lunes, 13 de junio de 2011

Cuando me enamoro









El amor es algo maravilloso y enamorarse lo es aún más. Para que no haya malos entendidos, aclararé que no me he enamorado de ninguna otra mujer que no sea mi esposa. Lo que ocurre es que cada vez se repite más una reacción en mí: me enamoro de cada nueva ciudad que visito. Soy, por tanto, un turista facilón. Con poca cosa me conformo y con mucho también. Desde la más moderna hasta la más humilde. Por exceso o por defecto. Sólo les exijo autenticidad.
Cuando surge en mí el flechazo con una nueva urbe, espontáneamente fluye también, al unísono, una especie de musiquilla en mi mente. Una banda sonora que la acompañará, edulcorando así, mi turística experiencia.

En muchas ocasiones, la banda sonora la aportan los músicos callejeros, que, con más o menos precisión, interpretan temas conocidos por todos los públicos, consiguiendo, de ese modo, empatizar con los turistas y rascar alguna monedita con la que ganarse el sustento.

En Cracovia, han fluido hoy demasiadas bandas sonoras, lo que me ha provocado, si cabe, un mayor grado de enamoramiento que la semana pasada en Estrasburgo. Pero el enamoramiento por Estrasburgo aún perdura, al igual que me ocurrió con Praga, París, Atenas, Oporto o cientos de ciudades más. Lo que he observado es que cada ciudad tiene su propia música y su propio ritmo y, la diferencia de unas a otras, como decía Antoine de Saint-Exupéry (sobre lo esencial) en su libro "El Principito": "es invisible a los ojos", por eso: a unos nos atrapan unas más que otras. En la que unos vemos y oímos gloria, otros no ven ni oyen nada. El todo y la nada, por tanto, no está frente a nosotros, sino dentro de nosotros. Estar en el sitio más maravilloso del mundo, tener las mayores riquezas, o tener la mejor esposa del mundo puede que no sirva de nada a quien no mira ni siente con el corazón.

Cuando me enamoro es también una preciosa canción cantada, a dúo, por Enrique Iglesias y mi admirado Juan Luis Guerra. En Cracovia, mirando con los ojos del corazón, irremediablemente me he vuelto a enamorar. No lo he podido evitar.

sábado, 11 de junio de 2011

Ausencias





Ir y venir tiene eso: que no estás. Quizás queda atrás tu recuerdo, quizás se nos extraña, más o menos, y así, de ese modo, va pasando, incansablemente el tiempo. En ese trasiego vamos dejando tras nosotros mucha ropa sucia para lavar y planchar, cosas pendientes de hacer, besos que dejamos de dar, tartas que dejamos de soplar, compañías, sonrisas y presencias que dejamos de brindar y que no sabemos, en el futuro, cómo ni cuándo, nos pasarán la factura. Pero los que somos, por decisión propia o impuesta por las situaciones: padres ausentes, maridos ausentes, amigos ausentes, hijos ausentes, también sufrimos las ausencias sintiéndonos solos incluso cuando estamos rodeados de multitudes, que sonríen, que disfrutan, que sueñan, que vibran o que lloran. Ese ir y venir nos transforma en continuos espectadores de un teatro de realidades que, a cada momento, se representa, gratis y fidedignamente, ante nosotros.

Observar se nos convierte en algo así como un modo de vida, un modus operandi que adquirimos, sin saber por qué, y que termina por abducirnos y someternos en una especie de empatía incontrolable.
Convertidos en espectadores a perpetuidad, surcamos los cielos y los mares, vamos de estación en estación, de hotel mejor a hotel peor, arrastrando nuestra ausencia, cuando los demás ven en nosotros la presencia. Vivimos una misteriosa dualidad entre estar presente para algunos y estar ausente para otros.
Y ese desconcierto, o termina por desubicarnos y vencernos, o nos engrandece de tal modo que, cada país nos parece maravilloso, cada situación y cada inconveniente nos hace más fuertes, y nuestra realidad, ausente o presente, nos hace sentirnos unos seres muy afortunados.
No es lo mismo ser que estar. ¿O quizás sí?
Dejo así esta reflexión. Me tengo que ir. Ya me esperan en Lublin.

miércoles, 8 de junio de 2011

Ryanair y el placer de volar










Tengo que reconocer que el hecho de elegir volar a Baden Baden en Ryanair, a parte de para ahorrarme una lana, escondía mi verdadera intención, que no era otra que encontrarme con las eróticas azafatas de su calendario anual.
Pero, no sé si me equivoqué de vuelo, o si ese día me levanté con el pie izquierdo, pero las azafatas de aquel puto avión no se parecían en nada a las del calendario. De hecho, de salir ellas fotografiadas en un calendario, se pondría punto y final a este hortera método de marketing y hasta la Iglesia pondría en tela de juicio la idoneidad de seguir editando el tradicional Almanaque Zaragozano.
Al poco de acomodarnos, comenzaron a intentar vendernos de todo, desde tabaco, perfumes, bocadillos, refrescos, loterías, etc, etc. Entre todo ese trasiego, mi becario agarró un rico sueño que le llevó a arrimar el morro al asiento de adelante y se quedo frito, del tirón, en esa postura tan acrobática que se puede apreciar en la fotografía. (No piensen mal: no se está chupando el dedo)
Lo bueno de mi fiel Maxime es que no ronca. Tiene muy buen karma este chaval, que a parte de estudiar Dirección de empresa, habla francés, inglés, alemán y español, y en esos cuatro idiomas puede cantar, melodiosamente, la famosa canción de "La hija del Beduino".
Para que luego hablen mal de la juventud...


sábado, 4 de junio de 2011

La isla de La Palma











La vida tiene esas cosas: hoy te mueres tú, mañana me toca la lotería a mí... Es impredecible. Tan impredecible como que, tonto de mí, ya pensaba que ningún lugar del mundo me podría sorprender. Tanto viajar por ese planeta azul tan maravilloso, pensaba que me habría afectado a mi capacidad de sorprenderme, pero la isla de La Palma me ha demostrado que no, que aún me queda mucho por ver y muchas sorpresas que llevarme...

Enumerar aquí sus grandezas paisajísticas, ecológicas y gastronómicas sería volver a repetir lo que en infinidad de libros, web y blogs ustedes pueden encontrar. Lo que yo me traigo, aparte de tierra volcánica para mi hermoso drago canario (que me costó una pasta) y tres plantas crasas, que abundan por doquier, para plantarlas a su alrededor y que no se sienta tan desarraigado, es una recarga de emociones para mi descargada batería personal.

Sensaciones, quizás amplificadas por haber disfrutado de estas minivacaciones en temporada baja, sin tumultos, ni guiris mutando a gamba roja, ni cientos de niños fastidiando con la pelota, ni macarras de playa, ni toda esa fauna que surge de debajo de las piedras cada verano y que luego migran y desaparecen para regocijo de los lugareños.

Yo soy de personas. En los viajes las busco más que a los edificios emblemáticos o el paisaje de la postal de dos a un euro.

En este viaje quiero destacar a dos personas. Esas dos personas, a parte de formar una pareja, son todo el equipo de un restaurante que, sin pretenderlo, se encuentra entre los más pequeños del mundo, aunque sin obsesión alguna por figurar en el récord Guiness. Me estoy refiriendo al Restaurante Enriclai, cuya lema lo dice todo: "Le servimos con amor".

¡Joder, era verdad, no era sólo marketing! Te sirven con amor, te reciben con amor, te cocinan con amor, te sientes mimado y afortunado de haberte dejado setenta euros, porque bajas las escaleras levitando.

En verdad, como todo el mundo sabe, la isla es maravillosa, pero el Restaurante Enriclai se llevó "La Palma".

No se lo pierdan.

domingo, 29 de mayo de 2011

Colombia, vida, lucha y esperanza





Kathy es una profesora colombiana que ama a su país con todas sus fuerzas. Se entrega a él con su trabajo diario, intentando inculcar, en cada alumno, el orgullo de ser colombiano y lucha por dibujar en sus mentes el futuro de una Colombia mejor.
Al parecer, este año, ha organizado un baile con sus alumnas -a las que adora como si fueran sus propias hijas- un baile típico colombiano, como no podía ser de otro modo.
Viendo el vídeo, que ha colgado en YouTube, no he podido dejar de fijarme en las caras de esas lindas jovencitas y he apreciado en ellas la pureza de sus sonrisas y la esperanza de sus miradas.
Por sus comentarios en la entrada anterior, que dediqué al pintor colombiano Willy Ramos, algo me dice que le toqué, malamente, la fibra patriota. Algo de mis comentarios no llegó a cuadrarle demasiado. No fue mi intención hablar mal de Colombia ni de los colombianos. Todo lo contrario. Para mí, Colombia es un país admirable, que afortunadamente ya he visitado en dos ocasiones y por el que siento un profundo y enorme respeto.
Lo que es evidente y admirable para mí, es que Colombia cuente con maestras y maestros como Kathy, que se implican, en cuerpo y alma, por la educación de sus alumnos.
La cultura es lo más grande que un país puede legarle a sus hijos y Kathy lo sabe muy bien.



jueves, 26 de mayo de 2011

Caca de la vaca



Creo que alguien que, a una cadena de tiendas de ropa y complementos, tiene el atrevimiento de ponerle como nombre: Caca de la vaca, tiene lo mismo de valiente que de provocador. La verdad que las tiendas -yo he visto dos, una en Santa Cruz de la Palma y otra en los Llanos de Aridane, ambas en la Isla de La Palma- son atrevidas e innovadoras. No he podido dejar de imaginarme lo que yo vendería en una tienda con ese nombre y, mientras cenaba una triste crema de tomate y dos croquetas de jamón en una apacible terracita, eso sí, regadas con una jarrita de vino blanco de Fuencaliente, he realizado el inventario mental que paso a describir a continuación:



  • Regalos para suegras. (sin ánimo de ofender)


  • Regalos para despedidas de solteras.


  • Artículos de broma (incluyendo bombas fétidas y cacas de plástico)


  • Tendría una sección de compra-venta de regalos indeseables ( aquellos que te regalan y se te queda la cara de gilipollas o como si olieras a podrido)


  • Sección de alimentación especializada en productos envasados y pasados de fecha.


  • Ropa con defectos de fabricación.


  • Artículos de menaje y herramientas para zurdos.


  • Apartado de calzado sin pareja (no habría dos iguales)


  • Venta de ropa sado de segunda mano.


  • Sección de fotografías de pillados de famosillos casposos (las que no quiere ni la prensa rosa, ni la prensa amarilla, ni tan siquiera la prensa local), precio a convenir.


  • Sección de animales de compañía abandonados, tales como conejos de indias, monos titís, tortugas de dos cabezas, boas constrictor, peces rojos descoloridos, etc.


  • En librería tendríamos en oferta de liquidación: los programas electorales del PP y PSOE, las páginas amarillas de los años 90 al 2011 ambos inclusive, una versión del Quijote facsímil del año 1612, editada en Sevilla y toda la colección de Playboy desde su creación en el año 56 antes de Cristo (las hojas no están pegadas)

Además, en mi tienda Caca de la Vaca, no todo el mundo podría comprar, ni mucho menos, tan solo sería para asociados, los cuales podrían votar cada mes para proponer nuevas secciones o artículos que vinieran a renovar el catálogo.
La mía sí sería una tienda de mierda. Esta de La Palma no lo es.
Busco inversionistas para mi proyecto. Razón aquí.

domingo, 22 de mayo de 2011

Willy Ramos y el color






Estos días en el Centro de Arte Palacio Almudí de Murcia, se puede contemplar la exposición "Un mundo luminoso" del artista colombiano Willy Ramos, que va y viene, por estos lares, desde hace algunas décadas, formando parte de esos artistas que, pese a ser extranjeros, ya los consideramos como nuestros. Willy Ramos está y estará asociado siempre al color. Sus cuadros son explosiones cromáticas de apariencias infantiles, de formas florales, orgánicas, corporales, de siluetas de edificios y objetos cotidianos. Su obsesión por la utilización del color quizás tenga que ver tanto con sus orígenes como por sus referentes artísticos, entre los que, a bote pronto, yo destacaría, sin duda, a Matisse.
Observando sus cuadros esta mañana, junto a mi familia, mi cerebro, mecánicamente, ha asociado sus pinturas a la infinita gama cromática del Arco Iris, fenómeno éste que nos aporta la ilusión y la tranquilidad tras la caída de un tremendo aguacero. En Colombia llevan meses que no cesa la lluvia y las inundaciones llevan en jaque a casi todo el país. Mientras, en otro orden de cosas, la guerrilla no entrega las armas, el narcotráfico campa a sus anchas y el pueblo emigra a Estados Unidos o Europa, en busca de su propio Arco Iris.
Willy Ramos representa todo eso. Sus vivos colores son, sin duda, la translación a los lienzos de sus propios sueños y su firme esperanza por una Colombia mejor.