con razón se dice que la Historia siempre la cuentan los vencedores. Un abrazo.

    ResponderEliminar
  10. Muy buena historia, la leí toditaaaaaaaaaa!
    El vencedor siempre da su versión y por supuesto a su favor....

    Saludos jfb =)))

    ResponderEliminar
  11. Interesante relato, muy bien narrado.
    Saludos.

    ResponderEliminar
  12. Todas las historias de los países están cargadas de mentiras que hábilmente, sirven para el gobernante de turno. Muy buen relato. Te felicito. Lo leí con interés y gusto.

    Un gran abrazo.

    ResponderEliminar
  13. Excelente relato. Mi enhorabuena.

    Un abeazo

    ResponderEliminar
  14. Hola Jose , como bien dice Sara cuantas historias nos contaran , que no sean del todo reales para ensalzar a dicho héroe ,para que nunca llegué a saberse la verdad.
    Gracias por tú visita a mi blog y por tú cariñoso comentario , te deseo una feliz semana besos de flor .

    ResponderEliminar
  15. Excelente relato. La verdad, a veces, suele ser muy compleja.
    Salu2.

    ResponderEliminar