lunes, 28 de mayo de 2012

Días de hospital XXX



Creo que es la primera vez que escribo sobre mi madre estando a más de 9.000 kilómetros de ella. La imagino en su cama da UCI del Morales Meseguer mientras que yo estoy en el Hotel Real de Minas de León, en el mexicano estado de Guanajuato. Siempre, para todo, hay una primera vez.
Una jauría de adolescentes inunda la piscina. Pegan unos gritos tan tremendos que parece que están haciendo algún sacrificio ritual al estilo maya, aunque su inocente juego tan sólo consiste en ir arrojándose vestidos, unos a otros, a la piscina. Mis pies arden. Todo el día de pie en la Expo Inter Beauty me han dejado hecho una colilla. Me consuelo pensando en que el esfuerzo, por fin, va a merecer la pena y que las cosas, en México, van a mejorar. 
Mi madre sigue respirando mejor, pero, al parecer, no lo suficiente como para retirarle la traqueostomía. A veces come bien y otras no tiene apetito. Dice que no le saca sabor a las cosas. Ella siempre ha sido de sabores fuertes; por algo ostentó, durante décadas, el título nobiliario de Reina de La Sal.
Estos días mi hermano, que ha regresado de Edimburgo, está con mi madre y eso la hace feliz. Nos ha contado historias que recuerda de cuando se encontraba a mitad de camino entre este mundo y el otro. No tengo claro que sean del todo ciertas, pero yo las voy a relatar aquí por si sí, o por si no.
Cuenta como ella se encontraba en un pasillo oscuro en el que tan sólo podía avanzar. Notaba que le clavaban agujas por todo el cuerpo. Más adelante conseguía llegar a una gran estancia donde se encontró con dos grandes piscinas: una blanca nuclear y otra azul cielo. No sabía que hacer. Sentía miedo de regresar y de introducirse en cualquiera de las dos opciones. No la dejaban pasar, alguien, o algo, se lo impedían.
De esta historia no recuerda nada más.
En el siguiente sueño que nos contó aparece mi sobrina Zaida con una niña pequeña. Mi madre le pregunta a su nieta qué quién es la chiquitina y mi sobrina le responde que su nueva nieta.
Evidentemente, esa nueva nieta no existe. Quizás, en realidad, sea una indirecta hacia mí. Lleva mucho tiempo ilusionada con el hecho de que le haga de nuevo abuela, pero, por hache o por be, no encontramos el momento .
Sigo pensado, en la distancia, en lo duro que debe ser estar ingresado tanto tiempo en un hospital. Me pregunto cómo será tener el cuerpo secuestrado en una cama y la mente volando, incontrolada y convulsa, hacia el pasado y hacía el futuro. Lo difícil que debe ser conservar la fe, durante tanto tiempo, en los cuidadores. El miedo que se sentirá ante cada nuevo tratamiento o cada nueva manipulación. Cómo será el sentirte a merced del destino, o del acierto o del fracaso de los demás.
La psicología de los sanitarios y el apoyo que prestamos las familia son el único faro que conduce a los enfermos hacia la esperanza. La enfermedad es de las pocas cosas que nos humaniza cuando nos sentimos dioses. Del todo a la nada en cuestión de segundos. 
Mi madre sigue su lucha en el hospital, mientras yo, continúo con mi lucha en México. En el fondo somos dos afortunados. Que bonito es poder seguir luchando.

2 comentarios:

  1. HOLA JOSE TIENES TODA LA RAZÓN, TODO EL MUNDO ESTA EN UNA CONSTANTE LUCHA, UNOS POR SALUD Y OTROS POR MEJORAR SU SITUACIÓN ECONÓMICA,y PERSONAL; PERO TODOS LO HACEMOS EN LA LUCHA DIARIA DE NUESTRA VIDA Y ESA LUCHA NOS PERMITE SER MEJOR CADA DÍA, SIN OLVIDAR QUIENES SOMOS.

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  2. Pepe, a veces la vida nos pone serias dificultades, la forma en la que nos enfrentamos a ellas nos definen...

    Siempre has sabido despertar en nosotros las ilusiones, la capacidad de emprender y acometer los proyectos, gracias eres un ejemplo.

    Pedro de Loal

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