miércoles, 13 de julio de 2011

El Palmera de La Mancha




En un lugar de La Mancha cuyo nombre ni quiero oír pronunciar, no ha mucho tiempo que malvivía un tipo, tan alto y seco como una palmera, que se fumaba unos tremendos porros de hierba junto a su amigo Sánchez, más bajito y barrigón, pero igual de gandul e impresentable que él.

El Palmera de La Mancha, como le conocían en Tembleque, era un flipao que los tripis le habían dejado la chola como a Forrest Gump, pero a este, en cambio, no le dio por correr, sino por fumar, esnifar, tomar pastillas de colores y vivir de la pensión de sus padres a los que llevaba a maltraer.

Una noche que volvía, junto al Sánchez, en su Seat Ibiza tuneado, de rondar a una tal Dulcinea Huertas en una discoteca de Villarrobledo en la que ejercía de gogó, al pasar a la altura de Alcázar de San Juan, vio en lo alto de una loma unas luces que, probablemente, serían de alguna parejita regalándose mimos dentro del coche, pero que el Palmera interpretó como las luces de un ovni, de tal manera que, abandonando en un tris la autopista, se adentró en una pequeña carretera comarcal en dirección a las misteriosas luces que le habían encandilado.

Conforme se iban acercando vieron cómo las luces se reproducían en diferentes puntos, ya que, al parecer, no se trataba de una sola pareja, sino que ese lugar era, con toda seguridad, el picadero municipal.

Cuando el Palmera y el Sánchez llegaron arriba, se encontraron con unos enormes molinos. Probablemente por la explosiva combinación de los psicotrópicos y los cubatas de garrafón, el Palmera confundió los molinos de viento con los monstruosos Trasnformers de la película que vieran, los dos juntitos, el fin de semana pasado en un cine de verano de Ciudad Real.

-¡Sánchez, son los hijos de puta de los Trasnformers! Agárrate que voy a por ellos. Dijo el Palmera con los ojos fuera de las órbitas y más rojos que un pimiento morrón.

- ¡Qué dices Palmera, que tan sólo son molinos! -Dijo agobiado el Sánchez.

- ¡Qué hablas de molinos, Sánchez, debes de estar más ciego que Steve Wonder!

- ¡Tú sí que vas ciego, mamón! -Le dijo el Sánchez, temiéndose lo peor.

Efectivamente. No les dio tiempo a discutir más. El Palmera aceleró, agarró fuerte el volante y poniendo la música de Bon Jovi a toda pastilla se estrelló contra el molino-transformers, intentando, con ello, salvar al mundo de tal colosal amenaza de ferretería.

Lo único que consiguió salvar fue, en realidad, tres de sus dientes. Los demás se los dejó en el molino. Sánchez, que a pesar de gustarle mucho la farlopa había sido siempre un poco más coherente que el Palmera, tan sólo se hizo algunos rasguños al llevar puesto el cinturón de seguridad.

El Seat Ibiza quedó para la chatarra, y al molino lo repararon los chavales de la escuela taller, con una subvención de los fondos FEDER de la Comunidad Europea.

Así sucedió la historia del Palmera y el Sánchez. A pesar de ser ya dos cuarentones, todavía siguen sin trabajar. Se les ve deambular de aquí para allá, y a quien le pregunta por lo que pasó aquella noche en lo alto de la loma de Alcázar de San Juan, siempre le dice lo mismo: "Estaba aquello de ovnis hasta las trancas. Si no llegamos a embestirles, jugándonos la vida, se hubieran apoderado del pueblo, de toda Castilla La Mancha y hasta del mismísimo Madrid".

Hoy día, el Palmera y el Sánchez, para algunos héroes y para otros villanos, siguen siendo dos fumaos muy fumaos que intentaron salvar a la humanidad. Sé de muy buena tinta que el Palmera piensa que la gente es muy desagradecida: "Si lo llego a saber no los salvo. ¡Qué se jodan!" Se le ha escuchado decir en más de una ocasión.

Cómo ha cambiado la historia quinientos años después. Si Cervantes levantara la cabeza...

lunes, 11 de julio de 2011

El gran cumpleaños
















Había reservado la entrega doscientos de este blog para el cumpleaños de mi hija Yolanda, que ha cumplido la envidiable edad de dieciséis años.

Los dieciséis años son esa maravillosa edad donde uno no sabe muy bien si es aún niño o ya va siendo adulto. Es esa edad transitoria donde los amigos son más valiosos que los padres, donde todo te aburre menos estar con ellos, donde descubres la noche, donde te enamoras perdidamente como si se acabará el mundo mañana, y un listado infinito de sensaciones y realidades que sería muy largo y tedioso de describir, pero que todos los que hace algunos años -aunque sean muchos- que pasamos esa edad, recordamos perfectamente.

Como decía, mi hija, hasta este momento mi única hija, ha llegado a los dieciséis siendo la hija que cuando hablas de ella se te llena la boca de alegrías. A Yolanda en un fatídico sorteo, en el que no adquirió papeleta alguna, le tocó ser hija de padres separados, varapalo que le supuso la primera dificultad importante de la que yo me he sentido siempre responsable.

También he sido responsable, de las miles de horas que no he ejercido como padre, en las que estoy seguro que en muchas de ellas me habrá necesitado y no habrá contado con mi presencia, ni con mi apoyo, ni con mi consejo, ni con nada de lo que le debería haber aportado.

Soy por tanto un padre deficitario, un padre ausente, como me he descrito en algún escrito con anterioridad, pero un padre consciente de la grandísima hija que tiene, de su valía, de su responsabilidad y de todo lo que le ha aportado a su madre presente, y de cuya convivencia se ha tenido que nutrir, para contrarestar mi ausencia, en cierta medida injustificada.

Pero el pasado es pasado. Ahora el presente y el futuro es lo que verdaderamente debemos y tenemos que cambiar.

La fiesta de ayer, que celebramos en casa con un aguerrido número de amigos y amigas, más que una fiesta de cumpleaños al uso, fue toda una demostración de deportes acuáticos, comenzando por los saltos en todas sus modalidades, buceo, waterpolo y natación sincronizada, como se puede apreciar en la fotografía.

Entre baño y baño, nos comimos las pizzas, soplamos la tarta y cantamos el cumpleaños feliz.

Ellos lo pasaron genial. Yo me sentí enormemente orgulloso y afortunado.

¡Feliz cumpleaños Yolanda! ¡Qué cumplas más que Matusalén!

viernes, 8 de julio de 2011

Veranos playeros de ayer y de hoy








Los veranos son la hostia. Lo mejor de todo el año con diferencia. En ellos resurgimos de nuestras cenizas para achicharrarnos a pie de playa sin miedo alguno al melanoma. Después de varias horas de caravana en la autopista y una multa por exceso de velocidad, llegamos a la playa, colocamos la sombrilla, nos esclafamos en la silleta y ¡hala!: a ver a las mozas pasar. ¡Qué maravilla! Lo malo es el dolor de cuello que se nos coge y lo peor: cada vez que nos acordamos de la cara del guardia civil que nos clavó la puñetera sanción.

Se sabe de varios casos de cincuentones que, abducidos por grupos de jóvenes bañistas en topless, han desaparecido en las playas en inexplicables circunstancias sin dejar rastro alguno. También se han ocultado a la prensa varios casos de padres que, haciendo enormes castillos en la arena, se han perdido adentro y no han vuelto a salir, para desesperación de los familiares que les esperaban afuera achicharrándose a pleno sol.

Otra de las maravillas de esta época son los niños con las pelotas y los jóvenes con las palas, de tal manera que, de algún pelotazo no nos salva ni la Virgen del Carmen, que, como todo el mundo sabe, es la virgen más veraniega del santoral.

Difícil será, también, que nos libremos de los picotazos de los mosquitos, de las avispas o de las medusas, por lo que es muy recomendable que vayamos, en todo momento, pertrechados con un buen botiquín, más si cabe si fueramos acompañados de niños, en cuyo caso, no debemos tampoco de olvidar las pastillas para el mareo y la diarrea, así como desinfectante tipo Betadine, algodón y tiritas.

Quemarnos nos quemaremos, por lo que deberemos llevar un buen after sun -preferiblemente de la marca Tahe- en cantidades industriales.

Beberemos ríos de cerveza, de sangría y de tinto de verano. Comeremos paellas de mierda que nos sabrán a gloria. Sardinas a la plancha a tutiplén. Calamares a la romana que serán pota. Jugaremos al dominó, a las cartas y al parchís con partidas a veinte céntimos y a cinco el mate. Cuando nos coman una ficha deberán de contarse veinte y lo más jodido vendrá cuando estemos a palo de cuatro para meter la última ficha y venga la cabrona de la cuñada de turno y te la coma (la ficha). Ahí comienzan, de verdad, los conflictos familiares. Las cuñadas se chillan o se tiran de los pelos, los sobrinitos lloran, se recogen las cosas deprisa y corriendo y tras dar un portazo la mitad de la familia pone pies en polvorosa.

Pero, como iba diciendo, el verano es, sin lugar a dudas, la mejor estación del año. ¿Acaso hay alguien que lo ponga en duda? Y eso sin hablar de las suegras ni de la canción del verano... Mejor lo dejamos para otra ocasión que, ahora, voy a bañarme. Pum, catapum, chimpun. Como me gusta el verano...


lunes, 4 de julio de 2011

Formando líderes









Continuando con mi periplo educativo en torno al liderazgo, me ha tocado trabajarlo, en esta ocasión, con mis colaboradores más directos: mis jefes de equipo.

En sus manos y en su actitud, más que en su aptitud, que ya está sobradamente demostrada, reside el futuro de nuestro gran proyecto profesional. Un equipo comercial de más de cincuenta personas que funcione y se desarrolle necesita trabajarse con una política comercial y de empresa basada en la cultura, la inteligencia emocional y la optimización de su gestión.

La productividad en un equipo comercial va muy ligada a la motivación y la implicación de todos sus miembros, herramientas estas imprescindibles en momentos donde los mercados evidencian grandes síntomas de incertidumbre.

Mis jefes de equipo comprendieron el valor de replantearnos, con creatividad, nuestros sistemas, la necesidad de aumentar nuestro nivel de autoexigencia y seguir apostando por colaborar con todos y cada uno de nuestros clientes, aportándoles el asesoramiento y la motivación que tanto necesitan, en este momento, para retomar su desarrollo y su crecimiento.

Tras celebrar los resultados del primer semestre, que serían la envidia de cualquier multinacional, nos emocionamos con las intervenciones particulares que evidenciaron el alto nivel de implicación de todos los asistentes.

Con gente como vosotros, cualquier reto se puede lograr.

Demostrasteis, sobradamente, madera de líderes.

domingo, 3 de julio de 2011

¡Vuela pajarillo, vuela!






Seguramente viendo esta foto sentiremos aprehensión y odiaremos con todas nuestras fuerzas a las hormigas. Sin embargo, cuando nosotros nos comemos el pollo asado no nos sentimos tan rabiosos, al contrario, disfrutamos a más no poder.

La naturaleza no tiene sentimientos. El pez grande se come al chico. Las hormigas, como se aprecia en la fotografía, actúan como auténticas necrófagas. Posiblemente el pollito se cayó del nido y si no murió del golpe murió de deshidratación. Aunque hay algunas especies, como los cucos, que ponen sus huevos en los nidos de los gorriones, y cuando sale del huevo el pollo del cuco, que es como tres veces del tamaño de los pollos de gorrión, este los arroja del nido, sin ninguna lástima, y se hace el amo de la situación.

Por eso, en alguna ocasión habrán escuchado la frase de: ¡Qué cuco eres! refiriéndose a una persona que es muy avispada.

El pobre pollito no llegó a volar, bueno sí, del nido al suelo, pero sin control de su aerodinámica, como caería yo desde un cuarto piso.

Este encontronazo fortuito con el malogrado pollito me ha hecho recapacitar, mientras caminaba, sobre los niños que mueren, sobre los proyectos que no se logran o sobre lo indefensos que estamos ante la naturaleza. Cada vida que se trunca de forma traumática, aunque sea la de un pollito, nos puede afectar de manera incontrolable.

En ocasiones, cosas tan sensibles como el batir de las alas de una mariposa, puede terminar convertidas en un huracán al otro lado del globo terráqueo.

Habrá quién se lo crea y quién no, pero este pollito muerto, ha recobrado vida y protagonismo con esta foto y con este relato y, gracias a Internet, podrá sobrevolar a través de las ondas, como seguramente le hubiese gustado, por un sinfín de campos, de montañas y de países.

¡Vuela pajarillo, vuela!

sábado, 2 de julio de 2011

Collages recién hechos









Ya tenía ganas de agarrar las tijeras y el pegamento y darle rienda suelta a la imaginación. Hay días, como hoy, que la creatividad me sale a borbotones y otros en los que no hay manera de pegar ni un sello de correos.

La expresión plástica, como cualquier otra forma de expresión esta condicionada por el miedo. El miedo y la vergüenza al qué dirán no están presentes durante la infancia, por eso, los niños dibujan y dibujan sin parar.

A través del collage yo juego ricamente a ser niño, por lo que me dejo el miedo y la vergüenza en la mesilla de noche y me lo paso genial.

Ese pulpo sobre fondo amarillo y la ciudad ficción los he hecho hoy en un ratito.

¿No os animais a hacer uno?

viernes, 1 de julio de 2011

Diez mil visitas





Para algunos serán muchas, para otros serán poquitas, pero ya he conseguido las primeras diez mil visitas en este humilde blog. Nació como el que no quiere la cosa, casi sin saber para qué y, al final, con constancia y sacrificio lo he mantenido, hasta hoy, como cuaderno de bitácora. He pensado mucho si continuar con él o pegar el cerrojazo y he tomado la decisión de seguir hasta que me acompañen las ideas. Espero, por mi bien, que las ideas me acompañen durante mucho tiempo, que me queden muchos viajes por hacer y muchas emociones que sentir, ya que las emociones son realmente lo que me motiva a escribir.

Quiero mostrar mi agradecimiento a todos los lectores que lo han visitado, especialmente a todos aquellos que han dejado, en él, sus comentarios y sus reflexiones. Los visitantes son mayoritariamente españoles, seguidos de mexicanos, colombianos, peruanos, estadounidenses, argentinos, chilenos, franceses, polacos y costaricenses.

De manera muy especial quiero agradecer a mi editora y correctora Beatriz Llamusí, que es la responsable de que mi escritos estén más presentables y con menos faltas de ortografía. Mil gracias, Beatriz.


Las cinco entradas más visitadas han sido por este orden:


1º Bugarach y el fin del mundo.

2º Tengo un pene enorme.

3º Arco 2011.

4º El beso negro.

5º El Carnaval de Beniaján.


Esto evidencia que, el fin del mundo y el sexo, son, con diferencia, dos de los temas más rastreados en los buscadores de Internet. Se demuestra, de ese modo que las personas no queremos que llegue el fin del mundo para que podamos practicar mucho sexo.

Me hubiera gustado haber tenido ánimos para hablar menos de la crisis y haber dedicado más páginas al sexo, al humor, a las recetas de cocina, al senderismo o al arte contemporáneo, pero nos ha tocado navegar en el mar de la incertidumbre, con rumbo incierto y a golpes de timón y eso se ha reflejado en este blog.

Hoy me he encontrado con esta valla publicitaria "ocupada" por esta anónima obra de arte, lo que me ha evidenciado que no soy yo sólo quien sufre, en su faceta creativa, la influencia de la crisis. Este artista callejero ha sido capaz de expresarlo de manera magistral. La crisis nos esta marcando a todos, para lo bueno y para lo malo.